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"Recado de Escribir", de Santiago Delgado
Opiniones de actualidad y creaciones literarias
Acerca de
Santiago Delgado es Profesor de Literatura y escritor
 
Teruel vive

El viajero arriba a Teruel casi por sorpresa. Cuando pone pie en el suelo, el sol hermosea las torres mudéjares que naturaleza conceden, y personalidad, a la pequeña urbe. El ladrillo responde con su mismo lenguaje al ocaso. El Otoño se viste con el traje azul del anticiclón reinante en toda Europa. Es la primera hora de la víspera, y nos reciben unas calles vacías, llenas de cierto elocuente silencio que tanto dice al que sabe escuchar. Es un idioma secreto, lleno de asumidos agravios para el gran olvido que tantos y tantos tienen hacia esta tierra. Hay una siesta, aun en vigilia, que el viajero tiene sensación de romper.
De pronto, al cabo de angosta calle, surge modesta pero hermosa, una de las Torres, la que custodia el Mausoleo de los Amantes. Como intrusos pasamos sin profanar el recinto donde duermen el sueño eterno Juan de Marcilla e Isabel de Segura. Leyenda dieron a la ciudad, y eternidad al amor. Doblamos hacia la Plaza del Torico, potencia celtibérica en su robusta pequeñez, sobre columna dórica elevado. Tótem hispano, que es como el referente urbanita y principal de los osborne tenebrosos del campo y carretera. Obra municipal cerca al astado fiero y petito, que nos hace rodear, para seguir la senda de las Torres Mozárabes.
Arribamos así a la Catedral, armónica conjunción de reja y tejados, que ayudan a la mirada a dirigirse hacia la misma Torre, siempre con la verde cerámica ornando las alineaciones de ritmo cambiante del enladrillado. Una sensación de fuerte compacidad intelectual de proyecto previo, emana fácil y evidente, del conjunto. La dulce sensación de lo provinciano, rica en sosiego y sabiduría vieja, se apodera del espíritu en su contemplación. La plaza, en suave declive, habla de la preponderancia divina sobre lo humano.
Y es luego otra de la Torres, acaso la de mayor perspectiva: la de San Martín, abierta a plaza franca, con buena apertura espacial que presidir. Los pilares cónicos cantan el arraigo a la tierra, hundido en las raíces mismas de lo telúrico de cada turolense.
La visita, breve por mor de lo programado, se ha de acabar. El viajero y sus acompañantes preguntan a uno de los primeros paseantes por buen local donde degustar el bien afamado jamón de Albarracín y demás comarcas del entorno. Llegados al recomendado enclave, sentados en torno a cuadrada mesa de pino, arriban hasta tres platos de jamón bien cortado, cuyas finas lascas deshácense en los paladares de los bienafortunados viajeros.
Mientras, el sol ha cumplido su tarea final en Teruel: sus últimos rayos han ascendido por encima de las veletas de la Torres, y buscan, cielo arriba, el imposible del infinito por iluminar. Cuando salen de la degustación, ya el cielo enceniza su color. Buscando el Callejón de los Amantes, emprenden el camino de vuelta a sus trabajos y sus días. Teruel existe, vayan a Teruel. Vale,
 
Comentario:
Me ha encantado. Sí, muy bien.
Besitos
No