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"Recado de Escribir", de Santiago Delgado
Opiniones de actualidad y creaciones literarias
Acerca de
Santiago Delgado es Profesor de Literatura y escritor
 
Don Manuel Muñoz Barberán

La víspera del Pilar asistí a una efeméride notoria: la retrospectiva antológica, gran formato, de la obra del pintor Muñoz Barberán, en la Sala de San Esteban de Murcia. Sus paisajes con figuras fueron, desde que las conocí, el referente máximo de lo que mi cabeza pensaba, sin saber aún que lo pensaba, que debía de ser la pintura del tiempo que la vida había dispuesto para mí. Los paisaje urbanos que la infancia me dio como míos, allí estaban, perfectos de dibujo y color, de luz y de volumen, plasmados en lienzo y en óleo. Pero, a la vez, había una calidad narrativa, amable y verista, en aquellos cuadros. Una calidad que yo también veía en las cosas que digo, y que tanto me extrañaba viera alguien distinto a mí. Eso que la pintura puede ser además de arquitectura organizada y oficio pictórico, allí estaba también. Algo que no ve el ojo, que mejor capta el sexto sentido, hecho de cultura y sensibilidad y un además de no sé qué. Las pinturas de Muñoz Barberán, pues, explicitaron la primera síntesis del entorno que la vida me brindó.
Por eso, comprendan, tanto gusto ahora de su pintura. Añadamos el hecho, lamento que también autobiográfico, de que el primer cuento que publiqué, allá en el 81, tuvo a bien el maestro ilustrármelo con cuatro preciosos dibujos, que aún cuelgan en mi casa. Cuatro escenas, que hoy son testimonio, de los operarios del Molino de Roque, así como del molino mismo y la cuesta que a él abocaba, en los aledaños de lo que hoy es Pasarela de Manterola, desde los inicios del Malecón, hasta los límites orientales del Barrio. Lo hizo a instancias de su hija Fuensanta, a quien desde aquí renuevo mi agradecimiento. Yo no era nadie en 1981. Casi tan nadie como ahora, y el pintor se molestó en ilustrarme. Muchas gracias.
Muñoz Barberán indagó en la pintura como testimonio y luz, pero sin emborracharse de impresionismo. Se alejó tanto del hiperrealismo como del manchonismo pictórico, pseudovanguardista. Su realismo fue un realismo posible, que permitía vibrar a la luz en el lienzo, aunque no la dejaba adueñarse de él. Los perfiles de sus cuadros, monumentos, edificios, personas, y elementos vegetales varios, ahí estaban conviviendo alegres con la iluminación de partida. Una iluminación nacida, previamente, en el magín del creador, para desparramarse después, no sin magia, sobre las solanas y las umbrías de sus cuadros.
En esta muestra, que tanto atiende al gran formato, el tema murciano, levantino en mejor y más amplia concepción, combina con los de otras latitudes, donde otra calidad tienen el sol y las nubes. Venecia, por ejemplo. En todas ellas, y muchas más que por el mundo se hallan, sobresale magistral la paleta realista y moderna, y también amable y sugestiva, de Muñoz Barberán. Otro día hablaré de la calidad risueña, de un ingenioso humor escondido, muy murciano, rastreable en sus lienzos. Maestro, muchas gracias. Vale.
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