Fin de curso académico: gracias, profesores
Nuestros profesores ya han empezado a oír eso tan simpático de:
-¿Qué?, ya de vacaciones…
Y ver en el rostro del amigo que lo dice esa sonrisa sardónica del que piensa que estamos viviendo a su costa. No se acostumbra uno, la verdad. Es acaso el más ínclito signo de la poca consistencia que tiene la reputación del docente en la sociedad. Por cierto, la campaña que hizo la Consejería, manifiestamente mejorable. No se sabía si se estaba promocionando la Formación Profesional o qué. No fue nada impactante, la verdad. Desde luego ese que nos dice lo de las vacaciones, no se ha enterado. El mensaje no pasaba en intensidad del de aquel cura que, no sabiendo qué decir en el sermón, atajó diciendo:
-En fin, hermanos, que hay que ser buenos.
Y concluyó apenas había empezado a hablar desde el púlpito. Pues eso, queridos padres y madres, que hay que respetar al docente, incluso cuando lo vemos de vacaciones. Yo aseguro que una hora con los actuales alumnos equivale a cuatro de trabajo con papeles, ordenador o visitas. Quien no haya hecho la prueba, no me discuta.
Por eso, no estaría mal que esta crónica fuese para mis compañeros de aula y disgusto, cercados triplemente por un alumnado enajenado del aprendizaje, por unos padres hostiles y por una administración educativa desamparante. Felices aquellos que desconocen alguno de estos frentes. O dos, o los tres por entero. De todo hay en la viña del señor, aunque la verdad es que abunda lo que más abunda, y sanseacabó.
Este curso empezó con la derogación de la LOCE y los barruntos de la LOE. Fuera itinerarios, para devolver al Estado la responsabilidad de la formación de la infancia y juventud, y bienvenida de nuevo la Enseñanza Comprensiva: café para todos. El saber es presentado de nuevo como sospechoso de fomentar elitismo antisocial, y el todos pasan de curso recupera ese igualitarismo tan peculiar, tan peculiar, que produce exactamente los efectos que decía combatir: degradar la Escuela Pública, que al carecer de ámbito de Excelencia es desechada por los padres avisados, y enaltecer la Concertada y la Privada, reductos obligados de dicha Excelencia, única clave forjadora de líderes, futuros empresarios y creadores en general. Todo por el dogma, nada por la praxis. Habrá que esperar que pase esta generación de ciegos izquierdistas, para esperar nuevos horizontes verdaderamente ocupados en la redención cultural e intelectual de la ciudadanía (ellos dirían el pueblo).
Y acabo, queridos compañeros de la Enseñanza en el Aula: muchas gracias por haber estado ahí, al pie del cañón, aguantando el retroceso, oliendo la pólvora, sudando el uniforme, aguantando a los oficiales de uniforme impoluto, limpio de tiza y tinta, rezando acaso para que los obuses enemigos, en forma de violencia escolar, denuncia anónima o detención policial… lo respeten a uno. Que no es poco. Vale.
Comentario:
mira como sufren los pobres, mientras en pateras mueren a cientos para llegar a un lugar en donde los profes partiran de la base de que son tontos, los pobres.
Comentario:
Pues no se si "Vale", pero lo cierto es que "cuesta" aceptarlo. Cuesta aceptar que ante esas vacaciones, cuantitativamente nada alejadas de las europeas y cualitativamente tan merecidas, te miren como un bicho extraño, te sonrían como un bicho más extraño todavía y aderecen la puesta en escena con unas palabras cargadas de estúpida ironía a las que uno no termina nunca de acostumbrarse. No quisiera extenderme demasiado, porque a la estulticia malintencionada poco arreglo se le hace con la noble e ingenua reflexión. Quizá venga aquí la frase de Gracián "Nunca embarazarse con necios". Y es que el buen juicio siempre es de prudentes, y la prudencia requiere expectativa, información, conocimiento, comprensión y paciencia. Sí, amigo Santiago, son muchos los que sin saber envidian y porque envidian envenenan. De siempre ha sido la enseñanza, o mejor dicho la educación aleada a la enseñanza, un ejercicio fatigoso, cargado de esperanza y de frutos tardíos; un ejercicio del que el maestro no se desprendía nunca, un ejercicio que se llevaba puesto a casa y que te iba absorbiendo día a día, año a año, vampirizándote y dejándote siempre con un alto grado de ansiedad y una cierta vaciedad siempre compensada por una responsabilidad sin límites y una dedicación absoluta. Y, ahora, cuando un sistema educativo descabellado e insensato abruma al colectivo de educadores, las fuerzas empiezan a flaquear, el desánimo aprieta más que nunca y el cansancio se hace patente más allá de lo esperable. Si en cualquier época el descanso del educador tenía unas exigencias naturales (que nos diga Teodosio cómo se lo explicaba a sus hijos y el respeto que como emperador pedía para el maestro), en el momento actual con más razones. Quien quiera saber de qué va el asunto que se informe bien y quien desee el inmenso descanso del maestro que haga una incursión en este terreno, que se lo cuente a sus hijos y amigos y que todos juntos engrosen las filas de esta profesión privilegiada. Es evidente que profesionales buenos y malos los hay en todos los cuerpos y trabajos, pero escogiendo los buenos por defecto, debemos desearles lo mejor para sus personas y para su labor. A los dedicados a la enseñanza les deseo que estas vacaciones lubriquen bien sus neuronas, que ejerciten lo físico y lo psíquico y que pidan a Dios y al destino, porque no ha de venirles de otra parte, unas dosis infinitas de paciencia y de saber hacer que les permita nadar y guardar la ropa en esta vorágine descontrolada y falta de buen sentido. Al fin de cuentas, y con sentido misional, lo importante es dar sin esperar demasiada recompensa. (Cuánto se ha manoseado esta idea, manipulando y exprimiendo el buen hacer de educadores y enseñantes). En fin, reitero mis mejores deseos y unas muy felices vacaciones para todos los profesionales de la enseñanza.
Comentario:
Aparte de aquella que consiste en apagar el cigarrito en el cenicero (que tendría mucho que discutir), a ver si a alguien se le ocurre que hay otras heroicidades. Ésta que señalas es evidente: luchar por un ideal abstracto, cuando las condiciones concretas impuestas desde arriba son tan tontucias, analfabetas, interesadas, mal intencionadas y flagrantes como las que soportamos en el mundo de la enseñanza. Javier Orrico nos habla de la enseñanza destruida, y Salvador García Jiménez nos noveló el infierno de la ESO. Es bueno señalar a quienes arden a gusto en esas llamas, pero quizá sea más justo todavía señalar a quienes han diseñado las llamas.





