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"Recado de Escribir", de Santiago Delgado
Opiniones de actualidad y creaciones literarias
Acerca de
Santiago Delgado es Profesor de Literatura y escritor
 
Desventura de Céfalo y Procris

Segundo jueves de Febrero, y nuevo esclarecimiento de los fondos del MUBAM. Tema mitológico. Céfalo y Procris. La voz, sabia, emocionada y emocionante de Consuelo Álvarez, Catedrática de Filología Latina, desveló la triste historia, pero bella y eterna, de los dos esposos, a quienes los dioses castigaron con el capricho de los celos; acaso envidiosos de esa virtud, tan escasa en el Olimpo, de la fidelidad. El aire, según Calderón responsable de los celos, fue comandado por los inmortales para rasgar la cárcel de envidia en la que vivían ellos mismos.
En la versión española que la misma ponente, con ayuda de Rosa Iglesias, realizó para importante editorial, Ovidio cuenta de cómo la Aurora rapta a Céfalo, el fiel marido. Impotente para hacerle ser infiel con ella, lo devuelve a su esposa, en otra forma, para que indague si en verdad, Procris le guarda la misma fidelidad con que él la honra. Tras dura persistencia, Procris va a ceder, y entonces Céfalo retoma su forma primigenia. Avergonzada, Procris huye, buscando el amparo de Diana, la diosa virgen por excelencia. La diosa la acoge y le hace dos regalos, una lanza y un perro. A mí se me antojan el poder y la fidelidad, secretos del matrimonio. Diana devuelve a Procris en forma de hermoso galán masculino, con misión de seducir, homosexualmente a su marido. Cuando está a punto de conseguirlo, se acaba la metamorfosis, y Céfalo comprende, Procris comprende, y se reconcilian. Como señal de la reconciliación, la esposa le ofrenda los dos regalos, perro y adarga. Felices viven, hasta que un día, un tercero, el agente bienintencionado de toda tragedia de amantes, le dice a Procris, que ha visto a Céfalo llamar a Brisa, uno de los nombres de Aura, la Aurora, en medio del bosque. La esposa vuelve a sentir la punzada del engaño en sus entrañas, y una mañana se va en pos, secretamente, de su marido, ido por bosques y espesuras, en venatorio afán. Cansado de correr la umbrosa selva, Céfalo invoca a la brisa, para que le refresque el ardor que la caza le ha proporcionado. La queja del lancero es escuchada por su oculta cónyuge, que sale de su escondrijo, qué importa si para abrazar a su marido, tras reconocer su error, o para recriminarle necesitar tanto a la mentada Brisa. El caso es que, asustado, Céfalo se vuelve, y antes de cerciorarse de quién se trata, lanza su infalible venablo dianesco al bulto. Al instante, contempla con pasmo insólito, que ha matado a su gran amor. Procris muere en brazos de Céfalo, quien, ya viudo, cuenta en su vejez, la historia.
El cuadro, del murciano Pedro de Orrente, fue pintado en siglo XVII, y se acoge a la tradición de envolver todo en nemoroso paisaje, en uno de cuyos rincones, aparece, envuelto en invisible medallón, la escena en que, con pasmado gesto de abiertos brazos, Céfalo advierte, bajo él, el cuerpo exangüe de su esposa, traspasado por su propia lanza. Un cervatillo huye espantado por las cercanas umbrías.
Bella historia, que oída a Chelo Álvarez, tiene toda la grandeza humana que a esta prosa le falta. Vale.
No