Azahares

Ahora son los naranjos. Descargados de su dulce peso en el cogollo del invierno, lucen en estas calendas las blancuras diminutas de sus carnosos pétalos albos. No hay naranjas en los naranjos. Hay flores de azahar, la flor de las novias, por lo menos de las novias de antes. El verde serio de los frutales se alegra de este blancor de novia, apenas visto desde lejos. Paraos a verlos, por las aceras de la ciudad, y mirad de reojo alguna cúpula azul, barroca y mediterránea, que pudiera haber de fondo, así, borrosa pero presente. La primavera, dijo el poeta, es niña errática y desnuda. Y estos días lo son, estos días en que el ciclo climático va llegando al punto de inflexión, en el hemisferio norte. Fresquito de mañana, calorcito de mediodía. Qué raro se les debió hacer a los primeros colonos europeos tener en contradicción los meses y el clima.
Pero los naranjos son generosos, y tardan poco en convertir la tierra en savia, y ésta en el fruto que dio nombre al color. Como la rosa. Es el objeto quien dio etimología al cromatismo. Ni siquiera las hojas, con ser todas, o casi todas, en el mundo, verdes, no fueron capaces de dar nombre al color propio. La rosa y la naranja, sí. No hay casualidad en estos aconteceres a los que la ordinaria cotidianidad concede el don de la existencia. El resto de cosas naranjas o rosas cede tributo, así, a estos acontecimientos de la naturaleza. Eso está bien.
Dicen algunos que lo han vivido, que en el Viernes Santo, en la Plaza de las Flores de Murcia, cuando acacece la Semana Santa en la fecha precisa, y converge la condición climática requerida, surge en dicha plaza, cuando la Procesión matutina de los Salzillos, una conspiración de olores, única: los azahares de los naranjos municipales, el olor de la cera derretida de los nazarenos, y el resto de aromas de las flores de ornamento de los pasos, así como del posible incienso de los sahumantes que acompañan la sagrada ocasión. Quien lo percibe experimenta una sensación, no del todo ajena a la experiencia mística, con perdón de la hipérbole. Con ser inigualables la componente visual, la sonora de la respetuosa y feble algarabía de la festiva ocasión, incluso la táctil del primer sol caliente, ya no tibio, del año, y resto de sensualidades, no se pueden comparar con ésta que digo y que sólo la pituitaria, casa del sentido más espiritual de todos, puede obsequiarnos. Alguna vez, pruebe a vivirlo.
Los azahares son el preludio de la naranja, y la naranja, Pero Grullo lo diría, son dos medias naranjas. La sabiduría popular asimila emparejamiento y naranjas. Las naranjas se parten ecuatorialmente. Nunca casan hemisferios de naranjas diferentes. Y el olor de azahar se identifica con las novias. Azahar significa ilusión. Rosas son pasiones. Al pasar junto a un naranjo de estos, corte una florecilla, y préndala en su ropa. Quienes lo miren, sonreirán. Es bastante. Vale.
Comentario:
Me pregunto cuántas sonrisas has sorprendido ya en los que han seguido tu consejo y han prendido la flor de azahar en su solapa o en su escote, en caso de mujeres en atuendo de primavera.Supongo, sin arriesgar en la apuesta, que han sido muchas.
El azahar florecido en nuestros naranjos y limoneros hace florecer, a su vez, la sonrisa, la más hermosa flor del rostro.Aroma de azahar, aroma de alegría.
El azahar florecido en nuestros naranjos y limoneros hace florecer, a su vez, la sonrisa, la más hermosa flor del rostro.Aroma de azahar, aroma de alegría.





