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"Recado de Escribir", de Santiago Delgado
Opiniones de actualidad y creaciones literarias
Acerca de
Santiago Delgado es Profesor de Literatura y escritor
 
Elogio del papel impreso

Placer del tacto sobre la tersa y delgada, alba capa plena de texto y sentido, de metáfora, de estilo y de mundo en miniatura literariamente compactado. Deleite de la vista, que no es vista, sino cerebro que usa la vista. Sentimiento que desborda el tacto y la vista, con la lectura. Trazo de la tipografía, avidez de la página que sigue. Goce de la postura nuestra, ora sentados, cabe el ventanal, abierto si templa el clima, clauso en invierno; ora tendidos, cual doncel de Sigüenza; ora en pie, como cuando en transporte público, de Metro o autobús. Intimidad de la letra impresa que no somos sino nosotros mismos, reflejados, en poco o en mucho, en los renglones que leemos. Espejo es el libro, cristal son los párrafos, e imagen nuestra lo que allí leemos.
Libros tengas, y los leas, que feliz te harán. O infeliz, que es casi lo mismo. Libros de lujo, grandes y ostentosos, de imágenes plenos; libros de texto llenos, novelas, poemarios, ensayos, dramas, comedias. Libros de instrucciones, modernos y plurilingües. Libros de Horas, medievales y miniados. Libros Sagrados, desde la Antigüedad transmitidos, en rollos y códices, en tablillas, litografías o inscripciones, editados cuando la imprenta.
Loor a Gutenberg, que ideara los moldes primeros. Tener un libro entre las manos es tener siempre un recién nacido, que pide amparo y concede ternura. Incluso el peor de los libros indica dónde no se debe ir. La vista, leyendo, dos veces vista. Descifra el código literario, y contempla las imágenes suscitadas. Ventanas son del universo Quien sólo ve lo que mira, y nunca lee, miope es de la vida, y ciego del mundo. El mundo llevo conmigo cuando un libro en el bolsillo llevo. La memoria, selectiva, conserva tan sólo aquello que nos sirve, aunque ignoremos para qué. Cuando la palabra era tan sólo oral, coja era, en su identidad sonora. La letra impresa cuerpo le dio a esa alma suelta. Oh, sagrado papel que nos redime de la memoria inane.
De cuando en cuando, repaso con la mano los alineados lomos de los libros, por las estanterías de mi casa esparcidos. Saltan los pulpejos de mis dedos sobre ellos, leyendo apenas los inicios de los títulos, sobre el cartón de la portada o la piel. A veces, uno saco de su nicho durmiente, y tras abrir sus páginas, busco alguna frase elocuente que meditar o recordar. Cierro los ojos, alzo la cabeza, y devuelvo el libro a su enhiesto espacio. Revivo así los volúmenes que atesoro en casa, y les devuelvo un poco de la vida que me dieron.
¿A dónde irán cuando yo falte? Y, acaso, también mis libros inquieran dónde iré yo sin ellos. Espero y deseo que sigan leídos, antes de que la noche de su disolución química se cierna siniestra sobre su feble natura, como sobre mí la noche definitiva. Vale.

 
Comentario:
Preciosas palabras para el corazón de los que somos bibliófilos. Me pregunto cómo se puede vivir por completo sin amar los libros, que contienen tanta vida y son capaces de potenciar la de todo aquel que los acaricia con la vista. A propósito, yo también tengo mi casa llena de estanterías repletas de volúmenes y sé la compañía que pueden regalarnos.
Me encanta coincidir contigo en ese rasgo.
No