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"Recado de Escribir", de Santiago Delgado
Opiniones de actualidad y creaciones literarias
Acerca de
Santiago Delgado es Profesor de Literatura y escritor
 
La nueva línea del cielo de NY

La palabra futuro tenía para mí, cuando niño, unas connotaciones misteriosas que hoy no tiene. En cierto modo, eran algo inquietantes. La palabra futuro llegaba, sobre todo, en los tebeos de ciencia ficción, que no se llamaban así, sino tebeos del espacio: Flash Gordón y el Gran Mekong. El futuro era algo ajeno, lleno de tecnología donde ya no cabía la bicicleta, ni el destornillador. Era un mundo de botones y de tableros de mando, que no daban la seguridad de lo conocido.
Hoy, recuerdo aquellas sensaciones, mirando la foto de lo que será la nueva skyline de Nueva York, en sustitución de aquella de las dos torres gemelas que la occidentofobia benladiana se llevó por delante, sin conseguir avanzar ni un ápice en sus deseos imperialistas, disfrazados de redención espiritual. La simetría de las dos torres derrumbadas, ha sido sustituida por una irregularidad extrema, muy individualista. En cierto modo es una reacción frente a la uniformidad mental que propugnan los susodichos benladianos. Un pináculo agudísimo, cual torre gótica postmoderna, y una geometría trunca, de techo inclinado. Todo en el reluciente cristal que hoy reina en la construcción. Es de suponer que sólo sea cristal la exterioridad de ambos colosos. Hay un tercero, que, así, a bote pronto, no dice nada a la nueva perspectiva.
Y ese es el futuro, algo que no es evidente a los ojos, como sí lo eran las torres gemelas, anáfora evidente, que ponía orden en la perspectiva. Ahora, no. La vista busca y busca referencia nemotécnica sobre la que asentar el recuerdo, pero no la encuentra. Los arquitectos han pasado a la catáfora; esto es, a lo desconocido, a lo por primera vez visto, y construido. Las formas convenciones, basadas en el módulo paralepipédico, han caído. Trágica caída, que evidenció la fragilidad del cristal y el acero para mantener babeles en tiempo de cafres, con perdón de los cafres. Los aviones fundamentalistas no hubieran podido con el Empire State, todo en hormigón de hace décadas.
Dentro de poco, las películas comenzarán a sacar la nueva línea de cielo neoyorkina, y su díscola asimetría buscará metáfora para presentarse ante las neuronas que visan la normalidad en nuestro cerebro. New York volverá a ser hipérbole de la verticalidad, y lo que siempre ha simbolizado: la libertad, volverá a brillar en el mundo entero para despecho de cromagnones varios.
Hay un poema de José María Álvarez, en el que imagina al Papa de Miguel Ángel estrellando su copa contra los frescos de la Capilla Sextina, destruyéndolos. Y añade el poeta: Y los hubiera vuelto a pintar, más hermosos aún… Pues algo de eso es lo que ha pasado ahora. La torpeza mesiánica de los suicidas ha propiciado que construyamos un nuevo símbolo, más alejado todavía de la uniformidad preconizada por los asesinos. Vale.
No