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"Recado de Escribir", de Santiago Delgado
Opiniones de actualidad y creaciones literarias
Acerca de
Santiago Delgado es Profesor de Literatura y escritor
 
Las canciones de m i vida: Salve Regina

Las canciones son canciones siempre. Laicas, civiles, militares, religiosas o de excursión. En una vida hay de todo. No existe la obligación de circunscribir la música que nos ha tocado el corazón a lo lúdico y a lo frívolo. Porque, en efecto, uno de los cantares que más me hecho vibrar el alma, el corazón o lo que sea, ha sido el Salve Regina. Así, con artículo en masculino. Así quedó en mi corazón, y así lo transcribo. Cuando hay liturgia mariana, siempre se termina con el Salve Regina. La última vez que lo canté fue en la Catedral de Murcia, al acabar la Misa de Romería. Septiembre de 2007. Sobre el escabel de entrada a la Capilla del Cristo del Milagro, tras el Coro, en el Lado de la Epístola. Como siempre, me emocioné. Yo soy poco religioso, y nada litúrgico, pero quedó en mí la costumbre de esta hermosa canción. No sé cuándo la aprendí de memoria. Yo la pensaba obra de Santo Tomás de Aquino, pero no. En el siglo XI, ya se conocía. Lo que sí se sabe es que San Bernardo de Claraval compuso el melisma final con rima en ía, que tan majestuosamente termina la composición.
Cuando la canto me siento polaco en la Catedral de Cracovia, siciliano en Monreale de Palermo, y peregrino en Compostela. Europeo en fin, y advierto en mí unas raíces nobles, nada excluyentes, que me dan sentido. Además, por tanto, de una emoción religiosa, de la que me siento orgulloso, hay algo más. Leo por ahí que diversas naciones se disputan el honor de haber sido la cuna de tan sentida canción. Lo cual no me extraña. Mil años para unas notas piadosas, que son mucho más que unas notas piadosas, son un goloso galardón. Sea de donde sea, la Salve Regina es una hermosura europea, y un monumento estético, que debería ser puesto junto a las grandes obras del arte todo del viejo continente. Es el canto a una madre para que interceda ante el airado padre, una situación universal, y su melodía es un prodigio de sencillez y eficacia, absolutamente coherente con la letra. Mostrar indiferencia por militancia laica es delito de lesa estética. Por el mismo motivo debería desecharse la Pietá de Miguel Angel o la Última Cena de Da Vinci. Y es una obra de arte viva. Nadie le reza al Cristo de Velázquez, pero cuando suena en las voces del pueblo, en Austria, en Irlanda o en París, suena viva, mostrando una fe que pervive hace más de mil años, cuando aún se entendía la letra por entero.
SALVE REGINA: Salve, Regina, Mater misericordiae: / Vita, dulcedo, et spes nostra, salve. / Ad te clamamus, éxsules, filli Evae. / Ad te suspiramus, gementes / et flentes in hac lacrimarum valle. / Eia ergo Advocata nostra, / illos tuos misericordes oculos ad nos converte. / Et Jesum, benedictum fructum ventris tui, / nobis post hoc exsílium ostende.
O Clemens: O pía: O dulcis Virgo María.

Vale.
 
Comentario:
Junto con la Salve Marinera (la de "los mares iris"), esta canción me ha acompañado desde la infancia: ¡antes de entender la letra ya me emocionaba!. La (o el) Salve Regina sabe a lluvia y huele a iglesia gallega; por eso, a desde siempre y a eternidad. Un abrazo.
 
Comentario:
Gracias por referirte con tan hermosas palabras a este monumento europeo, hecho de oración y música. Me ha encantado.
Una pregunta: ¿Para cuándo el comentario de "Piel canela"?
No