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"Recado de Escribir", de Santiago Delgado
Opiniones de actualidad y creaciones literarias
Acerca de
Santiago Delgado es Profesor de Literatura y escritor
 
Agur, Zarra

Mi primer equipo fue el Atlético de Bilbao. Fue por un llavero que me regalaron; su icono era el escudo de ese equipo. Yo era inocente infante, y sólo veía vida cotidiana donde sólo había Movimiento Nacional y Tentetieso. Zarra también era inocente. Y sólo jugaba al fútbol, y vivía su época. La mía, la suya. Eran los cincuenta. Aún había postguerra, pero era ya la postguerra de la postguerra. Los campos de fútbol se llenaban. Y Zarra le metía goles al Madrid. De cabeza sobre todo. Su cabeza sirvió para que en España sonara por primera vez, en el bando de los buenos, nada menos que Winston Churchill. La segunda cabeza después de Winston Churchill. No creo que ese dicho se conociera allende los Pirineos. Si Zarra, el bueno, el vasco esencial, el delantero centro por antonomasia, era la segunda cabeza, ¡cómo debía ser la primera! Fue, ya digo, la primera pedagogía democrática en lo popular que se dio en España. A Winston lo avalaba Zarra. Con ese dicho comenzaron a terminar los ecos del Eje en Celtiberia.

Acortaron su nombre, Zarra por Zarraonaindía; pero no ocurrió ello en la España mesetaria. Ya vino acortado desde la lluviosa Vizcaya. Zarra creyó siempre que se podía ser vasco y español, como los padres de Arzallus o del cocinero Arguiñano; pero menos fanático. La cabeza de Zarra buscaba golpear el balón, no lo esperaba para dejarlo rebotar en su frente. Violentamente golpeaba aquellos balones de los gajos cosidos, con su cordonera para cerrarlos. Esos balones que aún viven congelados en los escudos de muchos clubs. Otros delanteros se ponían un grueso pañuelo en la cabeza, para si diera la casualidad de que les golpeara en la frente la cordonera, atemperar el choque. Zarra, no. Ay del balón; y no ay de Zarra.

Pero el gol de su vida no fue con la cabeza. Sin duda el gol más pasado por televisión de todos los tiempos. Se adelantó al portero, y con el tobillo la metió dentro. 1-0, Inglaterra eliminada. Inglaterra; no el Reino Unido, detalle muy a menudo pasado por alto. Aquella pequeña venganza de Gibraltar no afectó a la Isla por entero. Pero pocos en España sabían tanta Geopolítica entonces. Y en los mapas de las Escuelas, ponía Inglaterra, a todo lo largo de la Isla. En algunos incluso abarcaba a Irlanda.

Ahora, después de meterle 85 goles a la vida, se ha ido para siempre al vestuario. En los accesos, de seguro que lo habrá estado esperando su amigo el cordobés Matías Prats, Senior, que no fue, como muchos siguen creyendo el inventor de aquello de la Pérfida Albión. Telmo Zarra, descanse en paz. El domingo iré al fútbol, tan sólo para guardar un minuto de silencio por él. Vale.
No