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"Recado de Escribir", de Santiago Delgado
Opiniones de actualidad y creaciones literarias
Acerca de
Santiago Delgado es Profesor de Literatura y escritor
 
Monólogo de Nefertiti


(Berlín. Altes Museum. 9 de Agosto, 2007)

De todos los humanos rostros que por enfrente de mí, frente a esta urna, han pasado, admirándome, extrañándose de mi modernidad, incluso mostrando indiferencia, apenas podría recordar ninguno, aunque poderes de vida tuviera para ello. Sólo me interesan los de quienes meditan sobre el Pasmo del Arte, mientras me contemplan. Miles de años estuve enterrada, mi único ojo tapado fue por la tierra y por el olvido de la Historia y del tiempo. Por eso sobrevivió esta talla mía. Ninguna fotografía va a saber desentrañar el misterio que el escultor que me talló acertó a poner en mi rostro, y que nunca más logró repetir en adelante. Acaso, eso sí, logren trasladar mi imagen, en partes, a otras latitudes lejanas, lo cual, no poco empeño resulta.
Dicen algunos que mi expresión justo es la de quien acaba de sonreír. Otros, al contrario, que a punto estoy de hacerlo. Mis delicados labios, equidistantes de la elegante finura y la sensual morbidez, delatan mesura y consenso entre el hieratismo y la incitación. El secreto de mi sonrisa estriba en que es interior. No estoy en trance de sonreír, ni he terminado sonrisa alguna. Estoy sonriendo, pero ya os digo, interiormente. Sonríe mi conocimiento, lo que yo soy integralmente, sin necesidad del sarcasmo o la ironía, formas menores de la inteligencia pura.
Asumo el tiempo de vida que tuvo mi modelo, pero yo no soy mi modelo. Acaso sea ése el único eslabón a vuestro alcance de la cadena misterios que me da el ser. Otro se halla en la belleza de mi gentil cuello. Las aves del Nilo comparten el mismo aliento de elegancia discreta que da esbeltez a mi figura, y placer a vuestros ojos. Pero no os equivoquéis, vosotros a quienes preocupan los abismos del Arte que se asoman a mi faz. La elegancia no agota lo que soy. Tampoco mis labios, tan admirados por todos mis comentadores. Fijaos en la levísima y alongada hondura que enmarca los carmesíes límites. Una a cada lado. Os están diciendo, más allá o más acá de la sonrisa, que erráis. No soy yo la analizada. Sois vosotros mismos. Mi semblante os invita a la búsqueda de elementos en sus rasgos que os den la clave maravillosa de mi secreto. Pero el secreto verdadero sois quienes me contempláis. Meditar sobre las Obras de Arte es avanzar en el conocimiento del propio ser. No hay otro mejor. Reconocéis la Belleza de la que venimos todos. Del Uno absoluto. Mi esposo, Akenatón, así lo intuyó y lo dejó proclamado. No hace el hombre la Belleza. La recuerda.
Yo, Nefertiti, la Reina de Egipto, no soy sino recuerdo de la Belleza. Acaso mejor que muchos otros, mas sin pasar de ser recuerdo. Ahora bien, claro quede, orgullosa estoy de no haberme alejado mucho de la tal Belleza, por causa de mi esfuerzo y dedicación. Belleza cuya custodia, como recuerdo me fue dada. ¿Llamáis a eso coquetería? Erraríais una vez más. Reclamo como mérito propio mío, mi sensualidad, refrenada, y mi elegancia, con no poco esmero conseguida. Y me place que lo reconozcáis. Haber dado con valores de Estética que milenios permanecen, no es alcance del que avergonzarse.
Por todo ello, entended, apenas sois nada en la mentida memoria mía, la mayoría de vosotros. No lo entendáis como ofensa o desprecio. Admirar sin meditar, oficio de la mayoría que por aquí pasa, es tarea vana. Procurad pensar cuando ante las Obras de Arte estéis qué hace este palacio, ese cuadro, aquella escultura… por recordar la Belleza de la que fuimos desterrados, y andaréis mejor el camino que lleva a vosotros mismos.
Mi sonrisa, que tanto admiráis, os espera en ese lugar sin espacio que es la inteligencia que aúna materia y espíritu. No es la mirada inexpresiva, canónicamente ideal, serena, de los olímpicos, de los pretendidos seres superiores griegos. Es la inteligente sensualidad que os quiere espectadores cómplices. Mi autor sólo fue un médium, no el Hacedor de mi naturaleza de Obra de Arte Maestra.
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