Bocetos y dibujos de Mariano Ballester

Dibujo de Mariano Ballester
Acudo la otra noche al Museo Gaya, y me doy el gustazo de contemplar la exposición que el fino olfato de Manuel Fernández Delgado ha montado en estas calendas, ya por fin otoñales. Mi debilidad por Mariano Ballester viene de antiguo. Conocía sus cuadros de tanto andar por la casa de Juan Bautista Sanz, hijo de coleccionista y mecenas del Arte. El mismo Juanito fue quien me propuso como portada de mi primer libro, La Isla de las Ratas, un cuadro de Ballester, La Muerte del Pájaro, de 1955.
Volví a rememorar, en el Gaya, ese infantilismo auténtico del pintor, nada confundible con el naif tramposo, garabatero o étnico, tan al uso. Ballester reinterpretó a los niños con su grafismo seguro de apariencia azarosa. Sus manchas, informalmente difusas sobre esos multiplicados perfiles, daban ese aire de infantilidad tierna y encantadora, auténtica, que emanaba y emana de sus obras. En el Gaya vemos, como reza el título, bocetos y dibujos; una obra a la que convencionalmente, hemos de llamar menor. Pero que, al fin y a la postre, nos sigue emocionando porque saca el niño que fuimos, y que aún se alza de puntillas para ver la inmaculada inocencia en su estado prístino, de sus creaciones.
Hace falta haber dejado atrás, superándolo, mucho bagaje de pintura, de dibujo, de sombreado, de volúmenes, de cromatismo armónico y de oficio pictórico, en fin, para poder llegar a esa simplicidad emotiva, que referida a la mejor realidad, la trasciende por completo, para llegar al terreno del sentimiento de la pintura. Vidrieras, dibujos, bocetos para murales de cerámica, con unos temas nimios, conforman todo un mundo, el de Mariano Ballester, para el que sólo cabe la adjetivación elogiosa que habla de encanto, inteligencia, humanismo y hermosura.
Mariano Ballester fue uno de mis pintores cuando descubría el mundo, en aquella Murcia de los sesenta. Me imagino al pintor en el acto de fijarse en una postura, en un gesto, en un ademán de los niños con los que se cruzaba o que veía, en cualquier ambiente. Una amalgama de captación visual, inteligencia distribuidora del espacio y una gran dosis de sentimiento humano, actuaría en su cabeza, incitando a sus capacidades reproductivas de la realidad. Creo adivinar que su mano más sería guiada por su corazón que por su cabeza. Era un narrador pictórico de la anécdota infantil. Un notario gráfico de la ternura elemental de la infancia.
Ahora, cuando miro y remiro las reproducciones del catálogo, magnífico, me viene a la cabeza esa fácil creencia de suponer fácil lo que Mariano Ballester hacía. Pero hoy, como cuando entonces, acabo entreviendo cuán laboriosa es, o puede ser, la autenticidad el Arte. No es baladí, poner al servicio de la simplicidad, que no de la simpleza, las arduas técnicas de la mejor pintura. Mariano Ballester lo logró. Vale.
Comentario:
Hola Santiago
Veo que aunque eres escritor, tienes una sensibilidad especial con los grandes pintores de Murcia,. No sé si será mucho pedir un escrito tuyo para mis cuadros, por lo que a mi respecta te lo agradecería muchísimo.
Veo que aunque eres escritor, tienes una sensibilidad especial con los grandes pintores de Murcia,. No sé si será mucho pedir un escrito tuyo para mis cuadros, por lo que a mi respecta te lo agradecería muchísimo.
Comentario:
Muy bonito. Un beso, Aurora





