Esteban Bernal, en Chys
La Unión es tierra singular, tanto paisajística como humanamente. María Cegarra. Asensio Sáez, Hernández Cop, y algún otro que se me escapa, bien atestiguan esto que digo. Esteban Bernal es pintor que goza de esa magia unionense que combina alucinación y lucidez a partes iguales. Doble naturaleza de una luz única, la telúrica, que sale de las entrañas minerales de extravagante cromaticidad, y la solar del Mediterráneo, tan conocida por todos. Ahora este unionense, nuevo hijo de esta doble luz, expone en Murcia, en Chys, que es como decir en la Catedral del Arte vivo, el que se bate en el mercado, huyendo amparos públicos de mayor acomodo.
Los Espacios de Esteban Bernal tienen elementos fáciles de discernir: la arquitectura, el agua, la figura humana, y una gama de colores que expresan más que impresionan, que hablan de calidades mentales más que sensitivas. Pero tras esa facilidad identificativa, los Espacios de este pintor esconden mensajes arcanos. Su narratividad, algo borgiana, habla de una soledad de océano encerrado en interiores palaciegos abandonados, de sombras que ejecutan solitarias ondas en la superficie tranquila de unas aguas que usurpando suelo a la majestuosidad de logias, altos ventanales y bóvedas, trasunto son de cierta soledad humana, como pueden serlo los templos vacíos y olvidados.
Contemplando los Espacios de Esteban Bernal naufragamos en unos tamizados colores de ocaso o de difusos cenits del sol. Y es un naufragio dulce y placentero. Es como vislumbrar una soledad ajena y comprendida, que pudiera ser nuestra, pero no lo es. Como un Jano de doble cara, esos tonos cuya lejana referencia es la textura pastel, nos informan objetivamente, sin involucrarnos, de esa ausencia de tragedia que no es comedia. Porque estos espacios son en realidad, el negativo fotográfico de lo que creemos ver. Así, las tenues líneas de su arquitectura no delimitan la ruda materia de pórfido, granito o mármol, que el ojo, en primera instancia, ve y nos transmite. No. Esas líneas delimitan el aire que les queda fuera. Esos Espacios no son sino volúmenes de aire, perfilados por las caprichosas líneas de la arquitectura que engaña al ojo.
Y quedan esas figuras, androides alojados en los cuadros, dentro de la falsa cárcel del dibujo, hoyando el agua levemente, hasta arrancar la feble onda, que dota de movimiento al cuadro, frente a la mayestática estatidad de las líneas que conforman dibujo y volumen. Pero, ya digo, no habita la tragedia de la soledad en estos Espacios. Se ha trascendido la metáfora existencialista del humano frente a la oquedad del mundo. Estamos ante el mensaje superior de que hay algo ajeno a la materia que redime: esa luz, mitad mineral, mitad solar, que símbolo es de victoria frente a cualquier fatum.
Esteban Bernal, muchas gracias. Vale.





