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"Recado de Escribir", de Santiago Delgado
Opiniones de actualidad y creaciones literarias
Acerca de
Santiago Delgado es Profesor de Literatura y escritor
 
Petrarca, 6 de Abril y Viernes santo

A Rubén Castillo, que me lo recordó
En el raro mundo de los algoritmos lunares acaece este año una rara casualidad poética. Viernes Santo es también, como en 1327, el día 6 de Abril. Y raramente también, en Santa Clara de Aviñón, más lucirá el sol aunque haya nubes. Pues sol fue la luz que en el rostro de Francesco Petrarca, hijo de guelfo exiliado en la capital francesa, se proyectó, aquel año y en aquel mismo lugar sagrado, como un rayo interior, asimismo raro, que sacó de las tinieblas medievales a la torpe lírica de los trovadores. Aquel sol era Madona Laura, inconfesada dama por siempre escondida de la voz del cavaliere poeta. Removióse la Poesía entera, y abriéronse de par en par las puertas del Renacimiento.
Hogaño, Viernes Santo y 6 de Abril -como entonces- qué remedio queda a todo amador de la Poesía sino conmemorar la efeméride. Un manantial de palabras, cadenciosas, portadoras de un sentimiento nuevo, que se alejaba de aquel amor cortés, de talante feudal, surgió impetuoso y cristalino, inaugurando la medida del hombre, idealizada, para calibrar la Creación. Non era l'andar suo cosa mortale, / ma d'angelica forma; et le parole / sonavan altro, che pur voce umana. Tal sonaba, fluida, armoniosa, la expresión de amor del poeta, transfigurado aquel Viernes Santo en el exilio de Aviñón, por la contemplación de la amada en el sacro templo de Santa Clara.
680 años, casi 250.000 días, números todos. El 7 mismo de las unidades de año de ambas cifras, la de este cuándo que rememoro, y la de este ahora, en pleno XXI. Conjuradas cifras que alguien hará revivir en la ciudad de la tiara cisalpina. Oh, quién estuviera allá esta mañana, entre Tercia y Vísperas, antes que los Santos Oficios clausuren durante tres días el templo con el ordinario de Tinieblas. Dicen que las piedras tienen un secreto mundo de recuerdos, y que, tocándolas, puede percibir uno algo de todo aquello de que fueron testigos. Siempre ando yo tocando las canterías de los monumentos seculares, milenarios, palpando su tacto rugoso, y apreciando, con el más carnal de los sentidos, aquello que pudiera haberse quedado a la superficie prendido, y que nunca los ojos saben en profundo significado. Yo espero que si es que las piedras saben que es, como entonces, Viernes Santo, especial vibración habrán de dar a quien las acaricie, esperando encontrar el petrarquesco temblor ante la visión de la amada.
Las columnas de Santa Clara arrojarán fuego a la vez y hielo, como tantas veces describiera el poeta, para hablar de aquel sinvivir que le aherrojó el alma para siempre. La Poesía Universal le debe a este día eso precisamente, su universalidad. Y los lectores de Poesía la más última razón de sentir lo que sienten cuando perciben el estremecimiento poético, que adicciona. Algún día, acudiré a Santa Clara, en Aviñón, un 6 de Abril, pero… ¿será Viernes Santo? Vale

 
Comentario:
El misterio de los sentimientos repetidos una y otra vez -y siempre sentidos como únicos e irrepetibles- a lo largo de los siglos, al margen de los avances técnicos, científicos, artísticos... Es la eternidad misma eso del amor.
 
Comentario:
Es inevitable. Un escalofrío que recorre la memoria y hace sentir en el alma el pálpito azaroso de un encuentro apasionado y súbito. Benditas las tantas voces esparcidas por Francesco y por todos los francescos que en el mundo han sido. Abril tenía que ser el mes y Santa Clara la iglesia en donde, como arroyos dorados, brillasen los cabellos de aquella Laura idealizada por el poeta Han pasado los años y muchos abriles se han desdibujado en el marco de una primavera colorida y alegre. La iglesia de Santa Clara ha sido reconstruida y renovada, su escenario ya no alimenta los ojos con la visión de un pasado que sólo el tacto rugoso de la piedra puede todavía insinuar. Pero fue allí, que con mujer real o sin ella, Petrarca centró, bautizó, sacralizó el trascendente sentido de la entrega amorosa: “muerte y vida me dan igual desvelo, por vos estoy, Señora, en este estado”. Y el estado de amor quedó testificado en vida y en muerte, con dependencia absoluta: “la mente que al loarla consagrada, en Ella y sólo para Ella vive”. Platón quedó allí humanizado, enriquecido con el hálito del aroma poético. Dolorido sentir de amor, justificado sufrimiento que embriaga y desborda con delicias que regalan mientras queman. Podríamos hoy preguntarnos, 680 años pasados, sobre la vigencia de esa trémulo sentir que aherroja y subyuga sin compasión, que esclaviza sin democracia, que tiraniza más allá de las ideas, de las clases y de las razas; podríamos preguntarnos por su sentido neuronal y, al mismo tiempo, por ese algo que se escapa y que trasciende, otorgando nuevos sentidos a una generosidad gratificante, justificadora del mayor de los altruismos. Amigo Santiago, muy buen texto el tuyo y estupendo recuerdo el de este sentimiento angelical y diabólico que nos confirma poéticamente que el significado del amor no se encuentra en la realidad, sino en nuestro íntimo sistema referencial: “Para ver la belleza de Laila se necesitarán siempre los ojos de Majnún”.
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