El secreto de las mujeres
Cuentan que hubo un tal Tiresias en la antigua Grecia, que, además de ser adivino, tenía el don, o la desgracia, o ambas cosas a la vez, según viniera la cosa, de ser alternativa y sucesivamente hombre y mujer. Nunca las dos naturalezas a la par. Naturalmente, Tiresias no se privaba de practicar el sexo, ya fuera de una manera, ya fuera de otra. Tampoco es que criara fama de promiscuo o vicioso.
-O sea, una cosa normal, ¿no?, jefe.
Pues sí. El caso es que conocía los dos placeres. Nada se sabe del tercero. Por eso, y tenía que pasar, alguien le preguntó en cierta ocasión:
-¿Quién tiene más placer en el amor: el hombre o la mujer?
Tiresias, como si estuviera esperando la pregunta desde tiempo, respondió sin pestañear:
-La mujer, siete veces más.
El número siete para estas cosas de la diferenciación ha sido siempre mágico. La frase evangélica de “setenta veces siete”, para determinar el número de veces que hemos de perdonar al prójimo, tiene la misma tradición. Ser siete veces más que otra cosa es ser algo más, cualitativamente hablando, que esa cosa con la que se compara. Lo del Séptimo Cielo también va por ahí. ¿Entendido? O sea que el éxtasis masculino es una bazofia de éxtasis comparado con el de la mujer. Siempre según Tiresias, y siempre que creamos en su sinceridad. Nada se dice sobre si contestó a la pregunta siendo hombre o siendo mujer. Circunstancia importante.
Pero, bueno, no íbamos a eso. Seguimos con la historieta. Se enteró Juno, la esposa de Júpiter, algo así como la Reina-diosa consorte, e indignada porque Tiresias había revelado el secreto más íntimo de la mujer, lo dejó ciego. De las venganzas femeninas nos libre el destino, amén. Pero Júpiter intervino. No podía deshacer lo que había hecho su señora esposa, pero sí remediarlo en alguna medida. Y concedió a Tiresias el don de la adivinación. Como tal adivino sale en la Odisea.
-¿Y qué más, maestro?
Pues que Juno mintió. Hizo creer que el secreto más íntimo de la mujer es su mayor goce, por naturaleza, en el acto sexual, pero escondía el verdadero secreto último de la mujer. Utilizó a Tiresias para poner una cortina de humo sobre el asunto, y desviar la atención.
-¿Y usted sabe cuál es ese secreto, tío listo?
A ciencia cierta, no; pero lo sospecho. (Continuará, si Juno me deja). Vale.





