Elogio de Cabo de Palos

Sierra Espuña y Cabo de Palos son los iconos regionales que desde más lejos se ven. Son, más o menos, las señas de identidad primeras con que recibimos al que llega. El río Segura no se ve si no estás encima, y el paisaje, apenas cambia viniendo desde Castilla. Las ramblas de alba arenisca con verde lecho de agua y palmeras son ya compañía de los ojos, cuando son divisadas. Únicamente estos dos accidentes geográficos que digo son avistados por el viajero como lontananza del horizonte.
Hoy quiero dedicarme al Cabo, tierra cartagenera extrema, que hace doblar a los barcos que suben por el mapa hacia francos septentriones o catalanes; o bien, bajan hacia el moro, buscando las Columnas de Hércules. Esquina española a Oriente, que recibiera a los primeros discípulos del Rabí que universalizara aquel Monoteísmo exclusivo de los semitas. Es un cabo que se mira en el cristal de la laguna, de donde recibe nombre, en latina jerga: Palus. Hay agua y hay tierra, firme roca de la elongación terrestre. Y el aire, limpio aire del paisaje azul que se mira en la plata marina. Es un aire mediterráneo, envuelto en una luz cambiante, acaso mimética con la variedad de pueblos que en su ribera acamparon. La luz nítida del viento norte, la lechosa del levante, la luz arriscada, que mueve las aguas, del poniente, y la luz cálida, amarilla del desierto, de la componente sur. Y hay el fuego, el fuego del antiguo Faro, que iluminara feliz a los navegantes, avisándoles de la costa. Y hay el fuego de los volcanes, ahora dormidos, con el Carmolí haciendo de Capitán de todos. Son los cuatro elementos: Tierra, Agua, Aire y Fuego, que dan naturaleza a este Cabo, y le otorgan la noble condición de Grande de España entre las grandes apellidaciones geográficas que en la hispana península son. Una vez, llevado por esta misma emoción, compuse estos versos al Cabo. Helos aquí, precedidos de una cita antigua, con dos notas.
CABO DE PALOS:
‘A continuación sobresale el cabo Trete (1), estando situada junto a él la pequeña isla de Stróngile (2)’.
Rufo Festo Avieno
(1) Trete es Horadado, en griego, por las calas -en forma de mordiscos a un pastel- que delinean el perímetro del Cabo, hoy llamado de Palos, del latín Palus, laguna.
(2) Isla Grosa, frente a La Manga del Mar Menor.
Lo vio Aníbal,
el púnico guerrero de Cartago.
Y Escipión el Africano
un día también lo vio.
Lo vio el Zebedeo Yago.
Y lo vio Todmir,
aquel visigodo astuto y bravo.
Lo vieron después
-¡canta, canta, recuerdo vago!-
un Barón de Carlomagno
y un morabito arábigo,
un pirata berberisco
y un bandido cristiano.
Y pasaban y pasaban largos, largos
los siglos largos
y el navío de la Historia
siempre la mar doblaba,
de Levante a Mediodía,
por el faro de Cabo de Palos!
Vale.





