logotipo

img_google
"Recado de Escribir", de Santiago Delgado
Opiniones de actualidad y creaciones literarias
Acerca de
Santiago Delgado es Profesor de Literatura y escritor
 
Sánchez Bautista, poeta


Me llega por fin el libro que recoge la obra poética del escritor Francisco Sánchez Bautista, editada por la Real Academia Alfonso X el Sabio. En la misma sede la Academia me lo firma el autor, con quien coincido en sesión de fin de curso de la institución. El libro que recoge en portada todas las idem de los sucesivos libros del autor, es un grueso ejemplar bien encuadernado y con camisa, que supone el completo de todo aquello que editado ha sido hasta el momento, buena parte de ello en las mismas instancias académicas.
Francisco Javier Díez de Revenga prologa la edición, y resume de un plumazo enumerativo las cuatro etapas del autor: social, metafísica, ética y satírica. Así es, siempre que todo ello vaya, como va, enguantado por el toque poético, por la cadencia versal de metro y rima de talante clásico. Estamos, no se olvide, ante un poeta, no ante un antropólogo que se expresa en verso. Sin ninguna duda, Sánchez Bautista es uno de los cuatro o cinco grandes poetas que a España ha dado la Región de Murcia. Y, no nos cabe duda, más versos hay de Paco, en su poder y en el de otros, que todavía no han visto la luz. El tiempo nos irá diciendo.
Como homenaje a Paco, al poeta, les transcribo aquí uno de sus poemas, especialmente querido por mí. Se trata de una elegía a su perro, que murió en lastimosas condiciones, y que despertó en su amo hermosas reminiscencias clásicas. Aún recuerdo cuando lo escenificara yo, con motivo de un recital poético ofrecido en el Insituto donde yo prestaba servicio docente como Profesor de Literatura. Helo aquí:
MUERTE DE ARGOS (Elegía por un perro)
Enderezó las orejas y levantó la cabeza, pero la oscuridad de la muerte envolvió al perro Argos al volver a ver a Odisea tras veinte años de ausencia.(Homero. Odiseo. Canto XVII)
Tan fiel recordador bien merecidas / tuvo las tiernas lágrimas de Ulises. / Argos, un día fuerte y zalamero, /yacía entre basura, y su cansado /y dulce corazón no aguantó tanta / sorpresa súbita. Y sus ojos tristes / se le llenaron de la noble imagen / del lejano Odiseo. Y, así, ante / su único dios, fallece emocionado. // Igual tú, perro mío, que, herido a manos / violentas y alevosas, una noche / a casa regresaste moribundo. / Recuerdo la tristeza de tus ojos, / tierno animal caído. Advertías / mi presencia inminente; lo más leve / de mi voz celebrabas como halago, / dulce animal sumiso. Ahora crecen / sobre ti limoneros, yerbas locas; / y pequeños terrones se deshacen / sobre tus pobres y sufridos huesos. /Y el agua que lamías, ya se encumbra / sin que te abruces tú sobre su lámina / de azogada corriente. Silbo en vano, / (pues que tú no me sigues, tierno amigo) / y en vano tiro entre la espesa yerba / engañosos objetos a tu olfato. // Solo en la tarde, mientras piso a solas / el tedioso camino, te recuerdo / y pienso que si existe un paraíso / reservado a los fieles animales, / allí estarás sobre la yerba, alegre / y juguetón, como en tus mansos días, / cariñoso animal sacrificado.
Vale.

