Mensaje cifrado, novela de Marta Zafrilla

Acabo de leer, excitado, la novela ganadora, justamente ganadora, del Premio Gran Angular de Novela Juvenil de la Editorial SM. Como sabrán, dicho premio, dotadísimo con 100.000 euros, lo ha ganado la jovencísima escritora murciana Marta Zafrilla. Enhorabuena. A ella y a sus lectores, que, a partir de ahora, van a ser muchos, muchísimos. Una novela juvenil no tiene por qué tener un protagonista juvenil, pero en este caso, sí lo tiene. Un quinceañero sin mayores problemas. Hijo único, con padres comprensivos y normales. En la primera parte de la novela, asistimos a un cuadro costumbrista de una familia media de la España de hoy, ya en el presente siglo. Y aún, dentro de esta primera mitad, dos apartados: el que cuenta con la presencia del abuelo, responsable del mensaje cifrado del título, y una situada hacia los medios del tranco narrativo, en el que el triángulo familiar ocupa el espacio argumental.
Pero, donde se desata, y de qué forma, la intriga, el descubrimiento, el desasosiego que trae consigo resolver el enigma dejado en herencia por el abuelo, es en esta segunda parte y última. Santiago, el buen alumno de Instituto y mejor hijo, magistralmente pintado por la autora, tomado sin duda del natural, se autoencarga resolver el enigma que el abuelo, uno más de los grandes mudos que dio nuestra guerra civil del 36, le ha dejado en forma de tablero de la Oca. Desde la perplejidad inicial, este Quijote juvenil se hace con la compañía de un Sancho realidades, que le ayuda sobremanera a resolver el enigma.
Pero, la novela no aboca sino a otro enigma. Acaso más existencial que el primero, meramente material. ¿Dónde estuvo la inocencia y dónde la virtud en aquella guerra inicua? La Oca, el Juego de la Oca, le sirve al abuelo para hacerse compadre de su nieto, y después de su muerte, algo parecido a cómplice. Y todo ello contado con una naturalidad exacta, que no se deja sentir. Asistimos a los párrafos de Marta, como a las escenas de una película. Por cierto, los apoyos argumentales en escenas del cine más popularizado no son sino aciertos comunicativos, que vehiculan, no sólo símiles para comprender, sino que, además aportan cúmulo de sensaciones y sentimientos que enriquecen la escena en prosa de la novela.
Indudablemente, la razonada pasión de mi colombroño Santiago, el personaje de la novela, lo hace carne de saga novelística. Un zagal sensato y valiente. Una Beatriz que está pidiendo a gritos su incorporación a la historia siguiente, y un Ernesto, el Sancho Realidad que dijimos, esperan nuevas aventuras posibles, como ésta o como otras, en las que se compagine realismo, maravilla posible, juego, arrestos, valentía y misterio. Entendemos esta novela, tan acertadamente premiada, como el principio de una serie, que, al margen de cualquier otra actividad literaria de su autora, podrá, y deberá continuar para bien de los lectores y de la Literatura misma. Vale.
Comentario:
Conocí brevemente a Marta en la presentación de su libro 'No sólo la voz', escrito junto a otros 3 poetas de la Región, y salí convencido de que estamos ante una escritora que dará que hablar en el futuro, porque, pese a su juventud, lleva una carrera meteórica en esto de la literatura, tocando varios géneros y estilos, y todos con acierto. Después de leer tu post, dan ganas de abalanzarse a las librerías para comprarse un ejemplar de 'Mensaje cifrado' y disfrutar con ella. Un abrazo
Comentario:
Me alegra que hayas comentado esta novela, que pensaba leer, sin duda, por mà y por hacer que el próximo curso la lean mis alumnos. Lo que tú dices de la obra me anima aún más. Conocà a Marta en una fiesta de mi hermana y me pareció, aunque el encuentro fue breve, una muchacha encantadora e inteligente. Enhorabuena a ella, y a ti gracias por el comentario que nos anima más aún a leerla.
Un abrazo
Un abrazo
Comentario:
Precioso acercamiento e inteligente lectura, Santiago. Mil gracias por leer así y por escribir así. Yo soy también de los que opinan que la novela de Marta admite una continuación, que espero que se anime a realizar. Un abrazo muy gordo





