San Antonio

El santo de referencia de mediados de Junio es, sin duda, San Antonio. Dado que tal patronímico es el de mi padre, este santo para mí como el padre de los santos, sin hacer juegas de palabras. Todos los demás santos eran como de segunda división. Incluido el mío, que, por cierto, tiene muy poco predicamento, a pesar de ser Patrón de España. Precisamente por eso, cada vez lo va a ser menos, ya me entienden. Ni políticamente correcto, por lo de Patrón de España, ni religiosamente correcto, por lo de santo de la S.I. C. A. y R., que son siglas que ya les costará descifrar a algunos, ya. Por estas fechas, en tiempos, mi casa se llenaba de tartas y de tocinos de cielo. Había que habilitar varias mesas para posarlas antes de ser enviadas a la familia, para poder ser degustadas en sazón. San Antonio, para mí, es, pues, una tarta con merengue de filigrana y guinda, bizcocho y crema alternadas.
Luego supe que este es un santo que los italianos le han robado a los portugueses, lo cual que encorajina mucho a los lusitanos, que claman y predican que era de Lisboa y más portugués que un fado. Ocurrió que en un naufragio apareció en Messina, cuando iba desde Marruecos a Portugal. Que ya es aparecer, ya. Un leveche del coponazo, con perdón del palabro. Pero es que fue tal. Vive Dios. Y así, una vez que se vio allá, pues que las cosas se le liaron y, nada, que se quedó en la península con forma de pierna y bota. Mayormente en Padua.
Su fuerte era la oratoria. Según dicen, uno de sus milagros fue resistir a la tentación en forma de mujer sugestiva. Eso le pasó cuando todavía estaba en Portugal, y no era de Padua, ni nada. Muchos pintores han hecho cuadro famoso de tal asunto. Me quedo ahora con el de Dalí, los sabedores ya conocen que se trata de ese cuadro de caballos y elefantes de patas muy largas y muy finas, encabritados, sobre los que aparece una moza desnuda, cogiéndose los pechos y mirando para un lado, como retorciéndose de placer antes de tiempo. Luego, sobre el elefante, algo así como un sagrario contiene otros pechos femeninos. Para que Salvador estaba en etapa postlactante y añoraba el dulce chorrillo de la vida. En la esquina inferior izquierda, y en un alarde poquísima imaginación inocográfica, el propio San Antonio, desnudo, pero de semiespaldas, levanta un crucifijo ante la aparición. El resto, ya se sabe, el consabido horizonte limpio y desértico, algunas nubes que sirven para justificar la aparición y cielo clarísimo. Por cierto, el escorzo del caballo recuerda al del Guernica de Picasso, aunque en clave superrealista, claro. Bueno, pues eso, felicidades a los Antonios. Vale.
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