 
Comiendo nísperos


Es lo que estoy haciendo ahora mismo, comer nísperos, sentado frente al Ordenador, esperando que me caiga la breva del cielo, la breva del tema del artículo, digo.
-Las brevas y los nísperos, es que salen al mismo tiempo, maestro.
A mí, me gustan más los nísperos, con su piel dura por fuera y ácida por dentro, con esa suavidad de las semillas, tan característica, casi erótica para la lengua. Luego, muerdes la pulpa, que se trae un algo de caribeña color, y ya te has montado el gran teatro de la fruta estival de todos los años.
-Las cerezas, tampoco están mal, ¿eh?
Siento debilidad por las picotas, gorditas, lustrosas, y con su piel de sin igual lisura. Además, eso de que siempre vengan muchas juntas, bien con sus rabitos proverbialmente entrelazados, bien con nuestra mano pecadoramente llena, no deja nunca de dar mucho vicio, sí.
El ser humano, antes llamado hombre, a secas, debió inventar la lujuria observando y probando la fruta de Junio en latitudes como la nuestra.
-Como la nuestra, pero con agua, ¿no, jefe?
Sí, con agua. La fruta, lo que tiene es que si no hay agua, no se da, ni se conoce, ni nada, ni nada. En cambio, si hay sol y agua, aparece el melocotón de Cieza.
-Maestro, para decir Malacatón é Cieza hay que ponerse de pie.
Ya me pongo, ya me pongo. En pie, y con la boca hecha agua, rezumante saliva acogedora de la carnosidad jugosa y amielada del susodicho malacatón. Una gloria española, oiga.
Pienso que las frutas han sufrido una injusticia poética muy grave. Todo lo que se han llevado las flores de buena poesía y metáfora, deberían de haberlo compartido con las frutas. Ambas, frutas y flores, tienen el cromatismo que exigen los cánones de belleza. Luego, las flores aportan el perfume, que al afectar a un sentido más etéreo, consiguieron la excelencia en la calidad poética, que ya digo. En cambio, las frutas estivales, tal cual las que he glosado arriba, al entrar por el gusto, se hundieron en el abismo de la necesidad satisfecha, y los poetas descreyeron de sus cualidades para versificar. Ah, qué prejuicio, qué error… Por eso, durante siglos, las frutas apartadas fueron del plato de los versos mejores de la poesía universal. Tuvieron que conformarse con ser materia de bodegón. Los pintores sí que apreciaron su textura, sus brillos, sus formas, que les incitaron a descubrir sus esencias en lienzos y en otros formatos.
Y, bueno, ahora, junto al teclado, un poco más allá para que no derramaran el juguillo sobrante sobre la delicada electrónica del Ordenador, yacen unos cuantos huesos de nísperos. Como no creo en el azar, matemática inalcanzable, pero matemática al fin, leo que su perfecta disposición no otra cosa me quieren decir sino : Gracias por habernos hecho tema literario.
De nada. Vale.
 
ENTREVISTA CON JAVIER ORRICO
Javier Orrico es Catedrático de Lengua Castellana y Literatura, denominación que abomina -él piensa en Lengua y Literatura Españolas-, y periodista de opinión. Uno de sus temas recurrentes es la anatematización de las penúltimas corrientes pedagógicas, que, a su modo de ver, han causado un grave deterioro, docente y social, en la España de nuestro tiempo. Javier Orrico, que imparte clases en la Región de Murcia, acaba de publicar el libro “La Enseñanza Destruida”, en la madrileña editorial Huerga y Fierro.

¿Rabia o lucidez al escribir sobre la Enseñanza?

Hablemos de indignación, más que de rabia. A la rabia no hay que dejarla suelta, porque nos ciega. La indignación, por el contrario, nos da la fuerza para levantarnos contra lo que vemos, contra lo que, de no denunciarlo, nos deja sin dignidad. Yo no podía dejar de denunciar la planificada y sistemática destrucción de nuestra profesión sin envilecerme con ello, porque, además, esa destrucción ha sido el más totalitario y resentido ataque al proyecto ilustrado, al sueño de la redención de los humildes a través de la cultura, que se haya producido nunca en España. Ni en los momentos más negros de nuestra Historia se ha dado una operación de engaño masivo, encima vendida con tules ‘progresistas’, como esta conversión del saber en sucedáneo que una confabulación de ignorantes, ambiciosos, y tontos sin más, a la caza de miajicas, pusieron en marcha para hacerse con el poder educativo y extender la imbecilidad universal, tan conveniente para los poderosos y para sus lacayos, los poderosillos.

