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"Recado de Escribir", de Santiago Delgado
Opiniones de actualidad y creaciones literarias
Acerca de
Santiago Delgado es Profesor de Literatura y escritor
 
El secreto de las mujeres, 2


Tengo leído que Gregorio Marañón, un sabio de antes de la guerra, dijo algo así como:

-No hay mujeres frígidas, sino hombres inexpertos.

Es lo malo de hacer frases. Todas tienen fecha de caducidad. A mí no me gusta la palabra orgasmo. La aprendí mal, como ograsmo, y, claro, recién salido de la infancia, me sonaba a ogro. No entendía por qué había que llamar así a aquello. Mucha ‘o’ tiene la palabra, la mía equivocada y la verdadera. Por eso digo, y escribo, éxtasis, palabra que a mí no se me ha contaminado con porquería de discoteca. Pero, sigamos con la frase de Don Gregorio. Dos oes, malo. De entrada, supone la intervención ineludible y determinante del varón para que la fémina logre el éxtasis. Error. Tal asunto depende más del estado de secreción hormonal femenino que de otra cosa. Y más, mucho más que de la maña mecánica del varón, depende de la maña psicocariñosa del mismo varón. Sin que sobre la otra. La quinta velocidad no sirve para arrancar el coche. Ni la primera para adelantar a un camión en vacío. ¿Me entienden?

-¿Y del secreto, qué?

No sé si Juno me ha dado permiso para esclarecerlo. Pero, en todo caso, tal cosa se debe hacer en clave, codificadamente. Jamás en román paladino. Cada varón debe saber eso como antiguamente se sabían los misterios religiosos: con unción y humildad. El neófito que llegaba a ser iniciado en los secretos debía pasar unas pruebas de madurez y renuncia antes de conocer el misterio, que, además, sólo le era dado en lenguaje simbólico.

Lo de las siete veces que el éxtasis femenino, y va de revelación, supera al del varón, tiene que ver con las veces que, de promedio, el varón impreparado en las dos facetas antedescritas, conoce su éxtasis solo, que no a solas. La Medicina llama a tal hecho Eyaculatio Precox. Una epidemia, según me temo. Así, la naturaleza, en impecable acto de justicia distributiva, premia cada vez de pleno acierto femenino con esas siete veces del adagio tiresiano. Lo cual no obsta para que, aun de no mediar jornada alguna en blanco, sigan valiendo las siete medidas de lo femenino.

Cierta vez, una voz femenina enunció ante mí:

-Es lógico que la mujer goce más. ¿Un placer ubicado internamente, central, cómo no va a ser mayor que un goce casi en los límites más exteriores corporales, por demás transitorios, como lo es en el caso del varón?

Son teorías para explicar el aserto de Tiresias. Pueden valer. Pero no cercan ni acotan, para nada el secreto de las mujeres. Y eso que he llegado al final. Juno me da la gracia de una tercera entrega. Merced que me hace. (Continuará). Vale.

No