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"Recado de Escribir", de Santiago Delgado
Opiniones de actualidad y creaciones literarias
Acerca de
Santiago Delgado es Profesor de Literatura y escritor
 
La tumba gnóstica de Mazarrón



En el museo de la factoría de garum del Puerto de Mazarrón, se da cuenta de una de las tumbas de la necrópolis del lugar. Poseía, además de los restos humanos correspondientes, tres lámparas de aceite, una entera, una rota y otra ricamente decorada, con el lugar de su llama mirando hacia el ocaso. La decoración de la última incluía una cruz griega, de pie y brazos pariguales, custodiada por dos columnas. Es de finales de la Edad Antigua, en los albores de la oscura Edad Media. La confección de la salsa de pescado hispana conoció entonces su último auge. Hubo un floreciente comercio con Túnez, antes del colapso total. El ciudadano inhumado allí era, sin duda de creencia gnóstica; es decir, afirmaba conocer la naturaleza divina, no sólo creer en ella. Tampoco sentirla, tan sólo. No era ni un creyente, ni un místico. Mucho menos un pagano o un ateo. Él conocía a Dios. Traído por causas que nunca conoceremos, arribó al Puerto un día de aquellos en que Atila entinieblaba Occidente, y los últimos misioneros apostólicos desembarcaban por los gélidos puertos del brumoso norte.
Se hizo enterrar con las tres lámparas, que acaso simbolizaban la Hagia Triada cristiana, trasunto de tres categorías intelectuales que él y los suyos conocían. Prefiguración de las tres carabelas que mil años más tarde arribarían a la nueva tierra prometida, las tres lámparas habría de guiar su viaje póstumo hacia el Nuevo Mundo que los demás llamaban Paraíso. Un mundo virginal, sin pecado ni maldad. Al tercer día, su alma volvió a su cuerpo, pero ya no eran ni su alma, ni su cuerpo, sino las ideas de ambos. Levantóse, y vio cómo las tres lámparas se levantaban con él. Anduvo, invisible como trasgo, y se encaminó, sin saberlo, hacia el mar. Allí lo esperaba el barco fenicio, hundido mil años atrás, cerca de la orilla. Sumergido, tomó posesión de él, y el barco dejó ir entonces sus propios perfiles de materia, fondo adentro, quedándose reducido a mero volumen de madera. Surcó el abismal suelo, iluminado por las tres lámparas, siempre piélago adelante.
Las tres mariposas de luz ardían en milagro. Una de ellas era perfecta, y simbolizaba al Creador. Otra, la rota, no era sino el Paráclito, sacrificado por los hombres redimidos. La tercera, la decorada, era el Espíritu. La Cruz griega, no latina, era la Gnosis misma: Religión y Filosofía. Las dos columnas eran las de Hércules, en el Reino del Ocaso, sobre los montes Calpe y Abyla. Puerta del Mar donde naciera la Razón, que custodia la Fe.
Arribó al Nuevo Mundo, y su alma transfirióse al cuerpo de un chamán de tribu. Aceptó entonces la fusión de hombre y naturaleza como forma suprema de Sabiduría. Vale.


 
Comentario:
Es inevitable... Resulta una página estupenda y puesto que "meus amicus cum sis, tibi favere volo". Y deseo regalarte, amigo Santiago, con un elogio desinteresado a la vera de René Guenon, entre símbolos crucíferos, y al calor de Bachelard, inmerso en el imaginario clásico: Hombre y Naturaleza, Sabiduría y Gnosis, Huella y Sombra, Cielo y Tierra. Conoce el sabio el mundo sin haber viajado, distingue las cosas sin mirar y realiza su obra sin actuar, nos dice con voz serena Lao-Tsé. Y, así, de esta manera, sin actuación ostentosa ni fasto literario, discurre limpia tu página hacia la humildad suprema de la nada. Y en el marco de la historia, al hilo de lo que pudiera ser simple anécdota, el testimonio sutil de una lámpara en múltiplo de tres justificada, ilumina tu estilo y otorga sentido al símbolo y a su poética. Es inevitable... En estas páginas estás como pez en el agua: anástasis del poeta ante el legado del tiempo. Me alegro contigo.
No