¿Hasta qué punto la LOGSE no ha hecho sino sancionar como oficiales hechos imparables como la extensión de la irresponsabilidad, falta de autoridad, etc.? ¿O es la LOGSE única y exclusivamente culpable?

Lo que la LOGSE socialista hizo fue, precisamente, acabar con la condición de valladar contra la incuria y la ignorancia que hasta entonces, y desde la Ilustración, se había intentado que fuera la enseñanza. Al menos entre los verdaderos progresistas –nada que ver con estos que ahora se dicen tal cosa-, los liberales, que sabían que para la nación de ciudadanos iguales y libres que soñaban era imprescindible la educación. Es decir, y ya en el siglo de las masas, la enseñanza ideal habría de ser la que impidiera a las masas serlo, es decir, la que ofreciera las máximas posibilidades para que quienes quisieran dejar de ser masa, para acceder a la condición de individuos libres, pudieran hacerlo. La LOGSE sancionó, y así lo teorizaban sus fundamentos ideológicos, el llamado Diseño Curricular Base –una verdadera antología de la psicotontería más desternillante-, la necesidad de que la educación se adaptara a la sociedad, es decir, que adiestrara en la buena conducción del carrito del pryca para llevar las pizzas hasta el televisor TFT donde se emiten las ‘Crónicas de mi hermano’. En fin, que en vez de ser la educación el arma para la mejora de la sociedad, se convertía en mera divulgación de los valores imperantes y promovidos por los verdaderos emperadores comerciales, adobado todo en una jerga hueca y pedaboba, y en una santurronería políticamente correcta que en lugar de construir ciudadanos, construye ovejas temerosas de abandonar el rebaño, meros consumidores de lo que se les dicta.


¿Son Alvaro Marchesi y César Coll los máximos gurús de la Pedagogía de la LOGSE?

César Coll anda ahora más retirado de la primera línea, igual hasta se ha dado cuenta del disparate que ayudó a levantar. Pero Marchesi, psicólogo evolutivo de efecto contrario, hacia el árbol del que nunca debimos bajarnos, sí sigue siendo el gurú socialista, y hasta se ha montado un divertidísima ‘Fundación para la modernización de España’ desde la que sigue expeliendo informes que demuestran que todo el mundo está equivocado -incluida la realidad- menos él. Es un sarcasmo, y encima lo dice en serio, el tío, que quien ha propiciado un retroceso histórico en el nivel de conocimientos de los jóvenes españoles, se haya hecho una fundación para la modernización, desde la que cobrará suculentos emolumentos por sus luminosos informes. ¡Qué cara más dura, odo!


¿Cuál es la verdadera igualdad de oportunidades: la pedagogía LOGSE o la pedagogía LOCE? ¿Escuela Comprensiva o Itinerarios, por qué?

Por supuesto, los itinerarios, porque enseñan lo que hoy les negamos: a elegir, a comprometerse con lo que se elige, a ser responsable y luchar por ello, a ser libres. El eje de la pedagogá LOGSE era justo lo contrario: la negación de la libertad, todos juntos por el camino único, un comunismo de la Srta. Pepis hasta los dieciséis años. Y después, indefensos, al capitalismo. A competir sin que nadie los haya preparado para ello. Por eso yo hubiera ido mucho más lejos que la moderadísima LOCE: un bachiller de seis años, desde los doce, y tras un examen de ingreso. Y una excelente alternativa más profesional, ahí sí, bien dotada económicamente, con las últimas tecnologías, las ratios más reducidas... En fin, con toda la inversión que no se necesitaría en un bachillerato para el que lo único imprescindible es ganas de trabajar y una pizarra.

Despliega tus ideas principales sobre cómo deberían ser los Centros de Formación Continua del Profesorado.

