Corpus

Escribo esto en el día del Corpus. Junio y sol. Gala y rito. Liturgia y calle. Y yo, tan olvidado de la efeméride… Andaba, os cuento, callado y solo, portátil en bandolera, hacia Il Caffe di Roma, cabe el murciano Imafronte catedralicio, para destilar prosa destinada a este Recado de Escribir, cuando se me ha removido en el fondo del alma la fe dormida en aquel lecho infantil, donde traspuesta quedara una tarde de antañazo. Los altarcillos de la Trapería me han asaltado la memoria de otros tiempos, ciertamente ya del otro lado del mezzo del camin. Hay creyentes fotografiando las aras. Y en algunas aparece la Virgen de la Arrixaca, la más vieja advocación mariana de esta tierra, junto con la del Rossell y Huertas. Acaso alguien la vea como una invocación ante la presencia muslim entre nosotros. Ojalá que no.
Veo, a través de los ventanales del Caffé, el inicio de la procesión, con los estandartes y las varas mayordomales. Pasan como barcos a los que no se les ve, tapada por los tejados, la línea de la flotación, lentos y majestuosos. Luego, veo las mantillas y las peinetas. Y, de pronto, las campanas, muchas campanas, no sé si decir que también, acaso, como un conjuro contra la coránica vuelta. Veo el palio pasar, y a la Santa Custodia, nada anterior tan parecido a ese flotar en el aire de barco, sobre las casas del puerto. Sale el Cuerpo de Cristo a la calle. La Iglesia Católica celebra su Misterio, huérfana de reconocimiento como religión oficial y única.
Ya termina el cortejo. Una cohorte de jubilados cierra la procesión. Antes han debido pasar los primocomulgantes, ignorados para mi vista, por causa de su inmersión en el mar de mi metáfora de contemplador de puerto desde las buhardillas del barrio alto.
Antaño, ay antaño, se celebraban tres días de fiesta. En el quinientos, el encargado por antonomasia para organizarlo todo era el literato Pérez de Hita... Ahí es nada, que el Señor saliera a la calle de todos, sin quedarse reducido al ámbito de la arquitectura eclesial. No otra era la clave de la fe católica. Vere Hoc est Deus. Verdaderamente, aquí está el Señor. Era, y es, una afirmación católica frente al Judaísmo y al Islam, que no creen en la Transubstanciación. La carne y la sangre de Cristo están en la Forma Consagrada. Ése es el mensaje, acompañado del sol del cincuentaytantos de Mayo, con los toques de conjuro para la Huerta, que anuncian, además del Evento, la derrota de las heladas hasta el Otoño.
Ahora -ya lo último- suena el ruido terrible de la máquina limpiadora que va tras los procesionantes, recogiendo desperdicios, pétalos que han gloriado el Misterio, ramas y cosas diversas, incluidos dorados botones perdidos de los púberes, que han añadido Inocencia a Misterio. Vale.
Comentario:
La verdad es que es un placer leerte...y cada vez que entro y lo hago...es un deleite.
Un saludo.
Un saludo.





