Comunicaciones personales

Ocurre con Internet. Ha demostrado que fin del aislamiento personal no es igual a cese de la soledad. Los adelantos tienen eso: descubren nuevas separaciones de términos. O de conceptos, más bien. Podemos comunicarnos con gentes allende los mares, incluso con cierto grado de intimidad, pero es posible que sigamos solos. Comunicación no es igual a compañía. Falta el gesto, el tono, el semitono, el tacto incluso. Lo sensorial. Conocemos a la gente por todo esto. Además de por sus ideas y por sus palabras. Ideas y palabras pueden ser dadas por máquinas. Los sentimientos, no. Hay muchos niveles de sentimientos. No sólo los que marcan hito en la vida. La existencia está llena de pequeños sentimientos de todos los días. Yerra quien se entrega a los correos electrónicos como terapia para su soledad. Como yerran todos los adolescente, y no tan adolescentes, si buscan vacuna contra la soledad en el botellón.
Internet y el botellón, también los mensajes de móvil, son sucedáneos de la felicidad. Si es que la felicidad es la ausencia de soledad. No nos sanan de esa enfermedad del espíritu que es la soledad. La comunicación, en tanto que sustituye a los sentimientos de afinidad o rechazo que provienen de la vista carnal de las personas, no vale nada. Es eso solamente: comunicación. No hay que conferirle taumaturgias improcedentes. Es como pretender broncearse con el sol del invierno, con perdón de la levedad de la comparación.
Pero ocurre, ay, que uno puede ser inconsciente de su soledad. Entonces estamos ante un caso de inconsciencia. Se puede ser feliz siendo inconsciente de las cosas, incluso de sí mismo. Padecer soledad e ignorarlo. Entonces, sí, como narcótico, pueden servir estas herramientas. Pero son herramientas que, como el hombre a los dioses, se nos pueden rebelar. Y su rebelión es atraparnos en sus redes. Podemos llegar a depender de la recepción de correos electrónicos, como los adolescentes en vías de descarriarse, dependen del botellón para relacionarse. O del mensaje de móvil. Muchos adultos, dependen del mensaje electrónico. O no saben que dependen del correo electrónico para ser felices. Insisto, la soledad no se cura con estas comunicaciones electrónicas. El Paraíso sigue estando dentro de nosotros, no fuera.
La soledad, ay la soledad. Más quita la soledad una carta postal, con sobre manuscrito, y cuidada caligrafía, que cien correos electrónicos. Los correos electrónicos son escritos, en su mayoría, por desconocidos. Es muy significativo que el género correo electrónico haya prescindido del estilo epistolar formulario: Querido amigo, Suyo afectísimo, etc. O preguntar por la salud y la familia. Se entra directamente en materia. Excusamos la buena educación en el texto. Es como una extensión del registro oral.
Es otra cosa que la carta. No hay cartero, que, a veces, algo más era que vehículo transmisor del sobre, donde temblaba la letra de nuestro deudo, antes conocida por sus rasgos que por consulta del remitente. Vale.
Comentario:
Qué razón tienes y cómo lo demuestra la constatación de tanto joven, y menos joven, que no sabe desligarse de estas herramientas tecnológicas que jamás podrán sustituir la calidez de un rostro amigo y una mano que nos palmea el dorso de la mano mientras nos dice: "Tranquilo, estoy aquí".
Además, qué personal es la caligrafía de cada uno de nosotros y qué uniformadora la letra de "máquina" que esconde en su uniformidad la personalidad emotiva del que escribe.
Además, qué personal es la caligrafía de cada uno de nosotros y qué uniformadora la letra de "máquina" que esconde en su uniformidad la personalidad emotiva del que escribe.





