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"Recado de Escribir", de Santiago Delgado
Opiniones de actualidad y creaciones literarias
Acerca de
Santiago Delgado es Profesor de Literatura y escritor
 
Orellana, descubridor del Amazonas


Un 12 de Febrero del año 1542, Francisco de Orellana, primo segundo de Francisco Pizarro, entraba con su bergantín Victoria en el cauce del Amazonas, al que puso nombre. Había llegado desde el Coca, después de atravesar Los Andes partiendo de Puerto Viejo (Perú), para alcanzar a Gonzalo Pizarro, que había salido sin esperarlo, en búsqeda las Tierras de la Canela y El Dorado. Orellana construyó el bergantín, y surcó el río, dirección norte, pensando llegar al Pacífico, pero, tras seguir con fortuna dispar el laberinto de afluentes del Amazonas, dio con el cauce principal. Al poco, fue hostigado por indígenas entre los que, observaron, figuraban numerosas mujeres. La reacción fue inmediata: Amazonas, Río de las Amazonas.
El imaginario tardomedieval de los descubridores y conquistadores españoles actuó. Según la mitología griega, las amazonas descendían de Marte, dios de la guerra, y de su propia hija, la ninfa Armonía. Sólo vivían entre mujeres, y destacaban en la guerra. Criaban a sus hijas para ser cazadoras y luchadoras. Con este fin, quemaban su seno derecho para facilitarse la práctica del tiro con arco. Debido a esta tradición, las amazonas recibían este nombre, ya que en griego significa «las que no tienen seno». Se unían con hombres durante periodos muy cortos y con un fin estrictamente procreativo. Sólo conservaban a su lado a las niñas. Una niña no se casaba antes de haber matado a un enemigo. Algunas envejecían sin haberse casado por no poder cumplir esta misión. Herodoto es la fuente.
Luego, las amazonas son revividas por la mitología caballeresca pre-renacentista, y de ahí las toman los conquistadores. Otros nombres como California o Patagonia ninguna otra génesis tienen. Cuando los castellanos, extremeños o vizcaínos bautizaban con tales nombres aquellas tierras estaban haciendo una demostración de modernidad, entendida en su tiempo. Es lo mismo que sus descendientes hoy, mestizos o no, hacen cuando bautizan a sus hijos con los nombres de Byron, Rommel o Washington. Poner nombre a algo nuevo es conquistar ese algo nuevo, lo cual, considerando la extrema novedad que es para los españoles de secano un río de cien kilómetros de ancho en la desembocadura, y que de largo tenía lo suficiente como para hacerles emplear 8 meses en recorrerlo, no es poco. La magnitud de la naturaleza descubierta no les arredró: aprehendieron lo descubierto, bautizándolo, suma liturgia del ser humano en todo tiempo y lugar para tomar posesión.
Orellana era políglota, y entendía varias lenguas amerindias. Era tuerto, como su contemporánea, la Princesa de Éboli –de rara belleza, según mi querido y lejano libro de Historia-. En Agosto de ese mismo año, Llegaban a Nuevo Cádiz, en la desembocadura. De allí buscaron la costa centroamericana, ya castellanizada, para retornar ante el Emperador a fin de darle cuenta, como leales soldados que eran, de las tierras ganadas para la Corona, para España y para la Cristiandad, sin ningún complejo histórico.
Que los escolares españoles desconozcan las increíbles gestas de los descubridores y conquistadores es una de las causas de la actual decadencia identitaria de este país, que sólo fue derrotado, ante todo, por un invento: la imprenta libre al servicio de sus enemigos, esclavos de su envidia histórica. Vale
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