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"Recado de Escribir", de Santiago Delgado
Opiniones de actualidad y creaciones literarias
Acerca de
Santiago Delgado es Profesor de Literatura y escritor
 
El sol sube


Desde el solsticio de invierno, hemos ganado ya casi media hora de sol. Cuando paso por la Plaza Mayor de Murcia, camino del trabajo que llena mis horas y mis días, el reloj de San Nicolás, a las nueve en punto de la mañana, ya es iluminado, exacta y completamente, por el sol. La sombra de los altos edificios colindantes marca la tangente inferior de la esfera, eso sí, un algo inclinada. Enrobinada esfera, añado. Y es como si el tiempo, en ese reloj, fuera ya pasado inmediato todo él. Nunca presente, como los relojes todos. Al pie de la torre descubrieron un cementerio musulmán, siete siglos durmiendo. Parece todo un sueño borgiano, lleno de culturas y cansinos relojes, sumergido en la fría humedad del invierno de Murcia. Los sueños de las mil y una noches vagan por la fresca mañana, emanando del subsuelo. Yo los siento cuando paso.
La remontada del sol durante la estación fría es epopeya digna de escritor antiguo clásico, como de Aquiles o Gilgamesh. El héroe civilizador, el sol, lucha impenitente durante cien días contra el Dragón Invierno, que tiene encerrada a la doncella de la Primavera. Es una lucha titánica, en la que el héroe arranca medio minuto al día, resuelto en luz, que no, todavía, en calor. De vez en cuando el Dragón contraataca con una ola de frío y escarcha, incluso, si es preciso, con impías heladas. Pero el sol posee el secreto de la victoria: el que resiste, gana. Lo dijo el Maestro Cela, Maestro a pesar de sus pesares, que no fueron pocos.
Pero hay otra concomitancia añadida en esta plaza mágica por la que atravieso de lunes a viernes a la matinada: en el lienzo de la fachada de la iglesia hay una piedra, labrada, acaso extraída de tumba romana. En ella se puede leer el nombre de Petronius, sin duda ciudadano de la Urbe. Con él, toda la mágica paganía de la Roma, yo quiero suponer que republicana, se suma al sueño arábigo y al reloj cristiano.
Y hay naranjas.
Sí, es el tiempo natural de la granazón de las naranjas. Su color es un secreto del Paraíso. Es el rojo del Infierno, atemperado con el gualdo veneciano del oro de las playas primeras de la Creación, cuando en aquél día primigenio, el Alto separó tierras de aguas.
Y hay el agua, el agua de la fuente central, enorme taza que desborda su sobrante. Cuando paso por su lado, trazando la diagonal de la plaza, me parece ser yo mismo el hebraico Moisés, atravesando Suez, a la par que las aguas se le separaban por delante.
Y, entretanto, el sol continúa su cotidiana tarea liberadora de la blanca doncella, en la cósmica guerra callada de las estaciones del año. Vale.

 
Comentario:
Realmente pareces "a real novel hero" atravesando esa plaza tan compleja. Carmen
 
Comentario:
!Qué ilusión me ha hecho este artículo de mi ambiente!y, sobre todo lo bién descrito...como no podía ser de otra manera,claro.un abrazo, Conchita
 
Comentario:
Como sabes qué cosas me gustan. este también. Besitos
No