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"Recado de Escribir", de Santiago Delgado
Opiniones de actualidad y creaciones literarias
Acerca de
Santiago Delgado es Profesor de Literatura y escritor
 
Las canciones de mi vida (I). Il vecchio frac, de Modugno

La canción, de escenificarse, podría comenzar por el lento flotar en el Tíber, de una chistera, una capa de frac, una gardenia semihundida, y un bastón de cristal, arropado por la negra tela de gala. Acaso también una pajarita de seda azul, con su laza suelta... La luz, muy dudosa, es la del amanecer. Se trata de un comienzo argumental por su fin, cuando el desenlace de la triste historia ha ocurrido ya.

La feliz melancolía del noctámbulo romano, desdichado en amores, elegante, tierno con los gatos aventureros de la noche y solitario, amigo de las farolas y la luna llena, que deambula por las calles iluminadas, pasando de la tiniebla de la alta noche a la ceniza de la alborada, siempre me conmovió.
Aún lo hace hoy.
Ayudada fue la historia, ciertamente, por una melodía que comienza por un silbido con eco, como advirtiendo de la soledad del silbador, en la noche urbana. Un silbido errante, sin melodía concertada. Un silbido que se vuelve sentido estribillo, en lalaleo resuelto. Un laral-laláa… que, al alejarse, nos indica el paseo último, sin meta, del pobre suicida de amor, que va a arrojarse al Tíber.
Yo digo que es el Tíber, y que es Roma. No sé vosotros.
Modugno nos sugiere la francofonía del protagonista. Bonne nuit, bonne nuit… se despide de todas la cosas, urbanitas, como él, que seguirán en este mundo. Él no. Él, con su sentido de exigir lo máximo a la vida, no puede seguir un momento más, sin aquel attimo d'amore che mai piu ritornerà; último verso antes del postrero laral-laláaa…, que se clava en el corazón del recuerdo de quien lo escucha. Para no salir jamás de él.

La narración de Modugno, entre la descripción del dandy enamorado, enamorado y despechado, va de lo trivial a lo sublime. Nada se nos anticipa acerca de la última decisión del protagonista, hasta que nos son señalados aquellos elementos que, reseñados al principio, flotan sobre las aguas lentas, pero inexorables y turbias, del Tíber.
Adieu, adieu… Addio al mondo, se nos despide, mitad en francés, mitad en italiano, nuestro hombre. El españolísimo adiós, trivial y cotidiano, no traduce la trascendencia de la alusión divina en la palabra. Decir Adieu o Addio, es definitivo. Finamente, elegantemente, Domenico Modugno, nos hace ver que hay personajes de tan fuerte y a la vez tierno carácter, que en nada valoran la vida, sin el amor deseado.

Hasta la descripción final, el poema, la letra de la canción, es un canto a la elegancia de espíritu, y también a la elegancia formal. Un caballero, un gentleman, un gentiluomo, acaso de la belle epoque, deambula por calles solitarias, trasunto de su propia soledad interior. Y nos transmite una agridulce sensación de rara felicidad inquietante. También un gran respeto por esa manera de ser que presta su atención a las cosas pequeñas y a la propia imagen, sin ceder nada a ninguna autosatisfacción de superficialidad.

Domenico Modugno era, ciertamente, aquel Uomo in frac. Vale.
(Escúchala en:
http://www.danieltubau.com/ladiscotecamortal.html )

 
Comentario:
Bueno, en esto de Modugno coincidimos plenamente. De él me gusta todo. Te recomiendo una canción poco conocida, en dialecto napolitano, que te encantará. Se llama "Notte chiara". La cosa más tierna y espiritual que he oído en mi vida. Me voy a Florencia el miércoles en pos de los recuerdos de mi padre, así que aunque sea más sureño, Modugno me acompañará.
Un abrazo
 
Comentario:
Es una suerte que todavía queden románticos en el mundo, alguno de ellos en Murcia.
Y me alegro.
Saludos veraniegos.
Pedro Felipe
No