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"Recado de Escribir", de Santiago Delgado
Opiniones de actualidad y creaciones literarias
Acerca de
Santiago Delgado es Profesor de Literatura y escritor
 
Insomnio de libros

Quienes padecemos de insomnio crónico nos vemos sentados, solos, muchas veces en el sofá del salón, a oscuras, a altas horas de la noche. Nos rodeamos de esa semitiniebla nocturna, procurada por las luces de la calle y el apagado interior, tan sólo desmentido por algunas luces testigo, rojas y breves. La pantalla del televisor, negra, invisible, se mimetiza con la extendida penumbra El tic-tac de algún reloj de esfera horada la noche, señalando el silencio, como la gota que cae descubre el océano, con sus ondas circulares.
Tengo, no sé si cinco mil o siete mil libros. Las cuentas no coinciden nunca que elaboro el algoritmo modular para cuantificarlos. Sociológicamente, son muchos. Pero pocos, si lo comparamos con los que, acaso, debiera tener para haber escrito tan sólo uno de los libros míos. Todo es relativo. Ni me jacto por ello, ni me apocopo, compungido.
Mis libros son mi historia. Ahí están, frente a mí. Escucho la queja de aquellos que no leí. Amargo son de reproche escapa de sus lomos, como palabras del bocadillo de un cómic imposible, pero certero. Otros, en cambio, juzgan peor su suerte de abandonados en plena lectura. Y proclaman su condición de repudiados, como peor que la de ignorados. Ay de los tales, pienso, mientras descodifico sus voces de silencio resonando en el desolado hueco cerebral de mi insomnio. Hay otros, aristócratas ellos, que alardean de haber constituido motivo de vivencia impar en mis horas y mis días. Y dicen a todos de su lomo arqueado, prueba de haber sido leídos por completo. Y se regodean en recordar, cómplices de mis neuronas, frases, conceptos, azares…
Y mientras, la noche avanza. Y algún ruido de la calle asalta fugaz esta asamblea de los libros, a la que asisto como acusado. Aunque ni siquiera sé si es un juicio. Algunos de ellos callan, para no culparme de haberlos leído mal, o con prejuicio. Y guardan su secreto de letra y papel, arcano para mí, quién sabe si para siempre. Hay libros, conmigo, en mi librería, que ya no volveré a abrir. Cómo saber cuáles son. Los hay que tiene la voz grave, proveniente de gruesas páginas de brillo e imagen, en formato amplio que brazos requieren para ser abiertos. Otros, tienen argentada voz, y son los de poesía, que piden manos, dedos para emanar el cordial aroma de sus páginas. Y hay vetustos volúmenes, de páginas cuyos bordes amarillean, con amenaza de seguir hoja para abajo…También mueren los libros. Y vuelven al polvo.
Los libros que me regalaron hablan de dueños anteriores, con más o menos prosapia. También hay libros que robé, que hacen extraño guiño de voz que sólo yo entiendo. Y hay voces de libros olvidados, perdidos, que nunca volví a encontrar, y que lloran su extravío, solitarios.
A todos los llamo mis libros, pero son ellos, en realidad, quienes me poseen Yo soy el que soy de ellos; no ellos de mí. Vale.
 
Comentario:
Por seguir la tradición (y la profesión de fe en lo literario): tu crónica me hace pensar en algo que leí hace algún tiempo (de un texto a otro y otros más y siempre...): debo a los libros "más que lo que soy, lo que he dejado de ser"(Juan José Millás). Del insomnio a todos los sueños, el sueño.

 
Comentario:
Mi primer insomnio recordado, fue aplacado con el "Gil Blas de Santillana", de Alain René Lesage, de ahí -¡Oh, voracidad lectora de mi infancia de ratncilla de biblioteca- hasta hoy en día, mis insomnios han sido insomnios lectores. Así es que te comprendo muy bien, Santiago. También tengo mi casa "alicatada hasta el techo" a base de libros.
Acabo de leer "La ciudad de los libros soñadores", obra de doble lectura sólo apta para los que se vuelven locos por los libros. Estirpe quijotil, si no quijotesca. Creo que somos varios los que pertenecemos a ella, y no lo lamentamos.
 
Comentario:
Amigo, no sabía que compartíamos la aburrición (Miguel Espinosa dixit) de tener alterado el ritmo de sueño. Sé perfectamente de lo que hablas, y de la doble vida (doble de larga, doble de intensa) que llevamos los insomnes.
Un abrazo somnífero.
 
Comentario:
Enajenado, pues, por los libros, cual Alonso Quijano (ya que ellos te poseen). La vida del Quijote, vivida en la letra impresa y, a su vez, impresa en nuestras mentes e idiosincrasia, es ejemplo y espejo sublime en donde el escritor se mira.
Y si robaste para leer (como quien hurta para comer) tienes el perdón eterno; aún mejor, amnistía.
Quien se alimenta de libros no muere jamás; y, mientras vive, hará que otros -y él mismo- sigan escribiendo.
Libros para vivir.
No