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"Recado de Escribir", de Santiago Delgado
Opiniones de actualidad y creaciones literarias
Acerca de
Santiago Delgado es Profesor de Literatura y escritor
 
Susana y los viejos, por Rubén Castillo

Escuchamos al novelista Rubén Castillo su disertación sobre el cuadro del XVII, Susana y los Viejos, copia de un Bassano, italiano del tiempo. Como novelista, Rubén nos habló de la psicología del cuadro. Ciertamente, sucede que los hechos bíblicos no se corresponden con lo observado en el lienzo comentado. La casta Susana, que padece repudio y desnudez pública por la impudicia de los dos ancianos jueces judíos, aparece en el lienzo, inesperadamente tranquila, con sus manos bien expresivas. En lugar de manifestar impotencia, desesperación, por la aviesa intención de los dos malvados ancianos, la Susana del cuadro del Mubam ofrece en su izquierda la impresión de que está procediendo a destaparse, y en la otra, una languidez mayúscula, poco avenida con el sobresalto.
Para Rubén, los lúbricos jueces parecen Reyes Magos en Adoración; en lugar de libidinosos chantajistas, que, de cualquier manera, van a dar al traste con la castidad de Susana. Son seres humillados ante su belleza. El perrillo que junto a ella duerme o yace, bien habla de la virtud asignada a la bella: la fidelidad. Los conejos, en tanto que concupiscencia, delatan la verdadera intención de los dos varones, uno que adula y otro que se esconde tras de un árbol. No son los vencedores de la situación. Es una versión anómala. Rubén Castillo mostró otras versiones, en las que la desgracia de la joven queda bien patente. Trágica la de Artemisia Gentileschi, pintora del XVI, violada a los 19 años.
Susana, en trance de bañarse en su jardín, manda a la servidumbre a por ungüentos propios de tal función. Interregno que aprovechan los dos pervertidos para imponerle su chantaje: o accedes a nuestros sucios deseos o denunciamos tu fornicio con varón, por nosotros mismos inventado, en este jardín. La desesperación de Susana es descomunal. No tiene salvación. Opta por hacer frente a la dolosa denuncia. Como castigo es desnudada en público. El caso tiene más en cuenta el testimonio de los juristas. Pero Susana, aceptando su fin, encara a Jehová y le pide ayuda. El Supremo manda a Daniel, quien, como en la primera novela de policías y ladrones, toma testimonio a los dos indeseables. Uno asegura haber visto a Susana y al adúltero bajo un lentisco; el otro bajo una encina. Descubierta la superchería, el caso es reabierto, y la honra de Susana recuperada.
La fina observación psicológica del ponente apuntó las tres miradas que faltan en el cuadro, la de Dios, callada, la de la plebe que condena, borreguil, y la de Joaquín, el marido que da pábulo a la infamia. El autor acaso tomó el tema como pretexto para plasmar con Susana su ideal de belleza femenino, según la época, pero, en ninguna medida, interpretar según sus propias reglas internas, el tema escogido. Rubén calificó al cuadro de feminista, pues es la mujer quien domina, inesperadamente, la situación en el conjunto. Vale.
 
Comentario:
Interesante interpretación de la historia bíblica de una infamia perpetrada contra una mujer. la fe en la justicia divina la salva, los viejos lascivos se someten a su belleza en este lienzo, quizás porque se saben indignos de acercarse a ella para palparla como objeto de posesión. Me resulta clarificadora la interpretación de Rubén Castillo y el traslado que de ella nos haces en este blog tuyo. Como siempre, es un placer leer lo que escribes.
No