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"Recado de Escribir", de Santiago Delgado
Opiniones de actualidad y creaciones literarias
Acerca de
Santiago Delgado es Profesor de Literatura y escritor
 
Luna llena

Acontece que hay luna llena. La Gran Dama del Estío apareció hace un par de noches, roja primero, amarillenta después, blanca por último. Buscaba la perfección redonda, alisando ese reborde de sombra que aún la sujetaba a lo inacabado. La vi surgiendo del mar, el mismo mar de todos los veranos, poco a poco, pero inexorable. Como una O mayúscula, manuscrita sobre el renglón del horizonte, me pareció la obertura magnífica de un libreto de gran opera o el primer verso de una poema no por habitual menos grandioso. Luego, estas noches que han seguido, transcurre en el silencio, navegando por el cielo inmaculado, atravesando tenues cendales de nube, invisibles hasta que ella los toca mágicamente, y los muestra en su callada majestad.
Hay luna llena, y el verano se calma de calor y de luz con su presencia. La noche pierde su orfandad, y se deja arrullar por su luz tierna y sencilla, acariciadora. El mar le ofrece manto sobre el que rielar, y extenderse en trémula plata hasta la orilla. Hay una feminidad primigenia en esa redondez flotante que orna los cielos de Julio. Indiferente a nuestros afanes hodiernos, ella sube por la cuesta hasta la hora del silencio perfecto, cuando, sintiendo la luz del alba, da en descender hacia sus estancias secretas, donde repone sus encantos de dama, a la espera de su nueva salida a escena. Como una diva que se dejase mostrar a sus adictos, así la luna llena, toda ella sustanciada en belleza pura, sin concesión a matiz alguno de yerro.
Gran pecado de insensibilidad el de ofrecer indiferencia a la Gran Dama de la Noche de Julio. Ella marca el comienzo del declive del año y del sol. Anuncia la madurez del ciclo estacional, y es heraldo de la gran luz y del cielo infinito. Señora de las estrellas todas, que aminoran sus brillos, porque más luzca su parco y mate fulgor de inigualable luz tenue, maravilla de la Creación.
La luna llena sobre los mares. La luna llena sobre los campos, sobre las montañas, sobre las cumbres nevadas, sobre las ciudades. Una luna llena en cada ventana, acompañando a los enamorados, a los desenamorados; a la opulencia y a la miseria… Pero ofreciendo a todos una dosis de belleza exquisita y perfecta, sin facturas, sin recibos, sin coste alguno. Llenando las almas de los poetas, vaciando los cerebros de los ejecutivos, predisponiéndolos a la poesía y a la vibración interna del espíritu, acaso inerme hasta entonces.
Cuántos pueblos la adoraron, creyéndola madre y señora, cuántos corazones aceleraron su ritmo y cuántas miradas fijas por instantes que valen eras de tiempo completas, quedaron grabadas en su celeste memoria femenina de Gran Madre de la Belleza…
Por todo, Oh Luna Llena, gracias.
 
Comentario:
La Dama de la Noche es exquisitamente bella y sugerente, como tu artículo que conecta con mi sensibilidad hacia esa hipnótica oblea de luz de las noches, que en verano acompaña la ensoñación poética. Gracias por tu visión sobre ella.
 
Comentario:
Me encanta la luna...
 
Comentario:
Esto es una prueba
No