Gran velero blanco en el horizonte

Fue la otra tarde. Como un sueño blanco, con todo el velamen al viento, desde el norte, hacia el sur, posiblemente para pasar El Estrecho y poner rumbo a América, cruzó el Cabo de Palos el velero que os anuncio. Surgió en plena siesta por la bruma de horizonte de Cabo Roig, y durante una eternidad, su blancura impoluta surcó toda la línea que limita la mirada desde mi balcón al mar. Catorce velas, tres mayores, cuatro foques, y el resto de ignorando nombre… ay mi pobre cultura marinera. El viento del norte, algo alevantando, lo empujaba solemne y majestuoso, como rey de los mares y las olas.
Durante la eternidad de su paso concebí sueños de lejanía y exotismos de latitudes abiertas. Grande como un palacio, arrogante como húsar en gala de desfile, el bergantín o fragata o cosa maravillosa del mar, surcaba la estática superficie marina. Su proa, alargada en airoso espolón abría camino a la estela que, aun sin verla, adivino lisa, llana, abriendo en transparencia la salina materia.
¿Cómo se llamaría el velero? No quiero adivinar el sustantivo, porque deseo cercarlo con sonoras eufonías de mito y de leyenda. Nombres de un tiempo de navegantes de parva brújula y desconocidos vientos; nombres de constelaciones o de damas de caballeros andantes, lejanas e imposibles.
Y llevaría un capitán solitario, siempre enlevitado, con desmostachada barba, y acaso apagada pipa. Charol en el bonete y chalina en el cándido cuello impoluto. Un capitán que paseara el puente, ante el respeto y la admiración de la marinería. Un Achab humano o un Holandés Errante sonriente, condenado a enamorar una dama en el puerto más cercano, acaso Cartagena, para deshacer la maldición. Pero una condena leve, quizá bastara con una sonrisa femenina, y toda la tripulación sería salvada. Pero, enseguida, todos volverían a sus puestos para zarpar, porque esperan más sonrisas, nuevas miradas de amor en otros mil puertos, y es su destino la mar.
Yo quisiera ser un Espronceda de ese velero, y cantar en una décima o en un soneto la gracia impar de su navegación maravillosa ante mis sorprendidos ojos. Un Espronceda sin piratas, sintiendo la caricia del viento, oyendo el gonflar de las velas, a todo trapo, escuchando el crujir de las drizas cazadas en las cornamusas, resistiendo al viento del norte que empuja el trapo entero. Y alguna voz de mando, que ordena cosas arcanas para los profanos, porque, dice el viejo adagio: vivir no es necesario; navegar sí. Y no es una petulancia, que desprecie a nada ni a nadie. Mientras se navega, no hay ocio: todo es necesario. Nada sobra.
Y se ocultó detrás de la Isla Grossa, y se cruzó con la Hormiga Mayor, que parecía dos barcos de vuelta encontrada. Y, al fin, el faro de Cabo de Palos, se lo tragó. Sólo quedó, ya, en la retina de mi memoria. Y allí habrá de seguir, mientras respire mi alma, sueñe mi imaginación y recuerde el sentimiento. Vale.
Comentario:
Ser un Espronceda... ¡qué mejor para cantar a uno de esos veleros!
"navega, velero mío, sin temor..."
Pero tú también sabes cómo captar la hermosura de esas velas desplegadas al viento.
"navega, velero mío, sin temor..."
Pero tú también sabes cómo captar la hermosura de esas velas desplegadas al viento.
Comentario:
Prefiero la límpida metáfora al barco de blanco velamen. Y es que en la vida se nos cruzan bajeles inesperados en mares habituales, grandes buques con alas al viento o pequeñas chalupas que nos atraen con el encanto de su vaivén o sus temblorosos reflejos. ¡Ay, el mar, la mar! Cuántas ilusiones, cuántos espejismos han quedado grabados para siempre en la retina de nuestro recuerdo. Pero esos bergantines cargados de ilusiones nos hicieron vivir, tal vez sentir, sin ocio ni trivial ejercicio, porque, como muy bien dices, amigo Santiago, “mientras se navega nada sobra, todo es necesario”. Y ya no importa el pirata sino su maravillosa y maravillada visión: Asia a un lado, al otro Europa, y allá a su frente Estambul. No cabe duda, ya lo escribió Melville, “Ahab no piensa, Ahab sólo siente”. Un sentir absoluto, redondo, absorbente, como el mar, cruzado por la blanca espuma, espuma de velas atada al amnios nutricio y siempre dispuesta a volar y a desintegrarse ante nuestros ojos. Y aunque Escila y Caribdis se cobren sus presas, esos momentos, instantes peregrinos cargados de emoción poética, nos reconcilian, una y otra vez, con lo más sagrado de nuestra naturaleza. (Esta vez sin erratas). Feliz verano.
Comentario:
Prefiero la límpida metáfora al barco de blanco velamen. Y es que en la vida se nos cruzan bajeles inesperados en mares habituales, grandes buques con alas al viento o pequeñas chalupas que nos atraen con el encanto de su vaivén o sus temblorosos reflejos. ¡Ay, el mar, la mar! Cuántas ilusiones, cuántos espejismos han quedado grabados para siempre en la retina de nuestro recuerdo. Pero esos bergantines cargados de ilusiones nos hicieron vivir, tal vez sentir, sin ocio ni trivial ejercicio, porque, como muy bien dices, amigo Santiago, “mientras se navega nada sobra, todo es necesario”. Y ya no importa el pirata sino su maravillosa y maravillada visión: Asia a un lado, al otro Europa, y allá a su frente Estambul. No cabe duda, ya lo escribió Melville, “Ahab no piensa, Ahab sólo siente”. Un sentir absoluto, redondo, absorbente, como el mar, cruzado por la blanca espuma, espuma de velas atada al amnios nutricio y siempre dispuesta volar y desintegarse ante nuestros ojos. Y aunque Escila y Caribdis se cobren sus presas, esos momentos, instantes peregrinos cargados de emoción poética, nos reconcilian, una y otra vez, con lo más sagrado de nuestra naturaleza. Feliz verano.
Comentario:
Lo he vuelto a ver a leer tu texto... Y como no fue una visión fantasmagórica, que estaba allí, recorriendo el horizonte, yo le pongo un nombre: el Juan Sebastián Elcano
Comentario:
Lo mismo digo. ¡Qué bonito! Hay veces en que el destino te favorece con una visión que dura poco pero de tal intensidad que nunca lo olvidarás. Gracias por compartirla con nosotros.
Un abrazo
Un abrazo
Comentario:
Querido Santiago: Leyendo tus palabras HE VISTO Y HE SENTIDO el velero. No te digo más. Creo que es el logro más grande al que puede aspirar un fotógrafo de las palabras. Precioso y admirable.





