El verdadero fracaso escolar
Las cifras del fracaso escolar español son tan altas, que no apuntan a éste o a aquel sistema educativo. Ni la Escuela Selectiva, ni la Escuela Comprensiva; ni LOCE, ni LOE. Fracasa la misma concepción del Escuela como salvadora de la sociedad. La incidencia de la Escuela en la formación de la juventud es mínima: la televisión y sus modelos sociales constantemente lanzados en tan privilegiado medio, con el torrentismo, granhermanismo y cronicomarcianismo, y similares programaciones, hacen añicos cualquier labor de formación en valores que se pueda dar, ya sea religiosa, laica o ideológica. Hay que abandonar la idea de la Escuela Redentora, propia de tiempos pasados, bien tradicionales o tradicionales renovados (LOE), bien ideológicos (LOGSE).
No hay metodologías capaces de asimilar la total falta de voluntad de integración de los objetores escolares, que saben que un tal Boris, haciendo un calvo en la tele, gana más que sus padres en todo un año. O que tal moza, por contar sus escarceos sexuales con el famoso Menganito, ya cobra por aparecer en los programas rosa, tanto y tantazo. O que su compa Fulanito gana pasando pastillas en la disco para cambiar de moto cada año. Frente a eso, no vale pedagogía ninguna. Ninguna, digan lo que digan los psicopedagogos, que hacen de lo que nunca han practicado, o practicaron décadas atrás, su dedicación profesional. Más se desintegra aceptando a un objetor activo en clase, que estableciendo un curriculum alternativo. Y de dar paso de ese modo a la desigualdad de oportunidades, gran razón del Pseudoprogresismo adueñado de la política educativa de toda la Transición, nada de nada. Repito que la Escuela ya no es la expendedora de oportunidades en una sociedad de multiconsumo e hipercomunicación como la nuestra. Eso, en los tiempos de la Institución Libre de Enseñanza todavía era pensable. Hoy en día, no. Tampoco era salvadora entonces, pero era comprensible que se pensara.
Sobra, pues, la escolarización única y obligatoria hasta los dieciséis años, y sobra, más todavía, la comprensividad de los currículos. A cada cual, currículum según sus aptitudes y, sobre todo, sus actitudes. Quien no muestra interés por la Sabiduría, no la merece. El Estado debe dar formación hasta que el individuo esté colmado, pero ni una medida más. Obligarle a más es atribuirse el Estado derecho sobre la conciencia y la voluntad del individuo, sea menor o no. Cuando la Enseñanza se prestigie por sí sola, ya vendrán a ella, no obligatoriamente, sino con voluntad y respeto. Obligar a insertarse en ella a quien no quiere, es meter dentro del sistema el tósigo de su degeneración material, acompañado, además, por la prohibición del uso de antídotos.
Todo esto no quiere decir que la sociedad, configurada en Estado debiera desvincularse de la necesidad educativa de los ciudadanos. Muy al contrario. El café para todos es contraproducente. Al final es aguachirle para algunos y para otros, nada. La devolución del respeto social a la Escuela Pública no pasa solamente por normas de disciplina para alumnos y/o profesores. La autoridad reside fundamentalmente en la actitud del que la acepta, más que en los hechos del que la ejerce. Dotar de instrumentos de autoridad al profesor no sirve de nada, si el alumnado no reconoce su condición subordinada. Y no es el caso.
A una Escuela Pública de prestigio sí vendría la mayoría, aceptando las reglas de la disciplina interna. A esta Escuela de hoy, mendiga de prestigio social merced a universalizaciones discentes y comprensividades curriculares, no quiere venir nadie, salvo el que no puede ir a otra parte. Repito, la igualdad de oportunidades ya no reside en la Escuela. Pónganse al día, señores progresistas de salón. El fracaso de la Escuela no es atribuible a ella misma. Es el fracaso social, que confundimos con el de la Escuela, porque es donde mejor se manifiesta. Vale.
Comentario:
Despues de leer el artículo de Pedro Guerrero en La Opinión, domingo 20,que es un ejercicio de cinismo y de hablar de algo que desconoce, pero con intención de engañar..Ha sido un balsamo leer tu artículo, gente como tu y como J. Orrico, que sabeis ver las cosas con tanta claridad y las denunciaís sois necesarias. Un abrazo 20 de noviembre.
Comentario:
Cómo se nota que el que escribe conoce l realidad de las aulas. Por anticuado que parezca, la voluntad, una de las tres potencias del alma, ha de ser puesta en juego junto con la memoria y el entendimiento, a la hora del estudio. Y es notorio que la voluntad de aprender es inexistente en un porcetaje cada vez más alto de alumnos que acuden a clase obligados desde diversas instancias que ehjercen autotidad sobre su cuerpo, pero no sobre su mente, que es con lo que se tropieza el profesor que se esfuerza en sembrar ideas en un bloque pétreo más impenetrable que un muro de cemento.El alumno vegeta intelectualmente en espera de cumplir sus 16 años liberadores de l obligatoriedad, y mientras tanto, para pasar el rato, se divierte obstaculizando el derecho al aprendizaje de aquellos que sí desean recibir clase. Es así, "quien lo probó lo sabe", como dijo Lope de Vega del amor, lo malo es que aquí de sofía, es decir, de amor a la sabiduría, niente de niente.
Comentario:
Sí, "Educa la tribu entera", y no unos cuantos "raros" que se empeñan en transmitir una serie de valores y enseñanzas alejadas del mundo, como también viene diciendo Marina.
Pero no se puede tirar la toalla, porque en el trocito más chico e insospechado de un pedregal puede brotar la semilla.
Un abrazo, Aurora
Pero no se puede tirar la toalla, porque en el trocito más chico e insospechado de un pedregal puede brotar la semilla.
Un abrazo, Aurora





