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"Recado de Escribir", de Santiago Delgado
Opiniones de actualidad y creaciones literarias
Acerca de
Santiago Delgado es Profesor de Literatura y escritor
 
Fantasía quijotesca final

Acuarela de José Luis Martínez Valero, 2005

Camina ya este año Quijote por los tramos finales de su andadura. Si analogáramos estas calendas del 2005 a la propia novela cervantina, estaríamos ya en el camino de vuelta desde Barcelona a La Mancha; a ese lugar no recordado, o no querido de ser recordado, o que no importa ser recordado. Don Quijote se vuelve a la nada, al no lugar, desde el lugar por antonomasia, Barcelona. Un lugar tan real y tan realista, que Don Quijote pasa desapercibido en él. Un lugar tan preñado de verismo, que puede ser utilizado por El Caballero de la Blanca Luna para derrotarle. Mientras estuvo en Mesetaña, el caballero de los Leones nunca pudo ser vencido. Don Quijote era hijo de la meseta, y es el mar quien le vence. La aventura de verdad, el barco turco en las aguas del puerto catalán, vence a las aventuras de libro, de ficción del Caballero de la Triste Figura.
Este viaje de vuelta que todos hacemos en este mes de Diciembre es, pues, esa vuelta en derrota de Don Alonso Quijano. Don Quijote ya no es Caballero. Ha dejado de serlo al incumplir las sagradas Leyes de la Caballería, según me enseñó mi Maestro, Santiago Arellano, un navarro entero, pleno de fortaleza culta y humana. Sansón Carrasco, disfrazado de Caballero de la Blanca Luna, lo ha derribado sobre la arena catalana de la playa de levante. Le ha puesto la lanza en el pecho y le ha dicho:
-Vencido sois, cauallero, y aun muerto, si no confessais las condiciones de nuestro dessafio.
Las condiciones son que reconozca que su dama, la del vencedor, es más hermosa que Dulcinea, la dama soñada de Don Quijote.
-Don Quixote, -dice Cervantes- molido y aturdido, sin alçarse la vissera, como si hablara dentro de vna tumba, con voz debilitada y enferma, dixo:
-Dulcinea del Toboso es la mas hermosa muger del mundo, y yo el mas desdichado cauallero de la tierra, y no es bien que mi flaqueza defraudé esta verdad; aprieta, cauallero, la lança, y quitame la vida, pues me has quitado la honra.
El vencido, según las leyes de la Caballería, escritas por Raimundo Lulio, debería aceptar todas las condiciones impuestas por el vencedor, pero Don Quijote encuentra, que más allá de la fidelidad a las leyes de la Caballería, se ubica su amor al ideal que Dulcinea representa, y prefiere dejar de ser Caballero. Por eso dice hermosa, y no fermosa, y esta, en lugar de aquesta. Ya no es Caballero, y ya no precisa, pues, seguir hablando en el castellano antiguo de sus novelas de caballería. Es otra vez Alonso Quijano. El idealismo había convertido a Alonso Quijano en Don Quijote, y la fidelidad a ese idealismo le hace volver a ser Alonso Quijano el Bueno.
Así todos, pienso, podemos imaginarnos acompañando a Don Alonso Quijano a la niebla manchega de su irrealidad, desde la novelesca realidad de su aventura catalana. Poco a poco, como el propio Miguel de Cervantes dijera en el prólogo a su Persiles y Segismunda, diremos con ambos, el novelista y su personaje:
-¡A Dios, gracias; a Dios, donayres; a Dios, regozijados amigos; que yo me voy muriendo, y desseando veros presto contentos en la otra vida!.
Vale.

No