Yo los cerraría. O, todo lo contrario de lo que hoy son, haría de ellos claustros cerrados a la psicotontería, donde se volviera a hablar de literatura, de biología, de matemáticas, de arte, de música. Donde se expulsara a quien se atreviera a utilizar la palabra ‘estrategia’, siempre que no fuera para hablar de Clausewitz o del excelso Madrid. Donde los profesores volvieran a sentir la dignidad de su oficio y la necesidad de mantenerse al día en él. Donde se hablara de conocimientos, de sabiduría. Hoy en las salas de profesores sólo se oye hablar de si Buenafuente ha superado a Sardá o de si has enviado la amonestación o has realizado la adaptación curricular.

¿Eres un Profesor Quemado?

Creo que no. Sigo queriendo enseñar cada día que entro en mi aula. Sé que ya no soy profesor de Literatura, que la han dejado reducida a un simulacro, porque la quiebra cultural que el adocenamiento y la LOGSE han producido es irreversible. Lo que se ha perdido es el valor, la admiración hacia el arte y la creación, hacia el sufrimiento que implica. Hoy sólo se concibe el consumo, el entretenimiento, lo que saca hacia afuera, no lo que obliga a mirar hacia adentro. Esto, claro, con el margen de error de toda generalización, y con la fe en que hay hombres que siempre estarán por encima de las condiciones con las que quisieron anularlos. La LOGSE no creía en el ser humano, por eso no le daba libertad, no creía en sus posibilidades de superar sus condicionamientos. Pero yo sí. Y siento que todo lo que les enseño es útil, aunque sólo sea a preguntarse por las cosas. Intento hacerlos más fuertes, más dueños de su vida, más libres. Ahora soy maestro, lo que algunos maestros querían dejar de ser a toda costa.

¿Crees que saber Literatura salva de algo?

Completamente. Leer, haber aprendido a ligar los signos, a advertir el rostro verdadero de las palabras, que es lo que se aprende enseñando literatura, nos ha librado, como mínimo, del cretinismo a que los Marchesis quisieron reducirnos. La literatura nos reveló la inmensa vaciedad que ocultaba su jerga de brujos de pega. Estos tontainas no habían leído a Góngora.

Un deseo para el futuro.

Que dejen de estafarnos con los sindicatos ‘de clase’. Que haya elecciones sindicales diferenciadas por cuerpos. A ver si así nos pagan a todos, a los maestros de primaria que se han quedado en sus escuelas también, el escandaloso complemento que les están pagando por enseñar en la ESO a los maestros que se colaron en los institutos, y que se niega al resto de profesionales, de cuerpos superiores y más méritos, por hacer lo mismo. Pero, claro, los sindicatos que juegan a trabajadores en chándal, ‘sin clase’, los controlan estos maestros. Y si digo esto es, justamente, porque detrás de todas las teorías ‘benignas’ para la humanidad, del ‘progresismo’ de la escuela comprensiva, de todas esas leches con las que se cargaron la enseñanza pública, lo que se escondía era el puro medro, el complemento de destino. No de todos, claro, muchos se vieron forzados a marcharse a los institutos. Pero otros, sobre todo los más ‘revolucionarios e izquierdistas’, lo que buscaban era ascender sin mérito e igualarse en salario. Como dice un amigo mío, la envidia y el resentimiento son los verdaderos motores de la Historia.


