Síntesis vs. Abreviaturas
Comenzamos por la presencia, en el título, de una abreviatura: vs, que quiere decir, explico para indoctos, versus; en latín, contra, frente a. O sea, que el título alude a que hay guerra entre tales dos formas de expresión semiabortada. En segundo lugar, hay que aclarar que la expresión a la que se refiere la crónica, no es otra sino la escrita. O, mejor dicho, digitalizada. Ya no escribimos. Escribir es un hiperónimo, o nombre genérico que se despliega en una serie de concreciones. Se puede manuscribir (antes, tan sólo escribir, sin más), se puede (podía) mecanografiar, y se puede, y se hace, digitalizar. Ya no escribimos con la mano, sino con los dedos. Y la mayoría, como yo, con dos dedos: en mi caso, los dos dedos corazón. Estos párrafos adquieren su realidad mediante la digitalización.
-O sea, jefe, que en la Escuela del Futuro, el maestro dirá: ‘Niños, vamos a digitalizar una redacción’, ¿no?
Exacto, pero siempre en el caso de que siga habiendo maestro, que a lo mejor hay tutor electrónico a distancia, o sea, virtual. Pero, sigamos con los nuestro. El caso es que hoy digitalizamos. Manuscribimos poco, y mecanografiamos menos, casi nada. Escribir queda como palabra supernumeraria, por encima de las tres antedichas.
-Entonces, hay dos maneras de digitalizar, ¿es no es?
Es, ciertamente. Las dos maneras de digitalizar son las del título. Ocurre que de cincuentones para arriba, somos hijos, o nietos más bien, del telegrama. Y optamos por digitalizar en clave de telegrama. O sea, plasmamos en el móvil mensajes del tipo: ‘Todo bien stop llego mañana stop saludos stop’. Una mezcla de lenguaje de indio apache de película y de niño pequeño que aprende a hablar. En cambio, los treintañeros y demás jóvenes, optan por la abreviatura: ‘tdo bn, llgo mña, slds’. ¿Lo cogen? Es la predilección por la abreviatura, frente a la preeminencia dada a la síntesis. La síntesis era una estación obligada por la economía. El telegrama se pagaba por palabras. Y en esta tesitura, las preposiciones, artículos y demás partículas átonas eran sacrificadas en aras del siempre parco bolsillo. Esto de los telegramas merece capítulo de nostalgia aparte; aquellas palomas azules de corazón blanco, plegadas como abrazo íntimo, siempre portadoras de lo más malo y de lo más bueno. Pocas veces era triviales sus mensajes. El cartero con telegrama siempre suponía momento de intensa zozobra para los receptores. Ya seguiremos, afirmo, con el tema.
La generación móvil, los nacidos más acá de la Transición, huyen de la síntesis, y practican, con entusiasmo de pecadores noveles, la abreviatura. No ahorran una palabra, pero la travestizan de siglas indicativas en minúscula. El ahorro no vale: el mensaje vale lo mismo, y su dedo pulgar vaiviene a la velocidad de la luz por el pequeño teclado digital enviando sus mensajes crípticos, pero completos. Vale





