Una pareja inolvidable de tebeo

Ha sido como reencontrar a dos amigos de la infancia. Una infancia de tebeos y merienda de pan con chocolate. De Diario Hablado y Nodo; de colección de estampas de futbolistas y partido de fútbol con dos piedras de portería. La palabra mágica ha sido Islandia, la común patria de ambos, a dónde recién he viajado. Dos amigos islandeses, prudentes y correctos, que sólo ahora, rememorando las conexiones islandesas de mi biografía, han revelado, eficazmente, su origen.
Son pareja, hombre y mujer, aunque no emparejados. El hombre, chico en realidad, es el Príncipe Valiente, Val, como lo llamaban sus compañeros de la Tabla Redonda, allá en el inubicable Camelot del Rey Arturo. Su patria, Thule, la Última Thule, que decían los romanos a la última isla o tierra conocida al septentrión de Europa. Hijo de Aguar, rey legítimo de Thule, sufre destierro, obligado por el tirano usurpador de olvidado nombre, en la tierra hoy británica. Amparado por la Tabla Redonda, recorre todo el mundo conocido en pos de una catársis imposible. Su amada, Ilene, muere, creo recordar que en un naufragio. Fue, pues, desamorado imposible, vikingo moreno y valiente, ataviado como Ricardo Corazón de León, aunque siete siglos anterior. Los azulados reflejos de su corta melena, y sus mandobles certeros, acompañados de la aerodinámica inigualable de sus escorzos al propinarlos, fueron, para mí, la imagen misma del arrojo y la valentía al servicio de una causa justa. Harold Foster lo inventó en 1937.
Ella fue española de tinta y diseño, pero islandesa como Val, de imaginada patria. Me refiero a Sigrid de Thule, sempiterna novia del Capitán Trueno. Pónganse de pie quiénes gastaron pantalón corto en aquellas calendas de Kubala y Di´stefano. Su padre fue, como el de Val, Rey de Thule, y se llamaba Thorwarld, espatario de Ericsson el Rojo, Descubridor de Vinlandia o América del Norte. Si mi recuerdo no me falla, repuesta en su reino, ha de ver cómo Trueno, con su senyera en el pecho, la cota de malla bajo la negra túnica, y su escasa cabellera negra, se aleja de ella, como Eneas de la reina Dido de Cartago.
Val y Sigrid son personajes sin amor feliz, pero decididos y abnegados. Victor Mora fue el dibujante de Sigrid. La hizo rubia como el oro, y con una cabellera hasta la cintura. El gualdo ceñidor que ajustaba su anatomizado vestido blanco, dejaba adivinar esbelto talle, adecuado a los femeninos modelos del medio siglo. Ella daba la imagen de adulta en sazón, mientras que Val aún tenía las juveniles formas del adolescente.
Imaginé que, en un esfuerzo de marketing a los españoles dirigido, en el aeropuerto de Kéflavik nos esperaría la pareja, como unos amigos de hace cuarenta años, para darnos la bienvenida a su isla, su país, su tierra. Una tierra en la que, por fin, habían podido reinar. Quién sabe si, acaso, Sigrid esperaría ver bajar a Trueno por la escalerilla, con un ramo de rosas rojas españolas, junto con un anillo de pedida, para ella. Vale.
Comentario:
Cuando era pequeña a mí también me encantaba leer tebeos...lástima que haya perdido esa costumbre.
Venía a decirte que he cambiado de blog, por si quieres entrar al nuevo ;) Sólo tienes que hacer click en mi nombre.
Un saludo.
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Un saludo.
Comentario:
Ven Capitán Trueno, haz que gane el bueno.Así reza una canción que resume esa época feliz que glosas tan estupendamente como siempre en tu blog de hoy. Esa esperanza en el triunfo del valeroso y el justiciero que rescataba am los acogotados por el malo... Era estupendo leer esos tebeos y poner a funcionar la imaginación. Y es bueno que alguien nos lo recuerde como lo haces tú. Gracias.





