logotipo

img_google
"Recado de Escribir", de Santiago Delgado
Opiniones de actualidad y creaciones literarias
Acerca de
Santiago Delgado es Profesor de Literatura y escritor
 
Don Quijote, Flores y el Gaya

Cierran el año en el Museo Ramón Gaya, con la obra de Pedro Flores dedicada a la figuración del Quijote. Qué delicia, y qué acierto del Museo. El pintor se fue de este mundo en el aniversario del Quijote, y ahora, en esta que fue su casa, celebran, una vez más, a la inmortal obra de Cervantes.
Flores dio en un Cubismo barroco y jocoso, muy murciano, que redimía a tal estética de su extravagancia vanguardista y algo snob. Mirando estos cubismos lúdicos del Maestro Flores, nos sorprende una sonrisa interior, como de niño cómplice de alguna travesura oculta cometida por otro. Los cuadritos del Maestro murciano de París exhalan candor y poesía, con su horror vacui y su cromatismo de parchís, elaborado con alguna de aquellas cajas Alpino, tan amadas por los Reyes Magos de los 50.
Este Quijote es como el envés de la rigurosa e hiperseria versión de Gustavo Doré, que todos tenemos en la cabeza. Quién lo diría, lo serio para un francés, lo desenfadado para un español. Claro, que si se aclara que el español es un murciano, muy huertano, todo es más fácil de entender. Doré no captó sino la veta filosófica y profunda de Don Quijote, ayudado no poco por el rigorismo del grabado. Flores, al modo de los españoles coetáneos de Cervantes, prefiere el fino humor, tampoco la carcajada. Hay que leer el Quijote, con un ojo en los grabados de Doré, y con el otro en los gouaches y pasteles de Flores.
Destaco un dibujo, a lápiz, o grafito que dice el chivato junto a la obrita, en que, sentados Caballero y Escudero, bajo frondosa encina y al amparo de algún fuego, charlan de sus cosas, que son las de todos. Don Quijote tiene los brazos en alto, vehiculando con ellos la alta moral de su mensaje. Sancho, con los brazos cruzados sobre sus rodillas, escucha con atención. Hay toda una semiótica de los brazos en esta figuración deliciosa. No sólo es la postura en uno y otro. Se trasluce en ellos la humilde subordinación de la incultura ante la Sabiduría, que es orden de cosas hoy extraviado. Un ambiente nocturno, muy sugerente, añade el dato, preciso y precioso, de que la transmisión del saber ha de hacerse en ese ambiente sereno y lúcido, de soledad conjunta de maestro y discípulo. La noche manchega de aquel entonces es metáfora de la tranquilidad de espíritu que es connatural al acto docente.
Alguien debería afrontar la edición de un Quijote con estas figuraciones, bien editado. Y lograr con ello que la serie del Maestro Flores entrara, por lo menos en las mentes de muchos murcianos, regionales incluidos, como vinculadas de manera natural al Quijote de todos.
¿Quién se anima? Vale.
 
Comentario:
Hoy me ha gustado leerte y lo que escribes. He vuelto a ver la exposición con tus comentarios. ¡MB!
No