A vueltas con Darwin

Aún no se habían acabado los ecos de la controversia sobre Darwin en Estados Unidos, acerca de si debe ser enseñado o no en las escuelas, desterrando las propuestas creacionistas, cuando vuelve el mismo nombre propio al candelabro de la actualidad. No al candelero, que es cosa de una sola llamita pequeña: al candelabro que es grande cosa monumental, de velón gigante, o incluso de varias velas. Sucede que los genetistas últimos, ya no creen, del todo, que la diversidad de las especies acaece por causa de la lucha contra el medio. La especialización más eficaz, cuando sobreviene cambio en el ambiente, supervive; las especies que no se adaptan, desaparecen. Dependería, así, todo, de un cierto azar: la especie capaz de vencer al entorno, se halla en medio de ese entorno. Las especies que equivocan el lugar adecuado, desaparecen. Una migración errónea, debida a un otoño alargado o a un invierno sobrevenido, que les hace llegar a lugar perdido, etc… Y, claro, una enorme cantidad de años.
Pero no; resulta que las perspicacias de estos evolucionistas genetistas intuyen que hay jerarquía y calidad entre los genes. Que los seres vivos que disponen de estos genes especiales son los que manejan la mutación pertinente al caso. Que no es, o no es tan sólo, la influencia del medio, imponiéndole la adaptación al ser vivo en cuestión, la responsable del cambio: son los genes, si los hay, aptos para hacer frente al cambio. Hablan estos científicos de generales, oficiales, suboficiales y tropa, entre los genes. Y, además, dicen también de genes de Estado Mayor, que incorporan cierto tipo de inteligencia en cuanto que deciden la maniobra que han de llevar a cabo, en su disciplina estructural, los otros.
Por supuesto, esto va de especie a especie, no dentro de las especies: por lo tanto, no vale asignarla dentro de la especie humana. No es un apoyo a ningún racismo. Pero tampoco es un espaldarazo a la Creación del ser humano por la divinidad, que sería la que habría puesto esos genes en algunas especies; el sembrador de inteligencia. No apunta esta teoría, o esbozo de teoría, a un Deus Omnipotens, sino más bien a un Deus Faber. Un dios fabricante, más bien con minúscula inicial. Lo que los filósofos post aristotélicos llamaron un demiurgo o ser intermedio entre Dios y la Creación, encargados de fabricar el mundo. Ese demiurgo sería harto eficiente, pero no omnímodo. Apuntaría más a un super ser extra-terrestre que a un ser absoluto.
El azar no se encuentra solo como motor de la evolución, coexiste con un determinismo endógeno, que puede vencer a la agresión exterior. Hay un principio de defensa genético que lucha cuando sobreviene el cambio exterminador. Estamos, pues, ante un corso e ricorso, que decía Croce de la Historia, sólo que ahora en la Biología Genética. Vale.
Comentario:
Gracias por la propuesta :) Pero me sabe mal quetengas que enviármelo...quizás...algún día.
Un besito
Un besito