 
Fin de curso académico: gracias, profesores


Nuestros profesores ya han empezado a oír eso tan simpático de:
-¿Qué?, ya de vacaciones…
Y ver en el rostro del amigo que lo dice esa sonrisa sardónica del que piensa que estamos viviendo a su costa. No se acostumbra uno, la verdad. Es acaso el más ínclito signo de la poca consistencia que tiene la reputación del docente en la sociedad. Por cierto, la campaña que hizo la Consejería, manifiestamente mejorable. No se sabía si se estaba promocionando la Formación Profesional o qué. No fue nada impactante, la verdad. Desde luego ese que nos dice lo de las vacaciones, no se ha enterado. El mensaje no pasaba en intensidad del de aquel cura que, no sabiendo qué decir en el sermón, atajó diciendo:
-En fin, hermanos, que hay que ser buenos.
Y concluyó apenas había empezado a hablar desde el púlpito. Pues eso, queridos padres y madres, que hay que respetar al docente, incluso cuando lo vemos de vacaciones. Yo aseguro que una hora con los actuales alumnos equivale a cuatro de trabajo con papeles, ordenador o visitas. Quien no haya hecho la prueba, no me discuta.
Por eso, no estaría mal que esta crónica fuese para mis compañeros de aula y disgusto, cercados triplemente por un alumnado enajenado del aprendizaje, por unos padres hostiles y por una administración educativa desamparante. Felices aquellos que desconocen alguno de estos frentes. O dos, o los tres por entero. De todo hay en la viña del señor, aunque la verdad es que abunda lo que más abunda, y sanseacabó.
Este curso empezó con la derogación de la LOCE y los barruntos de la LOE. Fuera itinerarios, para devolver al Estado la responsabilidad de la formación de la infancia y juventud, y bienvenida de nuevo la Enseñanza Comprensiva: café para todos. El saber es presentado de nuevo como sospechoso de fomentar elitismo antisocial, y el todos pasan de curso recupera ese igualitarismo tan peculiar, tan peculiar, que produce exactamente los efectos que decía combatir: degradar la Escuela Pública, que al carecer de ámbito de Excelencia es desechada por los padres avisados, y enaltecer la Concertada y la Privada, reductos obligados de dicha Excelencia, única clave forjadora de líderes, futuros empresarios y creadores en general. Todo por el dogma, nada por la praxis. Habrá que esperar que pase esta generación de ciegos izquierdistas, para esperar nuevos horizontes verdaderamente ocupados en la redención cultural e intelectual de la ciudadanía (ellos dirían el pueblo).
Y acabo, queridos compañeros de la Enseñanza en el Aula: muchas gracias por haber estado ahí, al pie del cañón, aguantando el retroceso, oliendo la pólvora, sudando el uniforme, aguantando a los oficiales de uniforme impoluto, limpio de tiza y tinta, rezando acaso para que los obuses enemigos, en forma de violencia escolar, denuncia anónima o detención policial… lo respeten a uno. Que no es poco. Vale.



 
Nueva novela de Pura Azorín


Termino, en dos tiradas pues fuime de viaje en el intermedio, la novela corta de la escritora yeclana Pura Azorín, titulada ‘El Camino del Aire’. Y la acabo con pena, no tanta por causa de la empatía con Violeta, la niña funambulista, siempre caminando por el alambre tenso de su vida de ignorado origen, como por seguir gozando de ese agridulce tono, acaso inherente al mundo del circo pobre, perfectamente descrito en su esencia más honda: la dulce amargura del fracaso. La Editora Regional acierta plenamente con la edición de esta novelita, arte literario puro, con calidad de página y hondura humana.
En un mundo misterioso y ciertamente hostil, la niña Violeta va descubriendo la vida, a través de los componentes de un circo ambulante, en el cambio de siglo anterior al recientemente pasado. Un mundo perfectamente documentado, pero al que no se le hace entrega de la principal credencial literaria, esto es, artística, del libro. Ese mundo perfectamente documentado del circo, pobre, lastimoso y terminal, que no es sino trasunto del mundo mismo para la adolescente huérfana que va en busca de su madre, de manera más espiritual que materialmente.
Sensaciones mixtas, sentimientos encontrados y difíciles de explorar y expresar, valoraciones personales de la experiencia, meditaciones al paso, vidas truncadas, geografía española y europea… van saliendo al encuentro de la niña Violeta, que va de carromato en carromato, viviendo una y otra vida, contada por sus ocupantes. Es imposible escapar al ambiente de la narradora, lúcido y triste, como haciéndonos ver la metáfora que somos todos de ese personaje. Todos somos Violeta, extraños en un mundo difícil, a menudo hostil, que escapa siempre a nuestras pesquisas, y a nuestra pobre ilusión de perseguir certidumbres. Certidumbres que, al cabo que las logramos, vemos cómo se disipan, pero no en un lago de calma y sosiego, como era esperable, sino en una nueva penumbra, la misma penumbra en la que llora Violeta, adulta ya, sin misterios que desvelar, aunque con toda una vida por arrastrar delante de ella.
Hay un deje fatalista, quizá existencialista, en el fondo, en el ímpetu creador de la narración. No podemos apiadarnos de Violeta, pero tampoco nos hacemos extraños a ella. La escritora la deja siempre en un plano objetivo, aunque muy detallado. Ha huido de la primera persona, y se refugia en una tercera omnisciente y demiúrgica, cambiante según el personaje que se halla frente a la niña, el enano Rocco, la giganta Lili o el Mago. Como la fatalidad veía a través de la mirada de Zoe, la escritora añade paisaje humano al cuento tan sólo, parece, para decirnos de nuestra desamparada condición. Ocurre que la belleza que logra, con el estilo, con las sensaciones, con los apuntes del costumbrismo circense, con los retratos certeros de los personajes… nos cautiva y seduce, logro ciertamente al margen de los objetivos canónicos del Existencialismo. Pura Azorín, muchas gracias. Vale.
 
