Fusilamientos del Tres de Mayo

Un día de estos ha sido 3 de Mayo, dentro de dos años hará doscientos que sucedió esto que cuentan los versos que siguen. Los soldados de Napoleón, luego de sofocar la rebelión madrileña de los castizos que quisieron impedir el rapto del Infante Don Francisco de Paula - que lloró al ser metido en el carruaje, camino de la frontera hacia Bayona- fusilaron a todos los prisioneros en la entonces afueras de Madrid. Goya, años después, hizo un cuadro estremecedor, cuya visita, hace algunos años, me inspiró esta emoción épica que aquí se transcribe. Dicen algunos sabios que es con este hecho cuando empieza la verdadera Historia de España, como independencia frente a la Francia de la invasión, de la Ilustración y del saqueo al patrimonio cultural español. El Arte, con mayúsculas, dio un paso de gigante con la experiencia goyesca. El sentido de lo español, también. Desde Fuenterrabía, pasando por el Bruch, hasta Sierra Morena, toda la nación se sintió, repito que dicen que por primer avez, una, y como una se defendió.
Relumbra la lumbre
del farol
alumbrando la tragedia,
mientras
un patriota lanza el grito:
¡"Vivan las caenas!"
Su camisa blanca
nos mancha la pupila
de una luz que restalla,
esperpéntica.
Yacen a sus pies,
-en macabro escorzo amontonados-
los fríos cuerpos de los fusilados
que ya no gimen ni alientan.
Los baña un reguero de sangre
que fluye embarrando la tierra.
De fondo:
los oscuros perfiles
de un Madrid cercano
hacen infinito el cielo
entre ocres pinceladas sueltas...
La negra noche del cielo
habita
entre las torres
y los tejados de la niebla.
Apunta el piquete
con la bayoneta,
y lloran los compadres
no queriendo ver
su pobre destino
de patriota convicto y sentenciado
que espera.
Por detrás de los franceses,
-desde un alto
y en esquinada ladera-
el pintor, invisible,
imagina la cruel escena.
Nadie lo mira,
ninguno lo percibe;
pero él, que no escucha
la sórdida descarga fiera,
las manchas de la efeméride
con tristura y furor colorea.
Con ellas,
destrozando lo neoclásico
y sus reglas,
salta el Romanticismo
instalándose, ya para siempre
en el tiempo eterno y glorioso
de la inmortal pintura imperecedera.
II
Madrugada de Mayo
en la Moncloa:
únicamente serías
de algún olvidado libro
la pequeña letra...
O, acaso,
de tristes eruditos
una avara gota de sapiencia.
El parte militar
de un ejército invasor cualquiera
que no hizo prisioneros
una noche de refriega...
Si Goya no hubiera pintado,
con la sangre española
de su alma libérrima
y el pincel de su cerebro,
-amante de la Ilustración francesa-
la honda, carnadamente humana,
dramática soledad de la tragedia.
Es el comienzo de la Historia Contemporánea en este país, hasta hace poco llamado España. Vale





