logotipo

img_google
"Recado de Escribir", de Santiago Delgado
Opiniones de actualidad y creaciones literarias
Acerca de
Santiago Delgado es Profesor de Literatura y escritor
 
Las canciones de mi vida (2): Los ejes de mi carreta

Las canciones de mi vida (2): Los ejes de mi carreta

Pocas canciones pueden presentar tal ensamblaje de letra y música como ésta de Atahualpa Yupanqui. Todas las versiones posteriores se dejaban llevar de eso que los anglos llaman swing. Atahualpa, nombre de inca irreductible, decía la canción del poeta uruguayo Romildo Risso, casi sin cantarla. Apenas al final de los dípticos, dejaba irse a la lengua como concediendo a la música un tributo. No quedándose a vivir en ella. Y los pellizcos de la guitarra sonaban como los ejes sin engrasar de aquella carreta, que, acaso, bajaba de los Andes hacia la Pampa.
El viejo arriero hacia una canción a los chirridos de su carreta, a ese latir de la desencuadernada, férrea alma de sus ruedas de palo. Era la canción de la soledad del arriero, habitante lento de los caminos de herradura de antaño.
Porque no engraso los ejes / me llaman abandonao… Abandonado; dejado de cuidados y de las cosas del mundo. Al resto de la humanidad le molestan los agudos y estridentes gruñidos de fierro contra fierro. Pero… Si a mí me gusta que suenen / ¿pá qué los quiero engrasaus?… Únicamente al solitario arriero le puede gustar el proscrito chirriar de los ejes. Acompaña: Es demasiao aburrido / seguir y seguir la huella / andar y andar los caminos / sin naide que te entretenga.... Y sonaba el acento argentino en esas erres convertidas en “eyes” criollas, arrastradas y auténticas, como de arrabal porteño. Y el “naide” quedaba exquisitamente popular, tal y como llegara con los colonos del XVI. Pero, por encima de todo, embragaba la soledad cantada por el poeta: la soledad del arriero, acompañado sólo por la geografía enorme, cósmica del paisaje inhóspito del cono sur de la gran América.
Y seguía la voz cálida, auténtica y telúrica del cantor: No necesito silencio, / yo no tengo en quién pensar. / Tenía, pero hace tiempo, /ahúra ya no tengo ná. Sólo había entonces la pena honda del arriero: un amor, una compañía humana, que templaba la memoria. Una pena ignorada. ¿Qué, quién, cuándo, cómo…? jamás detalle alguno, oculto todo a las cuartetas. ¿Un amor, acaso, unas miradas de pasión, unas vivencias; un cariño limpio y puro…? Nada, no sabemos nada. Tan sólo que existió. Y la soledad mineral del arriero se empequeñece ante la soledad humana del personaje. De pronto, la canción queda tocada por la varita mágica de la Lírica, con mayúscula. Y todo el costumbrismo, exacto y perfecto, del pobre arriero se ve magnificado a la condición de significante de la gran metáfora amorosa de la sencilla, pero portentosa letra de amor truncado en que se convierte. Y el corazón, apenado ya por la soledad de los caminos, entra en el vértigo del amor pasado, que alguna vez fue. Como Atahualpa, yo jamás volveré a engrasar los ejes de esta carreta que su recuerdo me trae. Y los dejaré chirriar mientras vuelvo a oír su letra de amor ferido. Vale.

 
Comentario:
Me corrijo a mí mismo. En mi texto anterior, allí donde dice "ARGUADENTOSA", debe decir "aguardentosa". Perdón por la errata.
 
Comentario:
<<
 
Comentario:
Sí señor. Anclado en nuestros recuerdos. Hierro contra hierro, hierro restregado, friccionado, rechinado en la voz arguadentosa y cascada, cavernosa... noble y amiga. Cuán duro es seguir y seguir la huella, en la soledad de la vida, “sin naide que te entretenga”, con el chirrido resquebrajado del fierro fundido en madera. Ah, los ecos de las canciones andinas, de las bagualas, de las zambas, de los carnavalitos y las huajiras. “Es su destino piedra y camino”, y el arriero siempre trae “enredada en el alma vida y una tristeza”: qué hermosa es la canción dolida de Yupanqui, qué mágico el punteo y los acordes en el “caminito del indio que junta el valle con las estrellas”. “Cantando en el cerro, llorando en el río, se agranda en la noche la pena del indio”: lamento, nostalgia, caminitos, cerros, vaguadas, la Pacha Mama... En el calor estival, una evocación cargada de lirismo, un magnífico texto que me alegro de haber podido leer y gozar un poquito antes de emprender un viaje por esos mundos de Dios. Un abrazo.
 
Comentario:
El acierto del léxico que empleas para definir ese chispazo definitivo de poesía captada,como si te interpelara a ti, Santiago, es tan pleno, que consigue ser el hilo conductor entre el alma de esa canción (filosofía de la vida musicada) y el lector de tu artículo.
Excelente.
No