Monólogo de Francisco (Exposición de Salzillo)

No modelaba ni esculpía para trascender mi edad de hombre. Si de algo puedo presumir es de que todos sabéis eso. No dejo de agradecer por ello el buen recuerdo que vosotros, los murcianos, tenéis de mí. Eso es claro. Pero habéis de saber que todo vino por sí solo. Dios, Nuestro señor, lo quiso así. Primero, heredar el taller de mi padre, haciendo frente a los pedidos de urgencia o inmediatos, junto con mis hermanos. Después, el resto, todo él de manera continuada, hasta mis últimos días, siempre aquí, en Murcia, la tierra de mi madre. Salvo cuando viajé a Cartagena, por donde tanta imaginería entrara en España, para bien de la fe y de la piedad del Reino. Rehusé, supongo que sabéis, marchar a Madrid con Don José Moñino, murciano, Presidente del Consejo de Ministros del Rey. No sé si el Arte hubiera ganado algo con mi marcha, mi fe y mi felicidad murciana, seguro que nada. Perdonadme la elección. Mirad bien mi obra, y advertir los rasgos clásicos, sublimados por su transposición a lo cristiano, en ella, sin que se resienta la nobleza pagana de sus formas inmortales. No os defraudaré, seguro.
Fui creyente, acaso con más fervor que la mayoría, y por eso logré traspasar el milagro de la fe, a mis obras. Mis manos, mis dedos, mi cabeza incluso, la que pensaba formas y recordaba el dogma, a la hora de crear volúmenes... nada eran, cuando se trataba de plasmar las sagradas personalidades de los tallados. Nada son, repito, para explicar lo que conseguía, y que tanto alabáis vosotros, incluso pasados los siglos. Nada, al lado de la fe. Nada. Tener fe no es saber por qué se tiene fe. Es una gracia. Bien sé que para algunos no fui sino beato o santurrón, hijo de una sociedad aherrojada por un sentido de la religiosidad oficialmente protegida o desarrollada. Es posible que también fuera eso. Pero tal circunstancia no explicaría mi vocación, o mejor dicho, mi devoción por la imaginería sacra. Como tampoco explicaría mis logros escultóricos lo que de mi padre aprendí, y luego perfeccioné. Lo mismo con Antonio Dupar o de Nicolás de Bussy, que no fue poco, por cierto.
Contemplo con arrobo esta Exposición, enésima muestra de afecto de los míos por mí, y me debato entre la magna tentación, humana al cabo, de la soberbia, que siempre acecha, y la no menos peligrosa de la falsa humildad, malicioso disfraz de aquélla. Me consuelo, y hallo amparo, en el veraz retrato que Joaquín Campos hizo de mí, a lápiz, cuando yo ya no estaba. Me reconozco en él. Con la bata de trabajo, y el capuz que recoge cabello para que no moleste sobre la talla en obra, mirando al dibujante, y por tanto al espectador, sencillo, natural y humano. Pero, ay de mí, incluso las protestas de verismo pudieran esconder descrédito a los que posan altivos y circunspectos en esta exposición por mor de su alcurnia de que yo carezco. Dios me perdone. En mi retrato veo el rostro y la figura de un trabajador. Por eso lo aprecio.
Los murcianos hicieron con mi biografía leyendas pías para explicar algunas de mis obras. Todas ellas me procuran una sonrisa interior de condescendencia y agradecimiento, pero no son sino eso: leyendas. No lo olvidéis. Dice la más desacertada de todas, que yo insinué a mi mujer, Juana Vallejos, sospechas de infidelidad, y que fue su cara de incomprensión y sufrimiento al escuchar mis cuitas hacia ella, lo que me inspiró la Dolorosa que tanta fama me ha deparado. No es verdad. ¿Cómo iba yo a procurar dolor parejo a la madre de mi hija, mi purísima esposa, a quien sobreviví largos y penosos años? Sobre la misma imagen, que repetí casi veinte veces, dícese que le mentí a mi hija, alevosamente, sobre la muerte de su novio. De ser así, el suceso debió ocurrir la primera vez cuando María Fulgencia tenía tres años o cuatro.
Otra dice que quise hacer pedagogía maniquea tallando a Judas y Jesús, dramatizando el beso de la traición, en el mismo tronco. La Verdad y la mentira, saliendo de una misma materia: la del ser humano. Sólo aproveché mejor un tronco grueso. Nada más. No entiendo de otros mensajes morales o éticos que los que predica la Santa Madre Iglesia Católica y Romana, como es notorio.
O que un vagabundo, en realidad un Ángel verdadero, a quien cobijé en mi estudio en fría noche de invierno, por mejor cumplir con mi deber de caridad, dibujó el rostro del Ángel en la Oración del Huerto en un pliego, mientras yo dormía. Nunca fui bendecido con la visita de ningún ser celestial. No lo merecieron mis pecados. Ni otra mano que la mía acunó el lápiz sobre el papel para los esbozos y esgrimió la gubia contra la madera para realizar lo más importante de mi obra. Encuentro ingeniosa la conseja que dice que el Ángel tiene un perfil de mozo, otro de bella joven, y un frente de Ángel; pero yo sólo quise labrar al Ángel.
Mas, si todo esto ha obrado en pro de la causa del Señor, dése por bien hallado lo que bien y con buena intención inventado fuera, que son los caminos del Señor inescrutables y nosotros sus humildes servidores. Nada más. El resto es pompa vana. Si esta Exposición no sirve para acrecentar la fe en una sola persona, excusada sea su loa y alabanza por todos cuantos la vieren. Pues vale que toda ella sea en servicio de Dios Nuestro Señor, Cúyo es todo lo que es bueno.
Así pienso, servíos excusadme si acaso sucediera que, en vuestro siglo, os ofende o confunde mi fe, y sed bienvenidos todos a la exposición del tricentenario de mi nacimiento. Mi gratitud a todos cuantos la han hecho posible, no para engrandecer la memoria mía, sino para gloriar cuanto merece al Creador. Laus Deo.
Vale.
Comentario:
Un gran comentario, tocado por la gracia de las palabras y por el poder de la sugerencia,para una magna exposición que nos enorgullece a todos.
Enhorabuena.
Enhorabuena.
Comentario:
Sencillamente: genial. porque el genio es de tan innato, sencillo. Tampoco se aprende el amor a la tierra en que uno nace. se tiene o no se tiene. Se siente o no se siente,"nada más", como tú dices.Ese amor a Murcia y a las gentes que la engrandeciero, desbordan este blog tuyo.
Me encantaría una novela tuya sobre Salzillo. Que el Ángel te la inspire visitándote en sueños.Creo que no te hace falta "nada más".
Me encantaría una novela tuya sobre Salzillo. Que el Ángel te la inspire visitándote en sueños.Creo que no te hace falta "nada más".