Regnum Coeli


No sé por qué se han privado de llamar así, como en el título de mi crónica, a la película de Ridley Scott. Tendría mucha más prosapia, y se hubiera dado una lección de latinidad, tan necesaria, a la masa. Supongo que el marketing lo hubiera impedido. Una pena. Bueno, al grano. El film me ha entretenido, que es el único objetivo del Séptimo Arte hoy en día. La Épica la prefiero sacada de la tradición y no de ninguna otra parte, fabricada, además, en los departamentos sociológicos de las grandes corporaciones multinacionales. Hablo de la estulticia epicoide de La Guerra de las Galaxias, por ejemplo, aclaro.
El guión obedece a dos grandes determinantes de la narrativa fílmica del momento: aparatosidad y realismo virtual. Troya, la cosa de Brad Pitt era lo mismo. La realidad virtual es la sucesora legítima del cartón piedra. La Gran Jerusalén virtual que avistan los ejércitos de Saladino, para mí, no es algo esencialmente distinto de las grandes construcciones de carpintería de Espartaco o Cleopatra. En ambos casos me llega la bella mentira del arte fílmico; cada una en su época. No me seduce más, ni mucho menos, la multiplicación modular de la imagen por ordenador. Me seduce lo mismo, digo; no menos. En cuanto a la aparatosidad, en esta de Las Cruzadas, se ve, como en Troya, en el exceso de lucha, cuerpo a cuerpo y en panorámica, entre los contendientes. El significado profundo que a mí me llegaba mientras salpicaba la sangre por aquí y por allá, era el mismo que cuando veo una persecución de coches por las calles de San Francisco o por el desierto de Arizona: tremebundez y demasía. O sea, la obediencia estricta a una maniera, a un tópico fílmico sin el cual no hay credencial de modernidad en el entorno artístico este del cine.
Vamos con los personajes. Ahí, el espectador norteamericano no acepta novedades. Puede haber mezclas, pero los módulos de partida han de ser conocidos. Así, Reinaldo de Chatillon y Guy de Lusignan son Frank Nitti y Al Capone, casi calcados. Balian de Ibelin, el muchacho, es una mezcla de Tintín y Asterix, enviado como delegado mixto de Amnistía Internacional y Médicos sin Fronteras a Oriente Medio. Por cierto, allí adopta un doble perfil moral: por un lado es Mahatma Ghandi y por otro es Von Clausewitz, el estratega militar por antonomasia. Qué acronológica emoción cuando dice aquello de:
-Por la libertad y por el pueblo.
Parecía mismamente Danton o Marat cuando Francia en el 89 del settecento.
Sibila, la Reina Hermana, es Mata Hari en primer lugar y la perfecta casada luego. Una esquizofrenia difícil de aceptar aunque sea en consecutividad.
Balduino IV, el rey leproso, es trasunto innovado de Quasimodo, el jorobado de Notre Dame, de Victor Hugo: un corazón de oro en un cuerpo lamentable. Para qué aclarar que a Balduino IV lo sucedió Balduino V, hijo del primer matrimonio de Sibila, que no es ni mencionado en escena. Tampoco hay por qué aclarar que los Templarios no eran los malos de la película verdadera, como por no sé qué venganzas milenarias tratan de hacernos ver en el guión.
En fin, buena película, que no destroza mucho la historia, salvo en lo tocante a los tópicos de modernidad. Otro de los tales es hacernos creer que las catapultas lanzaban bombas incendiarias de napalm y de tnt, como ya había ocurrido en Gladiador. Pero al cine no se va, no se debe ir a aprender historia. ¿No? Vale.
 
