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"Recado de Escribir", de Santiago Delgado
Opiniones de actualidad y creaciones literarias
Acerca de
Santiago Delgado es Profesor de Literatura y escritor
 
Réquiem por las basuras tecnológicas domésticas

En el desván particular de mi casa, donde atesoro olvidos, inutilidades y extravagancias varias, yacen, fanés y descangayados, diversos materiales que si bien algún día supusieron innovación y alegría, vanguardia tecnológica y modernidad punta, hoy no son sino excrecencias obsoletas de la sociedad de consumo, hijas de la electrónica y de la expansión económica, asiática y norteamericana mayormente. Como en un cementerio de muertos aún en vida, purgan su pecado de obsolescencia con falsa muerte que no conoció senectud: algún ordenador que otro, televisores, transistores varios, unos auriculares, ciertas batidoras, más de un móvil... así como una vasta relación de objetos cuyo nombre hubo de acudir a la etimología griega para hallar un hueco en la objetonomia hodierna.
Como adolescentes muertos yacen –ya digo-, pero con vida posible aún, con su hálito de temblor fotoscópico de pantalla o dial vivo, pero no alimentado de corriente, y al que hubieron de renunciar un día ante la llegada de la nueva generación tecnológica. Como héroes jóvenes de alguna perdida épica mitológica, los imagino silenciosos y abnegados, bajo la vieja tela de sábana que los protege, cual sudario, del polvo irreverente que añadiría desidia a su injusto exilio. Como el arpa en el ángulo oscuro, ocupando geometría de un habitáculo indigno, y fundiéndose en esa nada que es el espacio inhabitado, deben llorar en su secreto idioma de máquinas que un día fueron metal en sus partes duras, y petróleo en las blandas, antes materia orgánica de antañona época geológica; con su corazón hecho de vida y latido.
Duro destino dejar el mundo de los vivos antes de haber llegado la muerte. Mueren porque llegaron sus descendientes jóvenes, no porque acabaran su ciclo productivo o vida propia, en su naturaleza de máquinas inscrita. Hoy todos los desvanes, buhardillas o altillos no son sino cementerios de seres vivos, aunque obsoletos. Porque obsoleto no quiere decir muerto, ni siquiera anticuado –que es un grado de nobleza-; obsoleto quiere decir enterrado en vida, quiere decir asesinado por sus propios hijos, cuales edipos tecnológicos matando al marido de Yocasta, Layo, su padre. Acaso la mitología estaba pensando ya en este parricidio cuando la sabiduría antigua decidió señalar el modelo, entre miles de comportamientos humanos, como prototipo.
Llegará el día, y en tales y tales casos habrá llegado ya, en que una ordenanza administrativa ordene entregar esos cadáveres vivos, y sean llevados a esos mataderos modernos que son las salas de desguace y despiece, donde sus entrañas de metacrilato, poliuretanos y cables de conducción de aleaciones misteriosas, sean ordenadas para insuflar nueva vida a otros portentos tecnológicos que aún no son nuestros. Será entonces su primavera gloriosa, pero serán de otra manos, y las nuestras habrán olvidado su tacto milagroso, y nuestros ojo o nuestros oídos, su luminiscencia vivísima, su melodía que alguna vez nos pareció hermosa. Pero, mientras tanto, sin haber cumplido no siquiera su otoño, la estación más hermosa, duermen su muerte extraña por decreto en nuestro desván. Vale.

 
Comentario:
La ordenanza administrativa ha llegado ya. Tu videncia se ha hecho realidad.
Pero dime, ¿te fumas algún porro antes de escribir, algún trago o tragos de algo?
¡Qué maravilla!
Lee algo mío, anda y baja a la tierra.
Saludos y encantado de conocerte.
Te he conocido a través de Magda Guarido.
Ciao.

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