Los Amantes de Mantua

El romanticismo sólo nos duró unas horas. Los dos esqueletos neolíticos de Mantua, o más exactamente, de Valardo, no murieron por amor. Murió él, y la tribu sacrificó a la chica, para que viajase con el varón a las grandes praderas del Más Allá. No hubo suicidio conjunto por amor, ocho mil años antes del Romanticismo europeo. Se han encontrado las armas rituales con las que se sacrificó a la chica. Decimos chico y chica, pero, para la media de duración humana de la vida de aquel entonces, deberían ser dos personas bien maduras. Los pusieron uno frente a otro, encogidos, en postura fetal, como si quisieran retornar al seno materno. Por eso, repito, el romanticismo de la noticia sólo duró unas horas. Como todo romanticismo, al fin y al cabo. Durante ese tiempo volvimos todos a creer en el amor, y en su inmortalidad. Los neolíticos habían inventado la agricultura, y el amor. Fuimos felices durante el tiempo que duró la ilusión.
Pero un maldito arqueólogo sin un ápice de poesía en sus venas, descubrió las piedras incisorias, las relacionó con los ritos de Tánatos, y dio al traste con nuestras ilusiones. Y uno sueña con arqueólogos enamorados, que destruyen pruebas de la falsa realidad de lo cotidiano, y crean mitos que duran y que les sirven a las gentes para creer en algo. Como Verona, Mantua iba a tener sus amantes, como Teruel… Pero no ha podido ser. Un caso de machismo tribal, nada más. La Mantua de Virgilio, monarca de hexámetros, podría ser la Mantua de los amantes neolíticos. Y hasta allí irían los enamorados para posar en la postura de morir de amor de los dos humanos, hombre y mujer, y jurarse así amor eterno, no concluido ni siquiera con la muerte, en quevediana antítesis. Un día en Verona, para salir al balcón de Julieta, al siguiente en Valardo, para posar tendidos cual enamorados de la Edad de Piedra. Tantos miles de años de amor.
Quién sabe si la mujer fue al sacrificio enamorada, entregada, plena de destino logrado, a reunirse con su amado. ¿Por qué no? ¿Quién conoce el corazón de los hombres? Por no decir el de las mujeres… ¿Por qué no, a pesar de ser sacrificada por los suyos, a posteriori de la muerte de su marido o novio o prometido, incluso aunque fuese amo… seguir suponiendo que murió por amor? ¿Por qué no pensar en una historia de amor, a pesar de lo que delatan las puntas de silex homicidas halladas junto a los cuerpos, o lo que queda de ellos?
Yo deseo que así sea, y que pasen por amantes a pesar de los arqueólogos y los científicos de la Socioantropología de la Antigüedad. Y que sean así universalizados, como icono de amor, por todo el orbe. Eso deseo y espero, y brindo por ello, e invito a todos a creer que fue el amor quien unió a los dos seres hallados, dicen que luego de casi ocho mil años durmiendo el sueño definitivo. Vale.
Comentario:
La verdad de las ficciones, siempre (desde el neolítico).
Comentario:
Salta la noticia a los diarios y al tiempo nos las comentas en clave literaria, poética,dándole la hermosa apariencia de un paradigma de fidelidad en que no nos quieren dejar creer.A veces la investigación rompe mitos que nos habían conmovido, ingenuamente contentos porque los estimábamos como verdades a las que acogernos buscando abrigo en este mundo de frío utilitarismo. Es hermoso el mundo de la utopía, si no, que se lo pregunten a quienes han vivido en él y por él, como don Quijote.Y en esto del amor,cuánto mejor es creer en su eternidad. Al fin y al cabo, a menudo la vida es para cad uno lo que ese uno cree que es.Muy bueno tu comentario. Estoy plenamente de acuerdo contigo. Creamos todos que los amantes de Mantua lo fueron en realidad.
Comentario:
¿Qué pena verdad? Pero tadavía hay personas como tú que lo piensan y los valora (el romanticismo digo) y este es un punto muy positivo. Pero, ¿en el futuro? ¿Qué pasará con estos chicos que no saben ni que existe el romanticismo?





