Historia del Arte
No lo toquéis más, que así es la rosa. Dicen que decía el poeta respecto del poema. Pues lo mismo pasa con el título de esta prosa. Ni salvad la Historia del Arte, ni La Historia del Arte no se toca, etc. No lo toquéis más, que así es mi título. La Historia del Arte es lo que da fundamento a la persona humana, y su estudio debería estar de fijo en los estudios comunes de Bachillerato, para ser estudiada por todas las personas de cultura media-baja. Pero, en la realidad, sucede todo lo contrario. Puesta como optativa en el último curso de Bachillerato, nadie la coge. Es difícil, dicen. Lo difícil, ha decretado la Psicopedagogía evolutiva, dueña de la Educación en este país, o este residuo de país, ha decretado, decía, que lo difícil es clasista, y hay que eliminarlo. Todo lo que cueste esfuerzo para ser aprendido hay que eliminarlo, pues sólo opera separación entre el alumnado. Naturalmente, así las cosas, lo que más une e iguala es la ignorancia. Fidias, Da Vinci, Goya, Le Corbussier o Chillida son engorros para el igualitarismo al que aspiran estos psicopedagogos triunfantes. Hay que quitar la Historia del Arte.
Cuando tengan más poder, que todo se andará, ya irán a eliminar el Arte mismo, tan segregador él de por sí. Minar las Pirámides, derribar el Golden Gate, cementar las fachadas de las Catedrales y penalizar la entrada a los Museos. Muerto el perro se acabó la rabia. Ya verán como llegan a eso, ya verán.
El pretexto es la unificación universitaria en Europa, que es algo a lo que nadie puede oponerse salvo ser reo de caer en la políticamente incorrecto. ¿Por qué hay que unificar? ¿No estamos quedando que la variedad, la pluralidad y todo el resto de sinónimos es lo más valorado últimamente? En todo caso, hay que unificar lo que se pueda unificar, y no todo por sistema. Europa no es una nación ni un Estado, es una Asociación de Estados, que no tiene por qué tener al centralismo bonapartista como modelo. Que los contenidos de Historia del Arte pasasen a ser subcontenidos de otra carrera de espectro más amplio sería un retroceso, y una reducción del saber. Pero esto lo saben bien esos agentes del colectivismo igualitario submarinizados en los despachos de la burocracia europeísta. Quieren retroceso, reducción y su consecuencia natural: la ignorancia de las propias raíces, para poder imponer en las futuras mente blancas de los que sólo estudiaron la nada gelatinosa de las cosas en general, sus modelos de Papá-Estado, donde no cabe la individualidad.
Cuando la sociedad está pidiendo a gritos cultura y cultura, hasta el punto de que hoy en día en Turismo Cultural está siendo un pilar de las alternativas al Turismo de Sol y Playa, van estos burócratas de la psicopedagogía evolutiva y aconsejan eliminar los estudios específicos de la materia. Desde luego, podrán argüir razones de esa disciplina a la que sirven; no quiero llamarla ciencia; pero no desde la realidad social, que hace clamor de la necesidad de personas que sepan de Arte con fundamento, Ellos, la Psicopedagogía evolutiva, sí que deberían desparecer. Vale.
Comentario:
Son vahídos, auténticos vértigos y mareos los que siento cuando oigo o leo esas barbaridades que el ser humano puede llegar a realizar en nombre de no sé qué extrañas unificaciones, igualaciones y puestas en común. "Ars longa, vita brevis", que diría el clásico, remedando el aforismo de Hipócrates. Y es verdad, o debe de serlo, pero qué sentido tiene la perdurabilidad de las pirámides de Egipto, de Chichén o de Uxmal; qué sentido la permanencia de las catedrales de Milán, de Burgos o Santiago, si no son más que fruto de una ignota causalidad, del fanatismo y del dolor humano; otra cosa bien distinta sería la persistencia arquitectónica de esas "celdillas", "conejeras", "cajas de fósforos" o "cápsulas de supervivencia", de cromáticas grisáceas y de espacios subsumidos, en las que vegetan o hibernan, en un estado letárgico, miles de personas prestas al olvido de las raíces éticas y estéticas más profundas, dispuestas a ignorar los pormenores de su fundamentos culturales, añejos rescoldos siempre inextricables y embarazosos. Así que, el hecho de que nuestros estudiantes de enseñanza media terminaran sus estudios con una mínima posibilidad de estudiar Historia del Arte era, hasta ahora, algo completamente normal, y que esos estudios fueran de gentes "de letras", mucho más, y que los futuros arquitectos, que por cierto "eran de ciencias", llegaran a la universidad sin tener ni remota idea de lo que supone una mínima y escueta historia de las formas artísticas ni les sonaran palabras como arbotante, plinto, transepto, cimacio o metopa, era algo coherente y que estaba en perfecta sintonía con la barbarie educativa. No obstante, parecía parca la catástrofe, mínima la acción de devastación y desmantelamiento, por lo que las mentes pensantes, en línea con las imposiciones del mercado y con las opiniones igualitarias de los banqueros europeos, han decidido ahora la evaporación absoluta de estos estudios. Verdaderamente, si la Literatura Universal ya se había convertido en una auténtica entelequia, una asignatura optativa relegada al último curso, en competencia con otras materias "más atractivas" y "menos comprometidas" de cara a las pruebas de Selectividad, ahora se suma al ninguneo de Balzac, Flaubert, Tolstoi, Dostoievsky, Kafka, Rimbaud o Yourcenar, la desatención al Románico, al Gótico y al Renacimiento, el desprecio por lo que pudo significar Giotto, Leonardo, Rafael, Tiziano, Velázquez o el Greco, la desatención a Goya y el menosprecio a Rodin. Tal vez, en muy poco tiempo, el recuerdo de Picasso, por encima y por debajo de su realidad museística (oh, síndrome continuado de Stendhal), no sea más que una ficción en la memoria de la Clarisse o del Montag de turno en el bosque de un nuevo Fahrenheit 451: "Good people, picture people..." Después sólo nos quedará la persistencia de esa misma memoria y un ansia de reconciliación insaciable e infinita. Escribía atinadamente Schiller, personaje por cierto absolutamente extraño para nuestros estudiantes de hoy, que el "arte armoniza las leyes de la razón con los intereses de los sentidos". Y, en palabras de Jean Pierre Changeux, "el arte es un instrumento explotador de las predisposiciones de nuestro cerebro para crear relaciones entre razón y placer". ¿Qué hay detrás de la forma estética si no es la armonía de la sensualidad y de la razón? Pues bien... o pues mal, mi recordado Marcuse, pues bien... o pues mal, mi parafraseado Hegel, pues bien... o pues mal, mis desestimados pensadores, ahora sí, ahora sí que llegaron los bárbaros: el Arte no tiene sentido, las razones de los mercaderes prevalecen, Shylock reclama oro y sangre, la unión del mercado tiene sus exigencias que la razón desconoce. Sálvese quien pueda.
Comentario:
El grave error de la educación fue pasar del proverbial "maestrillo con librillo" a considerar que el aprendizaje es un juego. El resultado: todo lo que requiere esfuerzo es rechazado, tanto por los estudiantes como por sus padres. Se han perdido los valores de la satisfacción por un trabajo bien hecho, de esperar a los resultados que no siempre pueden ser a corto plazo, la paciencia... A los profesores nos resulta difícil competir con los juegos de ordenador y las videoconsolas, porque el aprender es un trabajo duro y que requiere constancia. Y la sociedad de hoy demanda los éxitos inmediatos. Por desgracia para la sociedad.