100 años del Potenkim


Hace cien años ahora, el acorazado de la flota imperial rusa, bautizado con el nombre del mayor sinvergüenza de toda la historia de la Rusia zarista, el amante de Catalina II, Gregory Potenkim, se rebelaba en aguas del Mar Negro. La marinería, harta de ingerir comida agusanada y de soportar castigos tan crueles como caprichosos, ejecutó a los oficiales y puso rumbo al puerto de Odessa con el fin de enterrar al cabecilla de la rebelión contra el estado opresor en forma de disciplina inhumana que las ordenanzas navales imponían. Allí, la población los recibió como a héroes, y les aprovisionó de víveres. Pero el poder central no tardó en hacer su aparición. Las tropas militares encargadas de sofocar el intento de revolución centraron su lucha en la represión de los civiles que habían recibido y agasajado al barco. Fue, claro queda, un primer intento de liberación de la cochambre zarista.
Para muchos, tales hechos no son sino el motivo argumental de la que dicen una de las mejores películas de la Historia, y la escena del carrito de bebé rodando escaleras abajo del palacio masacrado por el plomo represivo de las tropas enviadas al efecto por la Reacción, una de las más memorables. Serguei Eisenstein fue el director del film, cuando tenía tan sólo 26 años, más o menos los mismos que tenía Orson Welles cuando Kane. También los mismos que cumplía Quevedo con su Buscón, si se me permite la digresión.
Creo importante rescatar a los hechos de esa jaula de oro que es el factor artístico que los han divulgado. En tiempos como los actuales en que lo principal es el envoltorio, el procedimiento, la forma, y no el fondo, el contenido o el significado, bien está recordar que no es el hecho narrado importante porque se haya hecho película de él, o novela u obra de teatro; sino por lo que significa en sí para la Historia del Ser Humano. El acorazado Potenkim se hizo famoso por significar la primera rebelión contra la mayor opresión, medievalista y criminal de Europa, la de los zares imperiales de Moscú. Sépase lo tal, y no se achaque su gloria al acierto de un guión o a la maestría de un director, cuyos méritos, indudables y no negados por esta crónica, pertenecen a otro registro.
Los marineros del Potenkim fueron héroes por actuar en defensa propia en una situación extrema, cuando ya habían agotado toda su paciencia de oprimidos. El eco y simpatía que tuvieron en Odessa extiende su hazaña a la población civil y nos hace ver y oír los primeros vagidos de un pueblo de ciudadanos que quiere enterrar su pasado, y doloroso presente, de súbditos. Hoy, a cien años en este Junio de 2005, bien está que algunos de mis lectores lancen un recuerdo solidario y admirativo por todos los que, en aquel entonces de hace un siglo, se aprestaron a dar su vida por la libertad, porque así lo había decidido el orden natural de las cosas, y no ningún guión previo diseñado por nadie. La heroicidad es siempre, debe ser siempre, natural, no programada. Como lo fue aquel Junio de 1905. Loor a los héroes. Vale.