NIEVA EN LJUBLJANA

Nieva en Ljubljana.
Es de noche, y, a algunas gentes
les parece un enojoso evento cotidiano,
propio del invierno. A mí, no.
Ocasional visitante por causa docta,
veo caer los lentos copos blancos…
Surgen silenciosos de la negra nada nocturna,
y las luces de las farolas perfilan
su vacilante trayectoria descendente.
Una alba capa de aérea levedad,
inexorable y certera, va cubriéndolo todo.
También mis hombros y mis guantes,
la feble carpeta de mis apuntes
y el verde fieltro de mi parco gorro.
Hay un algo de nostalgia rara,
o de perdón tras lejano agravio olvidado,
no sé, en este silencio de la nieve caída.
Me recuerda ese lúgubre estruendo
de la ola al desplomarse en la playa,
tras la tormenta, ya con el mar encalmado.
O acaso sea como un verso perdido
que nos volviera por fin
al territorio dócil de la memoria.
Nieva en Ljubljana,
y me hago cómplice de este silencio
materializado en los breves copos albos.
Y pienso que no nieva en Ljubljana
como nieva en cualquier otra ciudad.
Hay un encanto dormido que pocos ven,
y hay también eso que yo no sé,
pero que se parece
a una nostalgia imposible o estéril
sin recuerdo de partida alguno,
o, ya os digo,
a cierto extraño perdón
sin culpa conocida previa.
Yo no sé.
O al sueño de un silencio
que algún gigante filantrópico
desparramando fuera desde la noche alta
por las calles y las plazas
de esta ciudad verdaderamente impar.
Nieva en Ljubljana.
Es de noche, y me siento acogido
por este lenguaje blanco y mudo,
que entiendo apenas,
pero que, envuelto en metáforas,
sabe llegar hasta donde, medroso y aterido,
se acurruca el yo que yo más soy
ante el Cósmico Misterio del Ser.
Ljubljana-Murcia (27-29 de Noviembre, 2005)





