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"Recado de Escribir", de Santiago Delgado
Opiniones de actualidad y creaciones literarias
Acerca de
Santiago Delgado es Profesor de Literatura y escritor
 
Nueva novela de Pura Azorín


Termino, en dos tiradas pues fuime de viaje en el intermedio, la novela corta de la escritora yeclana Pura Azorín, titulada ‘El Camino del Aire’. Y la acabo con pena, no tanta por causa de la empatía con Violeta, la niña funambulista, siempre caminando por el alambre tenso de su vida de ignorado origen, como por seguir gozando de ese agridulce tono, acaso inherente al mundo del circo pobre, perfectamente descrito en su esencia más honda: la dulce amargura del fracaso. La Editora Regional acierta plenamente con la edición de esta novelita, arte literario puro, con calidad de página y hondura humana.
En un mundo misterioso y ciertamente hostil, la niña Violeta va descubriendo la vida, a través de los componentes de un circo ambulante, en el cambio de siglo anterior al recientemente pasado. Un mundo perfectamente documentado, pero al que no se le hace entrega de la principal credencial literaria, esto es, artística, del libro. Ese mundo perfectamente documentado del circo, pobre, lastimoso y terminal, que no es sino trasunto del mundo mismo para la adolescente huérfana que va en busca de su madre, de manera más espiritual que materialmente.
Sensaciones mixtas, sentimientos encontrados y difíciles de explorar y expresar, valoraciones personales de la experiencia, meditaciones al paso, vidas truncadas, geografía española y europea… van saliendo al encuentro de la niña Violeta, que va de carromato en carromato, viviendo una y otra vida, contada por sus ocupantes. Es imposible escapar al ambiente de la narradora, lúcido y triste, como haciéndonos ver la metáfora que somos todos de ese personaje. Todos somos Violeta, extraños en un mundo difícil, a menudo hostil, que escapa siempre a nuestras pesquisas, y a nuestra pobre ilusión de perseguir certidumbres. Certidumbres que, al cabo que las logramos, vemos cómo se disipan, pero no en un lago de calma y sosiego, como era esperable, sino en una nueva penumbra, la misma penumbra en la que llora Violeta, adulta ya, sin misterios que desvelar, aunque con toda una vida por arrastrar delante de ella.
Hay un deje fatalista, quizá existencialista, en el fondo, en el ímpetu creador de la narración. No podemos apiadarnos de Violeta, pero tampoco nos hacemos extraños a ella. La escritora la deja siempre en un plano objetivo, aunque muy detallado. Ha huido de la primera persona, y se refugia en una tercera omnisciente y demiúrgica, cambiante según el personaje que se halla frente a la niña, el enano Rocco, la giganta Lili o el Mago. Como la fatalidad veía a través de la mirada de Zoe, la escritora añade paisaje humano al cuento tan sólo, parece, para decirnos de nuestra desamparada condición. Ocurre que la belleza que logra, con el estilo, con las sensaciones, con los apuntes del costumbrismo circense, con los retratos certeros de los personajes… nos cautiva y seduce, logro ciertamente al margen de los objetivos canónicos del Existencialismo. Pura Azorín, muchas gracias. Vale.
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