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"Recado de Escribir", de Santiago Delgado
Opiniones de actualidad y creaciones literarias
Acerca de
Santiago Delgado es Profesor de Literatura y escritor
 
Falta el leoncillo

En Murcia, en el espacio urbano que se abre entre el Malecón, el Palacio del Almudí y la Pasarela de Manterola, hay un hueco importante. Ahora figura allí, como buen invitado, San Francisco de Asís, que conversa con sus hermanillos los pájaros. Muy bien. Los pináculos de inicio de la antaño defensa contra las avenidas del río, y la fronda del antiguo Jardín Botánico del Instituto Alfonso X el Sabio, conforman una línea del cielo muy genuina y particular. Pero falta algo. Allí está la Matrona del Almudí, imaginería de la Virtud de la Caridad, dando su pecho al hijo ajeno, antes que al propio. Y el escudo de armas austracista, sin la flor de lis en sus medios, y con el Toisón de Oro como orla. Y los dos escudos de la ciudad, custodiándolo. Escudos ciudadanos, por cierto, con sólo seis coronas, en lugar de siete. Faltaba aún el primer Borbón, que nos diera la séptima. Más de trescientos años, pues, nos contemplan desde ese mirador heráldico, Aún no eran los Estados Unidos en el mundo, y en el Imperio de los hispanos, todavía, no se ponía el sol.
Pero, bueno, a lo que vamos. Sobre pétreo pedestal, mordido del tiempo y vejado por la intemperie, se alzaba fiero leoncillo, asimismo erosionado por la humedad y el calor, por la lluvia y por el relente, que sostenía entre sus patas un escudo asimismo de la ciudad de Murcia, ¿Dónde está? ¿Por qué no vuelve a su sitio? No hace mucho allí estaba, como defensor implacable frente a la amenaza de las riadas del Segura. Databa, creo recordar, del XVIII. ¿Nos sobran los monumentos, y quitamos ése? Era una seña de identidad certera para muchos, un muchos que podrían llegar a ser todos.
Pedro Cobos le dedicó un cuentecillo, muy afinado, convirtiéndolo en personaje literario, de cuya peripecia no me hace merced mi memoria de comparecer ahora. Yo imagino a la Matrona dialogando de noche con el pequeño león, a través de la ancha calzada. El río sonaría en la cascadilla del Molino de Roque, que ya no existe, y, a veces, las frondas de los plátanos pondrían telón sonoro al diálogo. Parecía como si el león custodiase, en los otoños sin riada, y en las primaveras sin avenidas, el dulce sosiego de la Matrona amamantando a sus criaturas. La fuerza bruta amparando la virtud. Y todo en piedra, para perdurar. Pero, oh asombro. Han dejado a la matrona sin la guarda de su fiel centinela.
El sol, viniendo desde levante, remontando el río, pasaba entre medio de ambos, para recorrer el fluvial paseo que busca el ocaso, por la raya de Andalucía. La perpendicular amor-fiereza cortaba la eclíptica solar: inicio y fin, vida y muerte. Ya no lo hace. Pena. Vale.


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