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"Recado de Escribir", de Santiago Delgado
Opiniones de actualidad y creaciones literarias
Acerca de
Santiago Delgado es Profesor de Literatura y escritor
 
Machado, hoy



Salen ya en los suplementos literarios las noticias sobre la próxima biografía de Machado, a cargo de Ian Gibson. Más de setecientas páginas sobre la vida de aquel pobre hombre y gran poeta que fue Don Antonio. Para el malévolo Borges, el hermano de Manuel. Ambos, pienso, fueron grandes poetas. Uno fue rojo, Antonio, y el otro muy azul, Manuel. Del Modernismo inicial de ambos, Antonio pasó a ocuparse del alma y del pueblo. Manuel acrecentó la impronta inicial, con los ribetes del descreimiento snob y decadente, tan elegante. Mucho divergieron ambos. En el Burgos de Franco, Manuel; y en el Collioure de la diáspora republicana, Antonio.

Antonio entre dos amores: Leonor, con la que hoy no se podría haber casado por causa de sus quince años, y Guiomar, la gris poetisa Pilar Valderrama. Gibson ha descubierto la fuente del Palacio de la Moncloa donde se citaban ambos, el poeta desgraciado y la poetisa de marido disoluto. Un jardín modernista, como los versos de su primer libro, Soledades, del que dice Gibson es rigurosamente autobiográfico. Un detalle perverso: los renglones epistolares que Pilar borró con disolvente, han vuelto a salir a la luz por sí solos, delatando nada más que anodina cursilería de enamorados inconfesos. Dice la historia que no llegaron a ser amantes. Pero nada dicen si hubo, por lo menos, algún beso apasionado cabe las fuentes hoy presidenciales.

Bien puede decirse que tuvo amores prohibidos, oscuros, por qué no, que diría Lorca. El mismo Lorca, escolar entonces, que acudió a Baeza para ver al Maestro, desde Almería. Pasados los años, el Maestro pudo leer el asesinato del granadino en Viznar, y le hizo la correspondiente elegía fúnebre. Hoy, sus propios restos yacen en cumplida tumba, cabe la mar del sur de Francia, con una urna en su cabecera donde se apilan los poemas en su honor.

Algún crítico, tan malévolo como Borges, argumenta que Machado es el mejor poeta del siglo XIX en el XX español. Los del 27 encontraron grave, pesado, el contenido anímico, sustancial, del sevillano, y lo sustituyeron por la libertad empírica de Juan Ramón. Hicieron bien, porque a Machado no se le podía seguir sino plagiándolo. Al Maestro le faltaba vida. Sólo pudo enamorar a una adolescente tísica, con padre maltratador, y a una madurita casada con marido libertino. Bajo ese almendro florido / todo cargado de flor, / recordé: yo he maldecido / mi juventud sin amor. Son versos de Machado, que alguna vez decidí grabar en mi memoria. Ahí está la cruz de Machado, su incapacidad de relación con las mujeres, burdeles aparte. ¿Por qué no suponer que Leonor le siguió más por huir del maltrato paterno, que por amor puro? ¿Acaso le siguió Guiomar por otra cosa que por su reclamo poético de Maestro? Vale.


 
Comentario:
Este artículo bien se merece un aplauso, cuando menos.
Está bien dicho y, lo que es mejor, bien construido: el maestro Machado surge y se elva, a pesar de las críticas y los inconvenientes, incluido el exilio.
Hay reconocimiento en el autor del artículo hacia el sevillano para quien su "infancia era un patio de Sevilla", y para quien, además de poeta, era hombvre de su tiempo, con todos los defectos (si no los tuviera, no lo sería, lo de hombre), pero que escribió y ha dejado escrito y dicho.
Gracias, Santiago, por ponerlo ahí.
Y gracias también por tu ágil, afortunada y buena prosa.
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