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"Recado de Escribir", de Santiago Delgado
Opiniones de actualidad y creaciones literarias
Acerca de
Santiago Delgado es Profesor de Literatura y escritor
 
Las canciones de mi vida (4): Blowin’ in the wind

Yo conocí tarde la canción de Bob Dylan. La oí en francés, por Richard Anthony, un versionador galo famoso. El que hizo lo del Concierto de Aranjuez, que tanto gustara años después. Me embrujó, tanto por la letra, como por la música. Fue la primera canción protesta. Luego, cuando se la escuché a su creador, comprobé que no era lo mismo. Perdía solemnidad, pero ganaba fuerza. El grito, más que entonación, del cantautor norteamericano, sí que sonaba a protesta, a enfado porque las cosas del mundo eran muy cambiables. Lo de Richard Anthony quedaba como lírica resignación. Combien de routes / un garçon peut-il faire / avant qu’un homme il ne soit… Cuantos caminos debe recorrer un muchacho, antes de llegar a ser un hombre. La traducción era buena, casi literal. Yo, recuerdo, la traduje del francés, con emoción. Mis quince o dieciséis años se encendían con la protesta contra el mundo. Luego, la armónica desdibujada de Dylan elevaba la imaginación hacia los días futuros en que todo lo denunciado por el flacucho cantante estuviese arreglado.
Es una canción que ha dado la vuelta al mundo. Es una proclama humana, patrimonio de la especie. En su música late la rebeldía ante lo injusto. Ecoute, mon ami, / ecoute dans le vent / ecoute la reponse dans le vent. Escucha, amigo mío, escucha: la respuesta está en el viento. Y el viento era la metáfora del ninguna parte, el no lugar. O el lugar múltiple, que el viento a todas partes acude.
La anáfora de la letra inglesa era muy efectista. How many times, how many times… una vez y otra, como el never more de Poe. Dos misterios del tiempo, que estos dos grandes poetas supieron ver y plasmar en sus versos inmortales. Bob Dylan era como el descubridor de esqueletos de melodías. Él las liberaba de las cadenas de la no existencia, y otros le ponían los ropajes de la melodía y la orquestación. La vendían a la masa. Bob Dylan y su guitarra. Luego se pasó a la eléctrica y los puretas del folk song se lo reprocharon. Pero él siguió haciendo canciones, tan extraordinarias como Mr. Tambourine man o Like a rolling stone.
Fue el primero que encontró que la canción ha de servir para protestar. Dicen que la canción protesta acabó con la guerra del Viet Nam. Una hipérbole, pero no una falsedad. Bob Dylan era feo, y flacucho, ya se dijo, y vestía desenfadado, casi desaliñado. No era Elvis, Y le empezaron a imitar, pero él siguió su camino, justo como aquel viento que vino a posarse en su verso, para salir volando con él, por las geografías y los tiempos. Bob Dylan, que adoptó el nombre de su poeta preferido, sigue cantando hoy, acaso sin la frescura y la osadía de aquellos tiempos de cambio, en que nacía un nuevo tiempo. Un nuevo tiempo en el que las canciones ya no hablaban de amor simplemente. Vale.
 
Comentario:
Merece la pena que sepas que hemos leído estas hermosas reflexiones y que nos han emocionado, como en su día, y todos los días que lo oímos, nos conmovió y nos emociona el himno que compuso Dylan. Pasa el tiempo, y nosotros con él, pero hay creaciones (una melodía, un poema, un cuadro) que son imperecederos.
No