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"Recado de Escribir", de Santiago Delgado
Opiniones de actualidad y creaciones literarias
Acerca de
Santiago Delgado es Profesor de Literatura y escritor
 
El Librero de La Atlántida, de Manuel Pimentel

Como toda buena novela, esta obra de Manuel Pimentel es algo más que una novela. Implica nada menos que el destino del hombre, y aporta una teoría de la coyuntura actual de la especie. Por eso, estamos ante algo más que una novela. La trama se desarrolla en estructura de tirabuzón. Los trancos históricos, míticos, mitológicos, referidos a La Atlántida, se alternan con los de la actualidad, que trazan un vigoroso fresco de la España hodierna, la del periódico diario. La primera se desarrolla exclusivamente en monólogo interior, y letra cursiva. Sus protagonistas son los últimos habitantes de la Atlántida: dos sumos sacerdotes, una sacerdotisa y otros. En la trama actual, sobresale el que da nombre a la novela el joven Alejandro, oscuro librero, depositario, sin saberlo, del último secreto de la perdida civilización bética.
Los dos contextos van convergiendo en la novela hasta fundirse en uno. Lo mismo que los espacios y las personas, en una suerte de transfiguración de antiguos en modernos, y en la asunción de éstos por aquéllos. En medio, el descubrimiento, en las alturas aledañas a Doñana, de los restos arqueológicos de los templos atlantes. Pimentel razona el afloramiento, en personas y en yacimientos arqueológicos por el hecho de parecer estar la Humanidad ante un nuevo cataclismo tal cual arrasó la Atlántida del oricalco y la colonización del Paleoegipto anterior a la civilización del Nilo. La disminución de la fertilidad, la noticia, cada vez más recurrente, de tsunamis, volcanes en erupción, ciclones, tornados, etc, hace pensar al narrador, no se sabe si al novelista también, en un inminente final, del que el calentamiento global no es sino un heraldo mentiroso. Estamos, en la actualidad, pasados ya dos mil años largos del actual periodo interglaciar. Es justo el tiempo en que, de nuevo, los hielos vuelven a bajar hasta los Pirineos. La mente colectiva recuerda el anterior cataclismo. El ciclo termina.
Pimentel nos muestra a Tíscar y a Senés, sacerdotes de la Atlántida, enfrentados por su análisis de la situación. Para Tíscar es posible calmar a los dioses, pactando con ellos. Para Senés, nada puede hacer el hombre sino destruir la naturaleza, que, al final habrá de vengarse. Es la eterna lucha del integrado, Tíscar, contra el apocalíptico, Senés, según la acertada denominación de Umberto Eco. El hombre, parece ser, no puede operar sino destruyendo la naturaleza. Unicamente puede destruirla poco. Pero no obviar tal designio. Para los apocalípticos, vale gozar al máximo, y tomar en intensidad, lo que la realidad niega como extensión.
Estamos, pues, creo, ante un Tratado de Economía Trascendente. La que trata del final del hombre. Estamos ante los límites del crecimiento como tema, en forma de novela. Así como el verdadero asunto del Quijote eran los Límites de la Utopía, El Librero de la Atlántida es una novela de conocimiento, cuya ultimidad es la de advertir sobre la posible inminencia del final absoluto. Vale.
No