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"Recado de Escribir", de Santiago Delgado
Opiniones de actualidad y creaciones literarias
Acerca de
Santiago Delgado es Profesor de Literatura y escritor
 
Esperando al Otoño


EL sol comparece y vuelve a comparecer un día y otro. Y el cielo azul, también. Hay una vibración de ausencias de castañeras y hojas secas por el suelo. En esta tierra mía, hay nostalgia de nubes. Y de agua corriendo por el suelo. Como novia altiva, la frescura en el aire se hace esperar y esperar. Y nosotros, novios sumisos, miramos con preocupación a los invitados. El viejo sol del verano, como un jubilado no sustituido, mira también, huidizo y cansado, a todos, como pidiendo perdón. Los termómetros, cual incómodos testigos, delatan los treinta grados subidos, a la sombra de la ciudad en la tarde del sábado o del domingo.
Hay silencio de estío, en estas fechas de Octubre. Una vieja figuración autumnal de campo en siembra y vendimia se disuelve en la trémula niebla del recuerdo, avasallada por los perfiles de la cuadrilla de segadores en un campo de Agosto, infinito de trigo. El eco de las chicharras resuena falso en los oídos, imponiéndose a algún jilguero que trina en las ramas, aún verdes de los plátanos de sombra. Es un verano mentido, intruso en los salones desnudos del otoño.
Pasa el silencio de siesta, en la tarde del día festivo. Y nada hay en el aire que otoño sea. Vela el sol el silencio impuesto por la tiranía incesante de sus rayos. Fatigado, el muro a poniente opuesto, tiene el color que el calor le impone. Y el resto de los sentidos se orienta hacia la nada, subsumiéndose todos en la sensación única de lo térmico. Hay una subyugada rebeldía interior contra quien disponer puede que todo siga igual, que nada cambie. Y hay lamento de que en lueñes tierras sí sea llegado el Otoño. Cadenas de clima sentimos todos, en esta mazmorra luminosa del aire, en esta herrada jaula, herencia del cálido y seco Agosto de todos los veranos.
No hay lágrimas para esta pena. Ni hay pañuelos que enjuaguen llantos inexistentes. Hay resignación como de Cansera, en el rostro único de todos. No es amiga naturaleza, ni es camarada el destino. Inermes estamos ante ambos. Luengas distancias al mar nos secuestran borrascas. Y el aire cálido, pesado y como en dormición nos envuelve. Octubre sin Otoño es como mar sin agua, bosque sin árboles, paradójico oxímoron solamente sostenido en el empirismo fáctico de lo real, no en las extendidas campas de la lógica y la esperabilidad.
Si un día cumplido tenor, es ahora el sol grave barítono, que no abandona la escena. Aunque ya el director de la orquesta dictaminara el cambio de libreto. Nosotros, los espectadores, discretos y educados, continuamos atentos al guión que ideó algún ignorado director, que perdió ha tiempo el sentido del ritmo y del cambio de tempo. Mientras tanto, el sol de la siesta de Octubre sigue dictando silencio de siesta estival a la ciudad. Vale.
No