Un vasco entero: Jon Juaristi

Hablo de Jon Juaristi, amigos. Un vasco entero. Y advierto que he pasado largo rato buscando el adjetivo. Y todavía no me gusta, no me gusta, el encontrado, pero ya la urgencia de columnista de a diario me urge a entrar en la prosa que ha de sustanciar el elogio. Oh, elogio, que vocablo tan gastado para lo que pretendo. Mal comienzo. Casi ha logrado apagar el fuego de lector que me ha ardido al leer su artículo dominical Cigüeñas, en el ABC de este día, tercero ya de la vida que nos regala, como un señor feudal de antañazo a sus súbditos, la Eta. No es eso, no es eso, dijo otro en otras circunstancias española, si bien distintas, iguales en el fondo.
Como la cigüeña, dice, no piensa ir, volver para él, a su País Vasco. Allí, donde han hecho a la zorra guardián del gallinero. Prefiere quedarse cigüeña en Alcalá. Cita a Cernuda, y su aceptación de no aceptado en la España casposa de los 50. Feliz el hombre que encuentra en una cita literaria fondo y forma para explicarse cabalmente, sin necesitarlo. Eso mismo le hace a él, clásico.
Gran poeta. Filólogo e intelectual lúcido, a quien tanto debe no tan sólo la dignidad del hombre, y por ende la del hombre español, sino la misma ciencia humanística de todos. Como un aguafiestas, a contracorriente, Jon Juaristi no descorcha el cava reglamentario, tampoco la furtiva sidra, ni el heterodoxo cava manchego o riojano, para celebrar nada. Quede ello para los esbirros que en sus celdas de privilegio, tal hacían para memorar los mortales golpes de la banda, más celebrados cuanto más letales.
Todos los vascos otros no son enteros. Lo vasco se difumina, en solución de mismidad, con el llano alavés y los riojanos y burgaleses lares adyacentes. No hay vasquidad completa sin esa extensión bárdula, en antañón vocablo, castellano en romance desde el VIII. Él sí es vasco entero. Por eso hace de ese exilio complutense reducto de su dignidad personal y científica. En él va a vivir la verdadera dignidad vasca que no contempla pagar a los sicarios su perdón de la vida a los demás. En él habitará la razón, la ilustrada decisión de anteponer la palabra a las pistolas, hoy guardadas debajo de la mesa, aunque igualmente dispuestas para ser usadas.
Contigo estoy, poeta, aunque español de abajo; mediterráneo de sangre castellana y aragonesa mezcladas, con una gota gallega; de apellido burgalés de la raya vascona. Europeo. Las letras me enseñaron que no hay lugar honrado para el apesebrado acomodo, ni el áulico destino del escritor de cámara. Queda a la intemperie del cobijo nacionalista, que hace corral de tu tierra. Tu tierra, como la mía, es el mundo entero. Gracias, y felicidades, Maestro. Vale.
Comentario:
También yo leí con admiración, respeto e inquietud ese artículo, que va bastante más allá del mero testimonio personal. Tras del distanciamiento y la amarga ironía, también hay algo muy hondo sobre el problema vasco.
Los infiernos ideológicos han hecho un daño pavoroso a Juaristi, que, efectivamente, es un gran poeta y estudioso ¡de la cultura vasca...!
JP Quiñonero
Los infiernos ideológicos han hecho un daño pavoroso a Juaristi, que, efectivamente, es un gran poeta y estudioso ¡de la cultura vasca...!
JP Quiñonero





