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"Recado de Escribir", de Santiago Delgado
Opiniones de actualidad y creaciones literarias
Acerca de
Santiago Delgado es Profesor de Literatura y escritor
 
La batalla del Huerto de las Bombas

Grabado antiguo del Huerto de las Bombas

Alguien debería de ir organizando algo para conmemorar la batalla que digo en el título de la prosa de hoy. Acaeció el 4 de Septiembre de 1706. O sea, pronto hará trescientos años. Cuando llegue el día les haré una crónica más detallada. Por esa batalla, no librada, aunque suene paradójico, entre los pagos de Espinardo y Murcia ciudad, nuestro territorio defendió la causa borbónica frente a la austriaca, en aquella guerra de inicios del Setecientos. Se ventilaba la cuestión de la sucesión de la corona española. Muerto Carlos II, se disputaban el trono un francés y un austriaco. Casi todo el Mediterráneo levantino estaba por los de Viena. El interior, incluido el bastión de Murcia, con su Obispo Belluga al frente, optó por el de París. Y ganaron. En la capital obtuvimos nuestra séptima corona en el escudo heráldico del municipio. Por esta batalla, y por la ayuda en la batalla de Almansa, ciertamente más importante.

Verano y muy verano debería ser en aquellas calendas, cuando tropas procedentes de Orihuela intentaron anexionar territorio, cauce del Segura arriba. Bordearon la villa por la Senda de Granada, y, desde Espinardo, intentaron tomar la ciudad. Un ardid hidráulico se lo impidió. Se supone que el Cardenal, entonces sólo Obispo, Belluga, ordenó abrir las acequias del entorno, y encharcar todo el terreno que hay entre la pedanía nombrada y el casco urbano. Entonces, dicho casco apenas iba más allá de Santo Domingo por el norte. El lodazal impidió a las tropas, en su mayoría holandeses e ingleses, opuestos a la renovada hegemonía hispanoaustriaca, seguir adelante, y se hubieron de conformar con cañonear desde sus posiciones lo que no podían asaltar. Las bombas, pues, no llegaron sino al huerto que había situado en lo que hoy son las aceras de enfrente del Instituto Cervantes de Murcia, antes Politécnico, y antañazo Escuela de Maestría. O sea que las bombas ni tocaron la ciudad. Y así fue como el agua fue usada bélicamente, para impedir una invasión. La población, enardecida por el motrileño Belluga, era acérrimamente partidaria del Borbón, que no recibía ayuda de los luteranos anglos y flamencos.

Entonces, sucede que sí tenemos algo que celebrar. Una victoria sobre posibles invasores. A ver si alguna institución mecenas de la Cultura organiza alguna conferencia para dar más pormenores de los que yo he dado aquí, pobre aficionado a la Historia. Supongo que los regantes de la zona no quedarían tan satisfechos como los del centro de la ciudad. Pero, como entonces, la salvación del alma lo era todo, seguro es que lo darían por bien empleado. El señor Obispo quedó contento. Y eso era importante. El agua salvó a todos, y así lo creyeron también todos. No vale juzgar con perspectiva de hoy. Vale.

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